jueves, 28 de septiembre de 2017

México SA
De la desgracia al cinismo
¿Solidaridad? No: negocio
Reconstrucción: otro filón
Carlos Fernández-Vega
 
Para algunos la solidaridad se mantiene –así sea de dientes para afuera– hasta que el negocio aparece y, en la danza de los millones, toma forma la primera bolsa para la reconstrucción: 37 mil 500 millones de pesos, que bien a bien nadie sabe de dónde saldrán, pero que a todas luces son insuficientes para el objetivo oficialmente previsto.
No concluye el recuento de víctimas mortales por los terremotos del 7 y el 19 de septiembre, pero ya algunos empresarios de la construcción se frotan las manos (gratis ni el pésame), porque tanto el gobierno federal como el de la Ciudad de México decidieron sumarlos al plan de reconstrucción, con ganas de hacer lo mismo con los banqueros (otros que nunca dan paso sin huarache).
De acuerdo con las cifras ayer divulgadas por el inquilino de Los Pinos, el costo de las afectaciones por los terremotos sería el siguiente: 13 mil millones de pesos en daños en escuelas; 6 mil 500 millones en viviendas de Oaxaca y Chiapas; 10 mil millones, cifra preliminar, para los inmuebles en Ciudad de México, Morelos, Puebla y el estado de México; y 8 mil millones en daños al patrimonio cultural. Ese sería el primer balance de daños, que implica un paquete por 37 mil 500 millones, algo así como 2 mil millones de dólares (por cierto, parece no incluir otras desgracias naturales, como los huracanes en el Pacífico y el Golfo de México, que golpearon severamente a la población).
Lo anterior representa un enorme tanque de oxígeno para el sector de la construcción, que en tan sólo el último año (julio de 2016 a igual mes de 2017) registró una caída de 3.7 por ciento, aunque en los hechos acumula 16 meses en terreno negativo. Ahora, gracias a la desgracia se armó una bolsa de 37 mil 500 millones de pesos con los que se pretende reconstruir lo que los sismos tumbaron, pero que al final de cuentas terminará en los bolsillos de los constructores, algunos de los cuales son responsables de edificaciones mal hechas (léase corrupción) que se derrumbaron y costaron vidas.
Como siempre, para informar de lo anterior se armó un faraónico acto en Los Pino. Allí, a la diestra y la siniestra del inquilino de Los Pinos, se sentaron dos de los dueños de México, ambos barones Forbes, quienes registran fortunas de ensueño basadas, mayoritariamente, en la explotación de los bienes de la nación vendidos o concesionados por gobiernos como el de Peña Nieto.
Se trata de Carlos Slim y Alberto Bailleres (otros barones participaron); el primero con una fortuna cercana a 55 mil millones de dólares; el segundo con alrededor de 11 mil millones de billetes verdes. Si en un milagro (y los milagros no existen) este par que tanta raja le ha sacado a la riqueza nacional (la más reciente en el sector petrolero) decidiera asumir el costo íntegro de la reconstrucción anunciada ayer por EPN, el esfuerzo sería como quitarle un pelo al gato, toda vez que la citada bolsa apenas representaría 3 por ciento de sus fortunas conjuntas.
El costo se abarataría si se incluye a los 16 barones mexicanos que considera Forbes en su inventario de multimillonarios, los cuales acumulan fortunas por 117 mil millones de dólares. Para estas personas cubrir íntegramente la bolsa de la reconstrucción les significaría 1.7 por ciento de sus fortunas conjuntas, monto que recuperarían con el siguiente contrato gubernamental de obra pública, pues muchos de ellos también participan en la industria de la construcción.
Por cierto, por allí cínicamente se promueve el Grupo México, del tóxico empresario Germán Larrea (otro de los barones Forbes), como participante en el movimiento solidario a favor de las víctimas de los terremotos del 7 y 19 de septiembre, lo que a todas luces constituye una tomadura de pelo. Durante 11 años el susodicho se ha negado a rescatar los cuerpos de los mineros muertos en la mina Pasta de Conchos (que desde el del 19 de febrero de 2006 permanecen bajo toneladas de rocas), pero ahora se presume como parte de la ayuda de reconstrucción.
Pero, cierto es, los milagros ni de lejos y la iniciativa privada participa con el gobierno, pero nunca gratis, desde luego. En este caso, los constructores reconstruirán y cobrarán. Lo mismo los bancos –que acumulan utilidades netas nunca antes vistas en el país–, que aportarán financiamiento para dicho fin, siempre y cuando tengan garantizado el retorno del crédito y su gruesa tajada de ganancia. ¿Y la solidaridad? Que otros la practiquen.
Si los barones marca Forbes, los banqueros con utilidades de ensueño, los grandes consorcios de la construcción (que de las transas con obras y presupuesto públicos han amasado sus fortunas) y tantos otros decidieran realmente participar solidariamente en la reconstrucción, con toda facilidad podrían asumir el costo sin problema alguno (la bolsa que ayer presentó EPN). Sólo en el caso de los primeros, el costo por cabeza sería de 125 millones de billetes verdes.
Pero ni en sueños será así, porque los barones son prácticos: invierten 25 millones de dólares cada uno, como en 1993 para la campaña de Luis Donaldo Colosio, por la simple razón de que saben que obtendrán muchísimo más una vez que el producto llegue a Los Pinos. Y, como lo dijo uno de esos empresarios –ya fallecido–, nosotros aseguramos el triunfo de uno u otro candidato; vamos a lo seguro, por eso no apostamos, invertimos, porque tarde que temprano alguno ganará y nos deberá el favor.
Y si de cínicos se trata, del otro lado no cantan mal las rancheras. El presupuesto del INE –incluido el asignado a las empresas políticas disfrazadas de partidos– no alcanza para cubrir la bolsa referida, por mucho que ahora –de dientes para afuera– lo ofrezcan para la reconstrucción, y los 3 mil pesos de ayuda de Miguel Ángel Mancera si bien son útiles apenas para comprar un millar de tabiques. Pero lo peor del caso es que todos los integrantes de la nociva fauna política ofrecen dinero como si fuera de ellos.
Las rebanadas del pastel
De la lectoría sobre la corrupción en la CDMX: en abril de 2017 murieron varios trabajadores de la construcción, y otros quedaron heridos, al colapsarse una losa en una obra ubicada en Avenida Toluca 481, Olivar de los Padres, Álvaro Obregón. Se descubrió que tal construcción se realizaba de forma ilegal y hoy está clausurada, con muchos sellos oficiales, pero en su interior siguen trabajando. Construyen a pesar de todo. Es evidente la corrupción, ya que afuera están elementos de seguridad pública resguardando. Hagamos algo. No sólo los fenómenos naturales matan; son estos actos irresponsables y corruptos los que en su mayoría asesinan.

No hay comentarios: