La izquierda latinoamericana frente al espejo
Escrito por Jorge Gómez Barata
La izquierda latinoamericana atraviesa momentos de confusión derivados de reveses electorales, parlamentarios, coyunturas económicas adversas, y errores tácticos, cuyos efectos son aprovechados por poderosos adversarios, internos y externos, para reconstruir sus bases electorales y retomar posiciones políticas.
Un elemento de esos procesos es que algunos países no han resuelto la contradicción que significa llegar al poder mediante estructuras políticas, normas jurídicas, y valores, a las que se adapta para participar en la lucha electoral, y que aspira a cambiar, no sólo de modo radical, sino a veces expedito. En ocasiones ese cambio propone la transformación del sistema imperante, incluso la construcción del socialismo.
Se adopta así una meta tan imprecisa como inalcanzable en uno o varios períodos electorales, y que deriva en retórica cuyos tonos asusta a unos sectores, y hace dudar a otros, sirve de excusa a la reacción de las clases que durante siglos detentaron el poder, y de la cual forman parte no solo la burguesía, las oligarquías, las cúpulas militares, mediáticas y eclesiásticas, sino también los empresarios, los inversionistas, las élites, las clases medias, círculos profesionales, incluidas parte de la intelectualidad, la juventud ilustrada, y algunos sectores populares.
A ese rechazo conducido por los sectores, que aunque desplazados del gobierno, conservan el poder económico y mediático, así como considerable influencia política, se suman los prejuicios ideológicos que hacen a parte de la sociedad refractaria al socialismo, al identificarlo con el comunismo. Capítulo aparte es la reacción internacional, la hostilidad, y la agresividad de los estados imperialistas.
Al panorama se suman las crisis que condujeron a la autodestrucción del campo socialista, incluyendo la Unión Soviética, y no pueden omitirse las divisiones en el seno de la propia izquierda y los movimientos populares, cuyos efectos pueden ser notables.
Esos precedentes se añaden a las tensiones derivadas de la necesidad de impulsar el desarrollo económico nacional, poner en marcha programas para solventar enormes desigualdades y exclusiones, entronizar la justicia social, generar empleos, enfrentar la corrupción, administrar el sector público de la economía, y gobernar países divididos por la diversidad de partidos y la competencia electoral.
Todo ello forma un contexto en el cual la izquierda necesita maniobrar para restar tensiones, aliviar presiones, construir alianzas, encontrar compañeros de viaje, y evitar los excesos de radicalismo o enfoques ideológicos excluyentes que le restan cohesión.
En los casos en que los líderes populares son también presidentes de las repúblicas, por tanto, cabezas de los estados y responsables del orden, la cohesión de la nación, y no sólo dirigentes de un partido político, la tarea es harto compleja.
Actualmente en varios países se realizan análisis, se promueven ajustes y correcciones tácticas. En Venezuela ha sido convocado un Congreso Nacional que seguramente analizará las causas del reciente revés electoral, que es probable que no se conforme con explicaciones ya conocidas, sino que profundice y decida innovaciones, y asuma una perspectiva estratégica acorde con las posibilidades reales existentes por ahora.
A favor de estos enfoques se encuentran las experiencias socialistas cuyos resultados son visibles. Allá nos vemos.

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