domingo, 28 de diciembre de 2014

A 15 meses de que una mujer presentó su denuncia, no se ha iniciado proceso penal
A los militares que me violaron nadie los quiere enjuiciar; se declaran incompetentes
En México la impunidad está desbordada: presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo
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Cuartel militar Macario Zamora, ubicado en Nuevo Laredo, TamaulipasFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 28 de diciembre de 2014, p. 6
Laura lleva esperando 15 meses que la autoridad judicial inicie un proceso penal contra dos militares que la violaron en las instalaciones del cuartel Macario Zamora de Nuevo Laredo, Tamaulipas.
El titular de la segunda agencia investigadora del Ministerio Público Federal, Jorge Hernán Díaz López, se declaró incompetente para investigar la denuncia de hechos presentada ante la Procuraduría General de la República (PGR) dentro de la averiguación número AP/PGR/TAMPS/NL-II/2882/2014 por privación ilegal de la libertad, violación, lesiones, abuso de autoridad, delitos cometidos contra servidores públicos, tentativa de homicidio, robo y amenazas.
Durante cuatros meses el agente del Ministerio Público Federal dio largas al asunto y al final simplemente dijo a la víctima que no puede enjuiciar a los presuntos agresores porque gozan de fuero militar.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos abrió el expediente de queja número 2/3447/2014/Q, pero lleva más de tres meses decidiendo si designa una visitadora femenina para atender el caso y dar seguimiento a la víctima, que sigue esperando el apoyo sicológico y la atención especializada para inspeccionar el cuartel militar donde ocurrió la agresión.
Los protegen porque son militares. Es fecha que no los citan a declarar; ni siquiera los han molestado. No se vale. No tienen perdón de Dios, se supone que ellos son militares para cuidarnos y protegernos, no para cometer delitos. No es justo que la gente piense que son buenos y leales, cuando son de lo peor y pueden seguir violando mujeres, dice Laura, nombre que utiliza para proteger su identidad.
Angustiada, con severas secuelas por la violación, dice que la cicatriz a consecuencia de los golpes que sufrió no se compara con las huellas emocionales y sicológicas que padece: Me siento muy impotente. Ellos andan tan campantes, como si nada. No se me hace justo. Lo que quiero es que los metan a la cárcel, porque no nada más a mi me han hecho daño, pero nadie los quiere enjuiciar. Todos se declaran incompetentes.
La víctima ha tocado todas las puertas, según cuenta Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, que lleva su defensa: “La víctima anda mendigando justicia; la Procuraduría General de la República (PGR) mandó el asunto a la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, y ésta a su vez lo devolvió a la PGR, que lo envió a una fiscalía especial en el Distrito Federal, la cual lo regresó a Reynosa, donde actualmente están ‘determinando’ quién va a atenderlo. En México la impunidad está desbordada”.
Dentro del cuartel
Laura entabló amistad con el militar Ángel de Jesús Castillejos, quien a su vez la recomendó con sus compañeros José Roberto Acosta Vargas y Édgar Díaz Frías, para asistir a un espectáculo musical. Son militares, son gente buena que se dedica a proteger a los ciudadanos, no desconfíes. Jamás te harían daño, le dijo su amigo.
Luego del acto musical, Acosta Vargas y Díaz Frías se ofrecieron a llevarla a su casa. José Roberto conducía el coche, ella iba en el asiento del copiloto y Édgar atrás. “En el trayecto Édgar me insistía que si podíamos ir a otro lugar a seguirla, pero yo le respondí que no, que me llevaran a mi casa porque me tenía que despertar temprano para ir a trabajar y necesitaba dormir... hasta ese momento todo parecía normal”.
Cuando observó que el conductor se desviaba del camino a su casa, solicitó que le permitieran bajar del vehículo: Édgar me sujetaba del cuello con uno de sus brazos y me presionaba hacia el respaldo del asiento, entonces intenté abrir la puerta, pero tenía seguro.
Los militares, la llevaban al cuartel Macario Zamora y antes de llegar al puesto de revisión la sometieron en el piso del coche y Édgar le advirtió: Más vale que te quedes callada o te va a cargar la verga. En el portón de acceso bajaron el vidrio, se identificaron con un militar de guardia diciendo: teniente Roberto y teniente Édgar, y les permitieron entrar.
