Irán enfrenta un triple enemigo
La
campaña de EE.UU. contra Irán se debe a que este país es un obstáculo
para el dominio y la hegemonía en Oriente Medio de Washington y su eje
sionista-wahabi.
La República Islámica de Irán representa una
espina clavada en los pretendidos objetivos de dominio y hegemonía
política, económica y militar de Oriente Medio, implementada por el
régimen estadounidense, con apoyo del sionismo israelí y el wahabismo
saudí. Una triada enemiga que no conseguirá doblegar a la nación persa.
No es casual que los sectores más beligerantes del gobierno
estadounidense – representados principalmente por el secretario de
estado Mike Pompeo y el ultrabelicista asesor de seguridad nacional John
Bolton, vinculados estrechamente al complejo militar industrial -
lancen sus mayores ataques contra Irán, utilizando para ello la
asistencia de grupos terroristas que operan en la región. Organizados,
armados y financiados por servicios de inteligencia de los propios
Estados Unidos junto al Mossad israelí y el Servicio de Inteligencia
saudí, (General Intelligence Directorate también conocido como
Istakhbarat ) junto al apoyo financiero de las monarquias ribereñas del
Golfo Pérsico. Una decisión, que paradojalmente fue denunciada por el propio mandatario estadounidense Donald Trump,
en su época de campaña presidencial, el año 2016, al sostener, que en
la lucha contra el terrorismo de Daesh, esta organización “rinde
pleitesía al presidente Obama quien es el fundador de ISIS (Estado
Islámico de Irak y el Levante por sus siglas en inglés) y diría que la
tramposa Hillary Clinton es la cofundadora”.
La imputación, dada a conocer en plena campaña por la presidencia, en
un mitin en Fort Lauderdale en Florida en agosto del año 2016 se
complementa con las acciones denunciadas, a través de la filtración de
miles de correos electrónicos a través de WikiLeaks (organización
mediática internacional creada por el actualmente detenido Julian
Assange) donde se señaló que la política de la Administración de Obama,
de apoyar a los grupos salafistas contra el presidente sirio Bashar Asad
provocó que Washington, acabara consolidando la idea y práctica del
“califato” de Daesh en Siria, en el marco de la agresión contra ese país
levantino desde marzo del año 2011 a la fecha.
En un informe de inteligencia del año 2012 dado a conocer por el medio ruso Sputnik se
explica que la oposición anti-Asad fue encabezada por Al-Qaeda en Irak y
el Estado Islámico de Irak, que un poco más tarde formarían la red
terrorista Daesh, que servirían para llevar adelante una conducta
político-militar que hunde sus raíces en la estrategia formulada en su
oportunidad por ex subsecretario de defensa bajo el gobierno de George
W. Bush, ex presidente del Banco Mundial (del cual tuvo que renunciar
por acusaciones de corrupción) Paul Wolfowitz. Estrategia denominada
bajo la denominación de “Caos Premeditado” cuyo propósito era sostener
por la fuerza un mundo unipolar, liderado por Washington, de tal manera
que se gestara como línea central el impedir el surgimiento de potencias
rivales.
En ese marco, en Oriente Medio, se concretó una ruta de acción
destinada a fragmentar países como Irak, Siria, amenazar a El Líbano,
continuar la ocupación de Palestina. Todo ello, con el objetivo
superior: de generar un proceso de desestabilización de la nación persa,
que perturbe su influencia regional y al mismo tiempo, impedir el
avance hacia occidente de la Federación Rusa. Wolfowitz es el instigador
también de conceptos tales como “Eje del mal” y “Guerra preventiva” las
cuales hay que leerlas como creaciones ideológicas, para justificar
cientos de miles de asesinatos por parte del ejército estadounidense y
sus aliados en sus guerras de agresión e intervenciones.
El propio ideólogo neoconservador declaró respecto a esta estrategia,
de capa caída frente a la aparición de otros expedientes bélicos: como
la de Guerra Híbrida, el Leading from behind, pero aún peligrosa, en
materia de sostener una agónica supremacía mundial estadounidense.
“Nuestro primer objetivo, afirma Wolfowitz, es prevenir el resurgimiento
de un nuevo rival que represente una amenaza parecida a la planteada
anteriormente por la Unión Soviética, tanto en el territorio de lo que
fue ese país como en cualquier otro lugar. Esta es la base de nuestra
nueva estrategia de defensa regional y requiere esfuerzo nuestro para
evitar que una potencia hostil domine una región cuyos recursos, bajo un
control consolidado, serán suficientes para generar energía global”
Refiriéndose claramente al Levante Mediterráneo y para mayor claridad,
cuando habla de ese “poder hostil” se refiere a países con una política
independiente haciendo referencia explícita a Rusia, China y la
República Islámica de Irán.
