jueves, 27 de noviembre de 2014

El rostro indignado de México a dos meses de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa

El rostro indignado de México a dos meses de la desaparición de 43 estudiantes
23:16 26/11/2014
Víctor Flores García
La imagen exitosa del presidente Enrique Peña por sus aplaudidas reformas dio un giro súbito hace dos meses cuando fueron asesinados seis estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa y 43 más siguen desaparecidos, develando el rostro sombrío de un México indignado ante la corrupción y el crimen, consideran líderes de la sociedad civil.
Ha quedado atrás el país del Pacto por México firmado por todas las fuerzas políticas del Congreso el primer día de gobierno de Peña, en diciembre de 2012, que permitieron las ambiciosas reformas demoradas por décadas, y parece agotado el México Moment, que los círculos financieros estaban celebrando.
"Esa imagen no existe más, del Momento Mexicano se ha pasado a la tragedia mexicana", dice a Sputnik Santiago Aguirre, directivo del jesuita Centro de DDHH Agustín Pro.
Ese centro humanitario asiste a los familiares de los alumnos de magisterio rural que fueron atacados por policías y narcotraficantes confabulados en Iguala, la noche del 27 de septiembre, quienes habrían asesinado a los jóvenes y calcinado los restos que lanzaron a un río, según las pesquisas.
Mientras el nuevo Gobierno se empeñaba en adelantar una agenda de reformas estructurales que dejaba de lado los graves problemas de inseguridad y violencia heredados de la era de Felipe Calderón, "las ONG seguíamos documentando impunidad, violaciones a los derechos humanos y falta de un auténtico Estado de derecho", relata el abogado de las víctimas.
Primero estalló en agosto el escándalo del llamado Caso Tlatlaya, una masacre documentada por una mujer testigo y madre de una joven asesinada junto con 21 jóvenes, de los cuales 15 fueron ejecutados en forma sumaria por el Ejército luego de rendirse tras un breve enfrentamiento, según la investigación del propio ombudsman federal, obligada por una publicación periodística.
Entonces llegó la masacre de Ayotzinapa, "que logró dominar la atención pública de México y el mundo que no alcanzaron otros casos, porque la identidad humilde de los estudiantes impidió estigmatizarlos como un grupo ligado al narcotráfico, como se intentó al principio", dice Aguirre.
Muchos elementos del imaginario político mexicano se condensaron en esa masacre de jóvenes de origen indígena, aspirantes a maestros rurales, y luego llegó la revelación de la mansión millonaria de la esposa del Presidente y su fortuna, explica el dirigente humanitario.
"El escenario simbólico ha tenido epicentro en una ciudad como Iguala, gobernada por la izquierda (PRD), a sólo 200 km al sur de la capital del país, en un estado marcado por distintas violencias como Guerrero, con tradición de movimientos sociales muy fuertes", incluso cuna de algunas guerrillas en los años 70, dice el defensor civil.
El otro elemento de indignación "ha sido la evidencia del vínculo abierto de la policía, el poder político y el narcotráfico, que lo ha convertido en el punto de inflexión para evidenciar a un gobierno que había abandonado el tema de las graves violaciones a los DDHH".
El gobierno de Peña se había caracterizado en dos años, que cumple el 1 de diciembre próximo "por hacer un deslinde discursivo más que real sobre la política de seguridad del antecesor Felipe Calderón y su guerra antidrogas, sacando el tema de la agenda mediática".
 
El retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) 12 años después de la primera alternancia en siete décadas "cambió los términos de la narrativa bélica, ignorando la línea frágil de una herida que quedó exhibida en Iguala", dice el líder humanitario.
Movilización inédita con nuevos liderazgos
"Nadie imaginó lo que este lamentable hecho desataría, tras el hartazgo de la ciudadanía ante la persistente impunidad, corrupción y violencia", dice a su turno a Sputnik Rocío Culebro, directora del Instituto Mexicano de DDHH y Democracia (IMDHD).
La movilización social, caracterizada por la participación de jóvenes estudiantes, padres de familia, activistas, y ciudadanos sin partido que nunca habían participado en manifestaciones, "ha logrado que desde otras latitudes se unan al descontento por estas violaciones, que se suman al de otros miles de desaparecidos", 22.000 en siete años, según los datos del Gobierno.
© REUTERS Carlos Jasso
"Una característica de esta nueva movilización ciudadana es que no cuenta con un dirigente social ni líder moral", dijo la experimentada dirigente humanitaria, que trabaja con víctimas desde los años 80.
La ausencia de liderazgos visibles en un movimiento que arropa a los humildes padres de los jóvenes de Ayotzinapa "puede ser una señal de que ya no hay credibilidad ni en líderes de los partidos políticos, y tampoco han emergido líderes sociales con la confianza de la ciudadanía", explica Culebro.
El enojo de la ciudadanía marcado por la frustración se transformó en la última marcha que terminó en disturbios, cuando se comenzó a escuchar el grito por la renuncia del presidente: "¡Fuera Peña!", cantado en el centro de la plaza frente al Palacio Nacional, donde fue quemada una imagen gigante del presidente.
Una clase política desorientada
El gobierno de Peña se muestra a la defensiva y apenas esta semana se propone una contraofensiva para un Pacto por la Legalidad para una reforma profunda en rescate de un debilitado Estado de Derecho.
"El presidente parece no saber cómo reaccionar ante la ira desatada por la impunidad, la falta de empleo, ausencia de programas sociales que disminuyan en el nivel de pobreza, por eso se ha tardado en anunciar medidas de fondo ante su peor crisis política", dice la dirigente del IMDHD.
© REUTERS Jorge Dan Lopez
Es posible que el mandatario anuncie cambios en el Gabinete y un plan de emergencia nacional, "pero la gente lo que espera es que controle a miles de policías municipales, quienes son los primeros contactos con los narcotraficantes, el germen de la corrupción de arriba a abajo".
El gobierno ha demostrado "debilidad institucional y política", ante protestas que comienzan a salirse de control, "con reacciones desproporcionadas de la fuerza pública", asegura Culebro.
Finalmente, la crisis en las izquierdas ha quedado al desnudo con la renuncia del líder histórico del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cuauhtémoc Cárdenas, quien pidió la renuncia de la dirección nacional por haber permitido la infiltración del narcotráfico a través del alcalde de Iguala de ese partido, el detenido José Luis Abarca.
"Ha sido otra sacudida a la conciencia ética y política de las oposiciones de izquierdas, que abre la esperanza de nuevos contrapesos necesarios para lograr una democracia real, pues la formal ya la tenemos pero no funciona", puntualiza la directora del IMDHD.

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