Ambos la bajaron del coche y la llevaron a empujones a una habitación: “Me encontraba en shock emocional y llorando, con miedo de que fueran a matarme. Cuando traté de salirme para pedir auxilio me di cuenta que habían cerrado con llave”.
Édgar la amenazó: Más vale que te quedes callada, pinche puta, o voy a matar a tus papás y a toda tu familia; te vieron la cara de pendeja.
Laura prosigue el relato: “Jalándome de los cabellos muy fuerte, Édgar me sujetaba de los brazos y Roberto se subió a mi cuerpo, me penetró muy fuerte, luego Édgar también me violó y me dijo: ‘Esto te pasa porque eres una pinche ofrecida’”.
Laura llora unos minutos y continúa: Yo les pedía que no me lastimaran más, que ya no me hicieran daño, les preguntaba qué les había hecho para que me trataran así, para que me hicieran eso. Ellos sólo se burlaban.
Los golpes en el estómago y otras partes del cuerpo la debilitaron aún más. Édgar le advirtió: Si no quieres que a tu familia se la cargue la verga, quiero que finjas tener sexo con nosotros; si haces algo malo te voy a matar; si nos muerdes los penes te voy a matar.
Luego, el militar la grabó con el celular, mientras abusaban sexualmente de ella: Me sentí la peor mujer, asquerosa, triste, humillada... me preguntaba cómo me podían estar haciendo eso si se supone que ellos deben cuidar a los ciudadanos.
Antes de salir del cuartel militar, Édgar le advirtió que no denunciara, aunque riéndose a carcajadas le dijo: Sería un honor, un orgullo que me denunciaras por violación, aunque nadie te va a creer.
Luego de patearla y golpearla en diferentes partes del cuerpo, Laura fue subida al auto y sacada del cuartel en el mismo vehículo. Roberto le advirtió mientras conducía: Te voy a matar a ti y a toda tu familia; ya sé dónde vives, en dónde trabajas y sé a qué se dedica toda tu familia. Hija de tu puta madre, eres una zorra, ya quedaste quemada. Después fue lanzada debajo de un puente.
Sin acceso a la justicia
Laura ha denunciado a sus agresores ante todas las instancias, sin resultados. El delito cometido en un cuartel militar fue considerado del fuero federal y denunciado ante la PGR.
Presentamos los nombres y fotografías de los agresores militares, también testigos de los hechos, pero el Ministerio Público Federal lo único que hizo fue solicitar al Ejército que confirmara si esas personas laboran allí, y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), como siempre, se negó a dar información. Deberían de poner todo el aparato de procuración de justicia en favor de la víctima, pero lamentablemente lo están poniendo en favor de los agresores porque son militares, comenta el presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo.
Añade: Queremos que detengan a los agresores. Es una pandilla de criminales. Hay una cínica asociación delictuosa entre militares, agentes del Ministerio Público, la PGR y funcionarios del gobierno de Tamaulipas y de la República. Todos los esfuerzos para crear mecanismos, protocolos y leyes son solamente papel desechable. Así de fácil.
Para este defensor de derechos humanos, el delito es muy grave porque sucedió dentro de un cuartel militar: Implica la interacción de cómplices, guardias que permitieron el ingreso de un vehículo particular con una víctima en el interior. Los altos mandos militares en Nuevo Laredo que tuvieron conocimiento no actuaron de inmediato deteniendo a los responsables para una investigación. Ambos pertenecen a la Sedena, pero en cualquier momento pueden darse de baja y escapar y nunca los vamos a encontrar. Corremos el riesgo de que tomen alguna venganza contra la víctima para terminar con su vida. Eso es lo más grave, agrega Ramos.
Explica que cuando Enrique Peña Nieto habla de las víctimas lo hace sin ponerles rostro. Cuando demostramos que aquí están las víctimas con denuncias documentadas, simplemente la justicia no llega, las víctimas caen en una burocracia enorme y cínica, porque aparte los funcionarios responsables de las investigaciones actúan con cinismo, burlándose de las víctimas.
Deprimida, sin atención sicológica y con graves problemas emocionales, Laura continúa su periplo por el laberinto burocrático: Culpo directamente a la PGR de no querer actuar, de poner trabas y no darle seguimiento. Por más que les he dado pruebas, fotos y documentos, no han hecho nada. La justicia es muy lenta.

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