martes, 26 de junio de 2012

Oliver Stone y Michael Moore piden a Correa de asilo a Assange

Publicado el junio 26, 2012, Autor Seti.
El fundador de WikiLeaks pidió refugio político en Ecuador Julian Assange está perseguido a nivel mundial por el gobierno norteamericano. En este momento está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. Michael Moore y Oliver Stone pidieron a Correa que lo asile.
EMILIO MARÍN
El personaje es un ex hacker y devenido periodista de fama mundial entre 2006 y 2010, cuando su sitio en Internet –WikiLeaks- se convirtió en la pesadilla de gobiernos poderosos del mundo, especialmente el norteamericano. Julian Assange es australiano, de 40 años de edad.
En noviembre de 2010 dio su golpe más espectacular, al develar en cadena con diarios de varios países unos 250.000 cables secretos intercambiados por el Departamento de Estado y las embajadas de Estados Unidos alrededor del mundo. Unos 70.000 cables procedían del Pentágono y tenían que ver con crímenes y torturas cometidas en Irak y Afganistán.

La embajada estadounidense en Buenos Aires no quedó a salvo del destape. Se supo que la secretaria de Estado Hillary Clinton preguntaba a la diplomática Vilma S. Martínez qué medicación tomaba la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y cuáles eran los motivos de los presuntos ataques de ira de Néstor Kirchner. Tanto o más significativo, los cables informaban reuniones de ministros K con la e
mbajadora o con sus consejeros, y sus confesiones de que tenían los mejores sentimientos a favor de EE UU. Competían por el podio en esa amistad el ministro de Economía, Amado Boudou; el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y los gobernadores de Buenos Aires, Daniel Scioli; de Chaco, Jorge Capitanich y de Salta, Juan M. Urtubey.
Lo más grave del material, con todo, no surgía de Argentina sino de los lejanos campos de batalla en Bagdad y Kabul. Se confirmaron así las brutales torturas en las cárceles oficiales y secretas en esos dos teatros de operaciones, así como los asesinatos de 12 civiles iraquíes ametrallados desde helicópteros militares (incluyendo periodistas). El material documentó 20.000 asesinatos en el país de los talibanes.
Los gobiernos latinoamericanos más radicalizados eran objeto de operaciones del espionaje y la diplomacia estadounidense, que son dos brazos de un mismo organismo. Por ejemplo, la embajadora en Ecuador, Heather Hodges, se reunía con grandes empresarios, ex presidentes y dueños de medios de comunicación, para pergeñar planes para desestabilizar al presidente Rafael Correa. Y no conforme con su intromisión en los asuntos internos del país sudamericano, Hodges digitaba la actividad de cúpulas de la policía local y acusaba de “corrupción” al gobierno, según los cables de WikiLeaks.
En base a esas pruebas, en abril de 2011 la embajadora fue declarada
persona no grata y expulsada de Quito. La relación bilateral entró en una pendiente. Otros mandatarios antiimperialistas como Hugo Chávez y Evo Morales también estaban muy molestos por ser blancos de espionaje y la diplomacia de Washington y llegaron en la primera semana de diciembre de 2010 a Mar del Plata a una Cumbre de UNASUR, previa a la XX Cumbre Iberoamericana, con la intención de denunciar esos manejos.
La superpotencia fue salvada por la anfitriona, Cristina Fernández, quien frenó esa corriente de repudio para no malquistarse con la administración Obama.
Imperio y socios
Las revelaciones del australiano motivaron que las autoridades norteamericanas lo pusieran casi al nivel de Osama Bin Laden, como enemigo público número 1 del país. La pesquisa del Pentágono y la CIA, en vez de autocriticar los crímenes cometidos en los citados frentes de guerra y la injerencia en países soberanos, quisieron castigar al mensajero.
Dijeron que esas publicaciones habían sido un ataque a la seguridad norteamericana, un delito criminal que algunos especialistas calcularon podía castigarse con una pena de 35 años de cárcel. Otros deslizaron que podía caber la pena capital.
El límite que tenía la Casa Blanca es que su defenestrado enemigo periodístico moraba en el Reino Unido, con una legislación y justicia que se preciaban propias. Comenzó entonces una lenta e inexorable planificación para llevarlo ante tribunales sensibles al Pentágono y, consecuentemente a la cárcel.
Como toda potencia capitalista que se precie, la norteamericana comenzó su obra por lo que mejor sabe: bloquear las fuentes de financiamiento de WikiLeaks. En pocos meses ésta había sido privada de emplear a Visa, Mastercard y PayPal que antes recibían los aportes y donaciones alrededor del mundo. La empresa es pequeña y necesitaba de 3.5 millones de dólares entre 2011 y 2013, pero aquellas tarjetas y empresas no tomaron ni un dólar para Assange.
