miércoles, 27 de febrero de 2013

Itacate

Honorable ama de casa
Marco Buenrostro y Cristina Barros

Los cambios en los productos que se utilizaron en el hogar mexicano, se acentuaron inmediatamente después del periodo revolucionario. En 1918 el cocinero español Alejandro Pardo, quien influyó en el sector femenino de la clase media urbana, publicó la tercera edición de Los treinta menús del mes.
En una de las primeras páginas, la ferretería El Fénix anunciaba “toda clase de artículos para el hogar”, entre otras cosas “completo surtido de baterías de cocina y para comedor”. Asegura que dejará complacida a la señora de la casa. Además, el propio Pardo ofrece a la venta un horno de su invención.
Con ese último anuncio, Pardo se convierte en el antecedente de los muchos que aparecerán en las decenas de recetarios de Josefina Velázquez de León, quien aprovechará este vehículo para ofrecer los moldes, adornos para pastel, ingredientes y otras muchas mercancías que estaban a la venta en su propia academia.
Así se muestra cómo los recetarios de cocina empezaron a ser un vehículo para la publicidad de bienes domésticos y de ingredientes industrializados para la cocina. El breve recetario Para el menú: nuevas recetas de cocina, editado en 1935 por R. Suárez y hermano en Tampico, Tamaulipas, pudo salir a la luz seguramente gracias a los anuncios ahí publicados.
Su contenido y la imagen dan idea de la nueva orientación. Palabras como modernidad (que sigue de “moda”) son constantes. El uso de la cocina de petróleo Nesco aseguraba para el hogar “las conveniencias modernas”. Se consideraba “insuperable para guisar, freír o cocer comestibles, hornear, tostar pan… todo con prontitud y limpieza”; otro aspecto importante a destacar era la economía.
A esta cocina de petróleo que es una de los primeras, sigue otra más actualizada que se anuncia en uno de los recetarios de Josefina Velázquez de León. El mueble de esta cocina de tractolina o petróleo marca Kerogas es muy cercano a los que veremos por décadas. Ahí mismo aparecen las estufas marca L y H de gas embotellado. En el anuncio, dirigido a la “muy honorable ama de casa”, se ven dos tanques de gas similares a los que hoy conocemos.
En la mayoría de los casos podemos ver junto al objeto anunciado a una mujer delgada, de pelo corto, bien arreglada y sonriente, con un delantal que enfatiza la idea de trabajo, aunque éste se realice en el hogar.
El propósito era convertir a la mujer en consumidora; ella tomaría las decisiones de qué, cómo y dónde comprar. En la década de los 50 se mantendrá la estrategia, pero además habrá anuncios dirigidos a las mujeres que en mayor número trabajarán fuera del hogar.


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