Para Paul Craig Roberts ex secretario adjunto del Tesoro de los EE. UU.
bajo el gobierno de Ronald Reagan y editor asociado del Wall Street
Journal lo declarado, precedentemente, se convirtió en el manifiesto del
imperialismo estadounidense y el establecimiento ya tradicional de la
política exterior de este país. Para Robertson “Suavizar el lenguaje
bélico que se tenía previó a la puesta en práctica de la estrategia de
Wolfowitz, permitió a los neoconservadores elevar el nivel de la
dominación política exterior. Los neoconservadores son responsables de
los ataques del régimen de Clinton contra Yugoslavia y Serbia. Los
neoconservadores, especialmente Paul Wolfowitz, son responsables de la
invasión del régimen de George W. Bush a Irak. Los neoconservadores son
responsables por el derrocamiento y asesinato de Gaddafi en Libia, el
asalto a Siria, la propaganda contra Irán, los ataques con aviones no
tripulados en Paquistán y Yemen, las revoluciones de color en antiguas
repúblicas soviéticas, el golpe de Estado en Ucrania, y la demonización
de Vladimir Putin” Escenario, que tiene hoy, como país destinatario de
las agresiones formuladas por Estados Unidos y sus socios sionistas y
wahabitas a la República Islámica de Irán; en una triada decidida
derrocar el gobierno de la nación persa usando todos los medios
disponibles para ello.
En lo relativo a las acciones desestabilizadoras contra Irán se suma
una ilegal política de sanciones, bloqueos y embargo basado en
argumentos falsos, responsabilizando a Ia nación persa del
incumplimiento de los puntos acordados en el llamado Plan Integral de
Acción Conjunta (JCPOA por sus siglas en inglés) firmado por el G5+1 e
Irán. Acuerdo del cual Estados Unidos se retiró unilateralmente, a
contrapelo de las propias opiniones de sus aliados europeos y la
constatación del pleno cumplimiento de Irán de cada uno de los puntos
establecidos en el JCPOA. Incluso por la Agencia Internacional de
Energía Atómica (AIEA) que constató el pleno apego de Teherán a lo
pactado en materia de enriquecimiento de Uranio, tratamiento y destino
del agua pesada, el número de centrifugas en operaciones y la inspección
a cabalidad de las instalaciones nucleares iraníes.
Irán, a pesar de cumplir lo acordado en el JCPOA, está sometida a la
más cruenta campaña de desestabilización que se lleva contra país
alguno. Agresiones terroristas, política de sanciones que violan las
leyes internacionales. Chantaje a aquellos países que desean continuar
sus relaciones comerciales con la nación persa, incluso países aliados
de Estados Unidos como son Corea del Sur, Francia, Alemania, Japón entre
otros, a quienes se les amenaza permanentemente, impidiéndoles acceder
al mercado iraní. Atentados de falsa bandera con el fin de culpabilizar a
Irán, como fue el ataque a dos buques tanques en las cercanías del
estrecho de Ormuz, en momentos que el primer ministro de Japón, Shinzo
Abe se reunía con Sayyed Ali Jamenei en Teherán el día 13 de junio
pasado. Una provocación burda que generó amplia reprobación a las
acusaciones lanzadas por Washington contra Irán. Se suman labores de
vigilancia y espionaje, que obligó al sistema de defensa de misiles de
Irán a derribar un dron RQ4 Global Hawk – cuyo costo supera los 240
millones de dólares – y que mostró el real poderío defensivo de las
fuerzas armadas de la nación persa.
En esta labor de agresiones contra Irán, el gobierno de Donald Trump
ha contado con el apoyo del régimen sionista y de la Casa al Saud –
regímenes al cual se ha sumado con creciente entusiasmo los Emiratos
Árabes Unidos - que temen la consolidación del poder de Irán,
visualizado hoy en el desarrollo del Eje de la Resistencia, que conforma
una línea de lucha que va desde la frontera occidental de Irán hasta el
Mediterráneo, que ha generado el terror del régimen ocupante israelí,
que tiene en las fronteras de la palestina Histórica a miles de
efectivos, como también en las cercanías de los Altos del Golán ocupado a
Siria y que han cambiado la correlación de fuerzas en la zona. Misma
situación visualizada en Yemen y su lucha contra la agresión saudí y que
ha significado asestarle duros golpes al Ejército Wahabita y a los
mercenarios que operan bajo el pago de la Monarquía saudí.