El imperio detuvo al joven soldado Bradley Manning, del contingente estadounidense en Kuwait, acusándolo de haber facilitado material confidencial a WikiLeaks. Manning está todavía preso en una cárcel en EE UU y -como otros posibles contactos- ha sido presionado, hasta quizás torturado física o psicológicamente, para que acuse al creador de W.
Por otro lado, para burlar la protección legal que el australiano tenía en Londres, se armó una causa con dos mujeres que viven en Suecia. Estas lo acusaron de violencia sexual y violación, en base a lo cual la justicia nórdica pidió al Reino Unido la extradición.
El periodista dijo que había tenido sexo consentido con aquellas mujeres y denunció que el proceso en su contra procuraba sacarlo de Londres para que, una vez en Suecia, entregarlo a la justicia
norteamericana, que solicitaría a su turno su remisión.
Assange fue detenido en diciembre de 2010 en la capital británica y liberado poco después, cuando se le concedió el arresto domiciliario.
El Tribunal Superior británico falló a favor de extraditarlo a Suecia, según informó el 30 de mayo su titular Nicolas Phillips. La defensa del acusado sólo logró detener algo más de un año esa adversa
resolución. A la víctima se le agotaron los recursos legales y, perdida por perdida, se refugió en la embajada de Ecuador en el elegante barrio de Knightsbridge, Londres.
Que le den el asilo
En este último tiempo, Assange gastó su tiempo y se ganó unos dólares ejerciendo la profesión como reportero de la cadena rusa “Rusia Today” (RT). Por ese medio siguió enemistándose con EE UU porque el primero de sus entrevistados fue Hassan Nasrala, el jefe máximo de la organización política antisionista Hizbullah, que también tiene fuertes milicias en El Líbano.
Eso ocurrió en abril pasado, en el programa “El mundo de Mañana”, que continuó el mismo mes con un reportaje por video conferencia con el ecuatoriano Correa. En un momento de la entrevista, el mandatario le dice a su entrevistador “Bienvenido al mundo de los perseguidos”, mostrando simpatía con su causa.
Por diferentes razones, donde sobresale la persecución en común que los dos personajes sufren a manos del imperio norteamericano, surgió una empatía entre ambos.
Esa cuestión personal, más el trasfondo político aludido por Correa, puede explicar que el perseguido periodista fue la semana pasada hasta la embajada ecuatoriana en Londres y pidió asilo político.
Esa solicitud, que aún está bajo estudio, vino de hecho a desmentir las acusaciones de la prensa oligárquica ecuatoriana y la SIP, para quienes el gobierno de Ecuador sería una verdadera “dictadura”. Si el australiano quiere vivir allí quiere decir que es un buen lugar para los periodistas. “(Assange) Dice claramente que le gustaría seguir con su misión de libertad de expresión sin límites, en un territorio de paz comprometido con la justicia y la verdad como es el Ecuador”, explicó el presidente que mora en el Palacio de Carondelet de Quito.
El diario ecuatoriano El Telégrafo informó que en el curso de esta semana el gobierno tomará una decisión sobre el pedido de asilo de Assange. Para ello Correa llamó en consultas a su embajadora en
Londres, Ana Albán. Según el presidente, pesará en su decisión final el análisis de dos cuestiones: hasta qué punto la defensa del acusado ha tenido garantías legales en Londres y las tendrá en Suecia; y las posibilidades de que corra serio peligro su vida.
En Inglaterra hay mucha bronca contra el refugiado porque cortó o violó el arresto domiciliario para ir a esa embajada. Algunas publicaciones dicen que el lugar está rodeado de efectivos policiales listos para echarle el guante, en cuanto salga a la calle o tome un auto para intentar llegar al aeropuerto londinense de Heathrow.
En ese marco, Correa anteayer recibió una misiva firmada por intelectuales y artistas norteamericanos pidiendo que acepte el asilo.
Los cineastas Michael Moore, Danny Glover, Oliver Stone y Naomi Wolf son parte de las decenas de firmantes y entre las razones de su solicitud dicen que a Assange lo enjuiciarían al final en EE UU por la “ley del espionaje” con durísimas penas, previo asegurarse el gobierno que algunos miembros de WikiLeaks fueran presionados por las agencias de inteligencia para testimoniar en su contra.
¿Se animará Correa a otorgarle asilo político y desafiar más al imperio?

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