domingo, 30 de noviembre de 2014

Bajo la lupa
El mundo fracturado de la desglobalización
Alfredo Jalife-Rahme
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El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una reunión sobre asuntos militares, ayer en Sochi. A la derecha del mandatario aparecen Sergei Shoigu, ministro de Defensa, y Alexander Bortnikov, jefe del Servicio de Seguridad Federal
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En el simposio internacional sobre el Panorama Geopolítico del Futuro, el 26 y 27 de noviembre en Moscú, una de las conclusiones fue que Rusia ni China son demasiado fuertes para resistir la agresión global de Estados Unidos (EU)/OTAN y que sólo la alianza estratégica entre Moscú y Pekín es susceptible de impedir la imposición nostálgica unipolar, pese a que naufraga militarmente por ­doquier.
Konstantin Kitsov, presidente de la Academia de Asuntos Geopolíticos de Rusia, consideró que la tecnología de la información es crucial para la producción, mientras se desata una feroz batalla por las materias primas cuando el mercado es muy estrecho y no permite el uso de todas las herramientas humanas para una mutua civilización igualitaria del nuevo orden global multipolar.
En representación del Centro de Estudios Geoestratégicos de la Universidad Autónoma Metropolitana, abordé el tema de la fractura del mundo que ha dado pie a una bipolaridad transmetarregional entre dos bloques: G-7/OTAN/Unión Europea (UE) –encabezado por EU– frente a los BRICS/Grupo de Shanghai/Unión Euroasiática –jefaturados por Rusia y China.
El bloque BRICS/Grupo de Shanghai/Unión Euroasiática, debido a su relativa reciente formación, es menos compacto y cohesivo que su rival, lo que no obsta para que el bloque G-7/OTAN/UE exhiba de vez en cuando ciertos sobresaltos de veleidad independentista ( v. gr. Alemania).
En medio de la desglobalización, EU rechaza la realidad del nuevo (des)orden tripolar geoestratégico – ménage á trois que no se atreve a expresar en público–junto a Rusia y China. Washington prefiere un G-2 con Pekín, que tampoco lo acepta.
China se pronuncia preferentemente por una multipolaridad que incluya en la cúpula tripolar a Rusia, con quien se ha acercado en forma espectacular.
Los 15 días de ajuste (http://goo.gl/KrGG92 y http://goo.gl/wgbbx5) –desde las cumbres de la APEC (Pekín) y el G-20 (Brisbane) hasta las reuniones cruciales tanto del P5+1 sobre el contencioso nuclear iraní como de la OPEP– exhibieron un planeta desajustado y, por encima de todo, fracturado.
Tras la sepultura del G-8 (sin Rusia), la ominosa ruptura del G-20 en Brisbane (http://goo.gl/Plf6QQ) constituyó uno de los epifenómenos de la guerra económica de EU/UE contra Moscú (http://goo.gl/B4A4h1).
La reunión del P5+1 (cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) sobre el contencioso nuclear iraní cayó en un impasse que obliga a la prolongación de las arduas negociaciones durante siete meses adicionales.
La reunión de la OPEP ha sido más dramática y demuestra la fractura de los productores de petróleo sobre el polémico fracking (fracturación hidráulica) de EU.
La masiva incorporación al mercado del gas/petróleo shale (esquisto/lutita/grisú) de EU ha provocado una brutal guerra deflacionaria del precio por la participación del mercado ( market share) del oro negro que se ha desplomado en los linderos de 70 dólares el barril, lo cual empieza a provocar estragos en varios países que dependen de su ingreso oligoproductor para su volátil presupuesto ( v. gr. el “México neoliberal itamita”).
La fractura global se manifiesta en varios niveles de parámetros exquisitos, como la deuda y las reservas de divisas/oro, de acuerdo con datos del World Factbook de la CIA, que dejan mucho que desear cuando las cifras de EU o son subestimadas (su deuda sería cinco veces mayor a la oficial) o son abultadas (su oro que no es extrañamente auditable en sus bóvedas).
La deuda oficial del G-7 sería de 41.6 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares frente a los 2.6 millones de millones de de dólares del BRICS –¡16 veces menos!– donde Rusia ostenta una de las menores deudas del mundo, lo cual equivale a una riqueza al revés.
La deuda del G-7 corresponde a 47.6 por ciento del PIB global (87.25 trillones de dólares, en poder adquisitivo), mientras la del BRICS es sólo 3 por ciento.
Ergo: la deuda del G-7 es impagable, con todo y sus acrobacias monetaristas, mientras el BRICS posee un amplio margen de maniobra para endeudarse, lo cual se acrecentará mediante la creación de su nueva panoplia bancaria y la nueva bidireccionalidad financierista entre Hong Kong y Shanghai.
En cuanto a reservas de divisas/oro, la prevalencia del BRICS –5.06 trillones de dólares– es apabullante frente al G-7, 0.94 trillones de dólares: ¡5.4 veces más!
China sola posee casi 4 trillones de reservas de dólares de divisas/oro, sin contar a sus paraísos fiscales de Hong Kong y Macao –ya no se diga Taiwán y quizá, en las asíntotas geopolíticas, Singapur– que forman parte de la Gran China.
La fractura del PIB ha asentado sus reales entre los 10 primeros lugares del ranking global, donde el BRICS relega gradualmente al G-7 (http://goo.gl/LlJoxp).
La fractura es también ideológica y se manifiesta en la colisión entre la multipolaridad embriónica –expresada tanto por el presidente Putin en el Club Valdai como por el mandarín Xi en la cumbre de la APEC en Pekín– y la unipolaridad nostálgica occidental –expuesta tanto por el duro y rudo discurso de Obama en la Universidad de Queensland (Brisbane)– contra el proyecto chino de un tratado de libre comercio para la región Asia/Pacífico que compite con el tambaleante diseño estadunidense de la Asociación Transpacífico (TPP) –como por la canciller alemana Angela Merkel en el Instituto Lowy (Sydney), quien en forma sorprendente fustigó el irredentismo ruso en los Balcanes occidentales y en Moldavia.
Desde el punto de vista geopolítico: ¿se equivoca Alemania por tercera vez en un siglo?
A escala geoenergética, la fractura es palmaria entre los dos diseños de Rusia y EU. Rusia ha firmado dos históricos acuerdos gaseros con China por 700 mil millones de dólares (pagaderos en yuanes) que trastocan en forma dramática la correlación de fuerzas de dependencia energética de Europa y China, donde sale triunfador Pekín y empuja a la incógnita a la UE, a quien EU deja soñar con un avasallante tratado comercial transatlántico y su aleatoria provisión de gas shale.
Obama, sin mucho ruido, descolgó su apoteosis geopolítica mediante la Seguridad Energética de Norteamérica –con sólo los anglosajones de Canadá y sin los mexicanos alienados–, cuando controla ya las reservas del Golfo de México gracias al regalo de la entreguista reforma energética de la malhadada tríada Peña/Aspe/Videgaray –que por el momento hace agua cuando el desplome del crudo en casi 40 por ciento pospone por incosteables tanto la explotación del crudo en las aguas profundas del Golfo de México como del polémico gas shale en el noreste semidesértico de México– en espera del zarpazo final de EU en el mar Caribe, donde se encuentran las mayores reservas del mundo, en Venezuela.
Los geoestrategas de EU consideran la sumatoria marítima del Golfo de México y del mar Caribe, un total de 4.2 millones de kilómetros cuadrados, como el mar Mediterráneo de EU.
Conclusión: un mundo fracturado en dos bloques conspicuos asienta sus reales en medio de la desglobalización.

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