Irán, en este ámbito de agresiones permanentes vividas bajo el asedio
de la triada conformada por el imperialismo, el sionismo y el
wahabismo, ha logrado establecer sus líneas rojas, signadas con fuerza y
decisión. Ejemplo más que claro para servir de ejemplo a aquellos
países, sometidos a intensas presiones. Irán ha dejado establecido que
no aceptará violaciones a su soberanía, que no está dispuesta a sentarse
pasivamente a ver como se desestabiliza su país. Ha salido a la cancha,
ha entrado de lleno en el ruedo de la diplomacia internacional,
defendiendo sus posiciones en todos los foros que impliquen denunciar la
política hostil de la triada, fortaleciendo su industria de armas,
diversificando su mercado y haciendo caso omiso de las amenazas
estadounidenses, que ha tenido que constatar que existen sociedades
dispuestas a dar dura lucha por su soberanía.
Resulta, en este plano, evidente en grado sumo que la política
antiraní de Estados Unidos está destinada al fracaso, no sólo por la
fortaleza, dignidad y soberanía exhibida por Irán sino porque resulta
evidente que los cantos de sirena del gobierno estadounidense para
sentarse a negociar son simple propaganda. No es posible negociar con
alguien cuando está sancionando y generando agresiones en todo ámbito.
Washington, al imponer más sanciones contra Irán está intensificando sus
esfuerzos de desestabilización en la República Islámica. Hay un
escenario de presiones por parte de Washington, porque no le interesa el
cumplimiento del Plan Integral de Acción Conjunta. Washington está
decidido a hacer fracasar este Plan de todas las maneras que pueda
hacerlo, sea por lo militar, económico y lo diplomático. Así viole los
derechos humanos de la población iraní, sometida a sanciones en materias
alimenticias, bienes humanitarios y acceso a tecnología.
A pesar de las presiones del gobierno estadounidense, lo timorato del
actuar de los países europeos firmantes del acuerdo nuclear (Francia,
Gran Bretaña y Alemania) Irán insiste en que va a cumplir el JCPOA
ciñéndose a lo que el propio Acuerdo Nuclear señala, cuando algún
firmante no cumple lo establecido, según lo signado en los artículos N.º
26 y N.º 36. Irán, bajo esta premisa, está en pleno derecho de
liberarse de los compromisos asumidos en el acuerdo nuclear, ejerciendo
legítima presión a los firmantes europeos, que desean ver consolidado el
acuerdo de tal forma de seguir teniendo acceso a los recursos
hidrocarburiferos iraníes y acceso a un enorme mercado en materia
demográfica y de enorme proyección en Oriente Medio y Asia Central. Para
ello, Europa debe dar un salto cualitativo en materia de soberanía
frente al chantaje estadounidense.
Por su parte, la propaganda sionista ha salido al campo de batalla
comunicacional para tratar de manipular y desinformar respecto a la
decisión de Teherán, consignado que la nación persa camina hacia el
enriquecimiento de uranio en contravención la JCPOA y podría con ello
avanzar hacia la construcción de armas nucleares. La mentira siempre se
pone en contra de quien la inventa y la hasbara sionista, la
manipulación del imperialismo y a la subordinación indigna de la casa al
saud no pueden contrarrestar la verdad histórica que muestra con
evidencia incontrarrestable que irán ha sido un fiel firmante de
acuerdos donde está empeñada la palabra de los países. Rusia, en este
plano defiende el derecho de Irán a reducir varios de sus compromisos
respecto al acuerdo nuclear tras la retirada unilateral de EE.UU. del
mismo.
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, ha precisado en variadas
oportunidades que “el acuerdo nuclear contiene disposiciones claras que
implican que Irán asumió los compromisos voluntariamente y podría
suspenderlos si otros signatarios del pacto no cumplen con su parte”.
Además Moscú dio a conocer su opinión respecto a que “la medida
adoptada por Irán de superar el nivel de 300 kilogramos de reservas de
uranio se debe a las sanciones de Estados Unidos” con relación a lo
señalado por el canciller iraní Mohamad Yavad Zarif,
quien afirmó que “la República Islámica ha superado el límite de 300
kilogramos de uranio con poco enriquecimiento”, en respuesta a la salida
de EE.UU. del acuerdo nuclear.
Teherán ha mostrado su responsabilidad internacional a la hora de
esperar la acción de Europa para salvar el JCPOA y cumplir sus
compromisos. Los firmantes europeos del acuerdo quieren normalizar sus
relaciones con Irán, pero al mismo tiempo, ceden al chantaje de EE. UU.
Tienen que decidirse. Irán ha dicho con claridad que no puede esperar
más y ha dado 60 días para que estos países implementen las medidas
acordadas en julio del año 2015. Washington y sus herramientas
regionales: Israel y Arabia saudí intentan, por todos los medios, que
esos compromisos europeos no se cumplan pues saben que un Irán potente,
libre de exportar sus riquezas energéticas, de fortalecer su economía,
abrir su mercado y que se abran los mercados de Europa para su
diversidad productiva, lo convierten en un enemigo formidable, un
ejemplo para el resto de los países de Oriente Medio y sus sociedades
que han vivido bajo la amenaza permanente de la triada entre
Washington-Tel Aviv y Riad, que sólo ha traído desolación, y muerte.
La Monarquía Wahabita, junto al régimen sionista han señalado en
todos los tonos que Estados Unidos debe mantener su política de “máxima
presión” contra Irán. Ambos regímenes le temen a la nación persa, saben
que más temprano que tarde la monarquía totalitaria de la casa al saud y
la etnocracia sionista dejarán de existir, no sólo por sus
contradicciones internas, sino también por la lucha y el alzamiento de
los pueblos que han estado sujetos al dominio, la ocupación y la
política criminal de estas entidades aliadas del imperialismo
estadounidense. Desde el seno de los servicios de inteligencia
estadounidense se lanzan voces de alerta “Tanto Arabia Saudí como Israel
saben que no pueden vencer a Irán
y a sus aliados sin la participación activa de Estados Unidos. Ambos
regímenes, quieren arrastrar a EE. UU. a una guerra incontenible.
Pero no sólo desde el interior de agencias vinculadas a la
inteligencia estadounidense se lanzan estas advertencias. El pasado mes
de mayo, en una entrevista concedida a la cadena ultraconservadora de televisión Fox News, Douglas McGregor
– señalado como el posible sucesor de John Bolton el asesor de
seguridad nacional de Trump - indicó que “Arabia Saudí, Emiratos Árabes
Unidos e Israel intentan arrastrar a EE.UU. a un conflicto con Irán,en
el oeste de Asia, por por el bien de sus objetivos. Irán no nos amenaza
en absoluto. (…) Por un lado, tenemos a Arabia Saudí, los Emiratos en
el Golfo (Pérsico), que están tratando de arrastrarnos al conflicto
aumentando la tensión. (…) En realidad, les gustaría meternos en
un conflicto con Irán. Obviamente, los israelíes apreciarían eso
también”, indicó Mc Gregor para quien la administración de gobierno
estadounidense está plagada de “intervencionistas vinculados con ciertos
países árabes e Israel, así que las autoridades estadounidenses van a
hacer todo lo posible para abogar por un conflicto pese a que un
enfrentamiento no esté en línea de los intereses de nuestro país”.
Los sectores neoconservadores de Estados Unidos, los halcones de la
Casa Blanca, los intereses económicos y militares del complejo militar
industrial, el lobby sionista, las monarquías reaccionarias del Golfo
Pérsico y todo aquel con ínfulas hegemónicas, se han lanzado a la tarea
de crear una serie de amenazas, que les permita iniciar pequeñas
acciones, escaramuzas que parezcan ser acciones defensivas o no
controvertidas en el lenguaje sibilino de los organismos de inteligencia
a fin de atraer a Washington en una decisión de ataque a Irán. Ataques
de bandera falsa, desinformación y manipulación respecto al acuerdo
nuclear y su violación por parte de Washington, asignando hoy la
responsabilidad a Irán de reservarse el cumplimiento de los compromisos
asumidos contemplados en el propio Plan Integral de Acción Conjunta. La
campaña de difamación contra Irán ha comenzado y requiere dura batalla
frente a una maquinaria comunicacional manejada internacionalmente por
los poderes económicos del sionismo.
Efectivamente, en este trabajo cumplen un papel principal los lobbies
sionistas que operan tanto en Estados Unidos como Londres y Paris, como
también la alianza tejida entre Tel Aviv y Riad, que a pesar de sus
diferencias ven en la República Islámica de Irán un enemigo al cual
deben combatir en función de la sobrevivencia de un sionismo y un
wahabismo que tienen sus días contados. Esto, a la luz de los cambios
geopolíticos en Oriente Medio, el surgimiento de potencias rivales a la
hegemonía estadounidense, la resistencia palestina, siria, libanesa,
iraquí y yemení. Un Eje de la resistencia que tiene en su mira la
recuperación de todo aquello que ha sido usurpado por el sionismo y el
despertar de una conciencia donde los conceptos de soberanía y dignidad
se imponen sobre los de sometimiento y deshonra. Irán enfrenta hoy a un
triple enemigo y en este desafío requiere del apoyo de una humanidad que
debe destruir las cadenas que nos atan.
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