martes, 26 de enero de 2016

CIA

Visados para Al Qaeda: los papeles de la CIA que sacudieron al mundo

© AFP 2016/ Saul Loev
ENTREVISTAS
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La CIA junto con Arabia Saudí y otros países del Golfo perso llevan a cabo no solo programas de entrenamiento de los rebeldes sirios para la lucha contra Daesh, sino también realizan programas clandestinos de suministro de armas y de entrenamiento a paramilitares para combatir al ejército sirio, según la investigación del periódico New York Times.

Mientras este aspecto de la política estadounidense en la región ya plantea preguntas incómodas, las relaciones de EEUU, específicamente de la CIA, con diferentes grupos paramilitares florecieron activamente en el pasado, hasta infringir directamente las leyes del mismo país, comentó el exoficial del consulado de EEUU en Jeddah —Arabia Saudí-, Mike Springmann.
Springmann trabajó como jefe del departamento de visados del consulado en Jeddah entre 1987 y 1989 y vió en primera persona como los agentes de la CIA entregaron visados a "personajes repugnantes" quienes luego se convirtirían en extremistas figurados en las listas internacionales de terrorismo.
El exoficial recopiló sus experienicas y observaciones en su libro "Visados para Al Qaeda: los papeles de la CIA que sacudieron al mundo" (Visas for Al-Qaeda: CIA Handouts That Rocked the World, en inglés). En una entrevista exclusiva a Sputnik News, Mike Springmann abordó el tema de los visados ilegales entregados por la CIA en contra de la legislación estadounidense vigente bajo el pretexto de "seguridad nacional".
"Yo lo sé porque yo aprobaba los visados"
Al asumir el cargo de responsable de los visados, Springmann pronto se dió cuenta de que su trabajo era, esencialmente, ofrecer servicios de consulado a los oficiales de la CIA y sus agentes en Arabia Saudí.
"Casi cada día me enfrentaba con el Cónsul General, Jay Freres, y algunos otros oficiales de la CIA que continuaban entregando visados para gente que, según las normas, no era admisible", comentó Springmann.
En muchos casos cuando Springmann rechazaba la solicitud basándose en la legislación inmigratoria de EEUU, el solicitante iba directamente con el Cónsul General. Este último anulaba la decisión y aprobaba forzosamente la entrega del visado.
Los solicitantes sospechosos iban a EEUU para entrenar y recibir órdenes, mientras que las advertencias de Springmann de esta práctica siempre quedaban sin atención.
La CIA no plantó a un agente de su organización en la posición de Springmann porque necesitaban de un chivo expiatorio. En caso de que se revelarán estas irregularidades, podrían culpar de todo a un oficial "incompetente", ya que cada solicitud aprobada fue firmada por él mismo, asegura el exfuncionario.
"Querían tomar a todos estos matones para hacer explotar y matar a los soviéticos"
Con el tiempo a Springmann entendió el objetivo de las acciones de la CIA. En aquel período el presidente estadounidense Jimmy Carter y su consejero Zbigniew Brzezinski lanzaron una campaña de apoyo a cualquier grupo, que luchara contra la URSS, en especial a los muyahidines afganos.
Los combatientes entrenados por EEUU viajaban a Afganistán para ingresar en las filas de los radicales. Tras la retirada de las tropas soviéticas del país asiático los radicales se trasladaron a otros campos de combate en Yugoslavia, Irak, Libia y Siria. También "esa misma gente se convirtió en el antecesor de Al Qaeda, la denominada Legión Afgana-Árabe", nota Springmann.
Los agentes de la CIA en Arabia Saudí, incluso los del consulado en Jeddah, reclutaron y entrenaron a los muyajidines quienes se convirtirían primero en Al Qaeda y luego en Daesh. "Yo he visto el inicio de este proceso pero en aquel momento no pensé en sus consecuencias", lamenta el exfuncionario.
"Todos hemos visto el desarrollo posterior y el resultado del control de los servicios de inteligencia en la política exterior y la diplomacia; la gente entrenada por aquellos agentes ayudaron a desmembrar Yugoslavia, destruir Libia y desfigurar Siria", concluye Springmann.
Los esfuerzos del exoficial de protestar contra esta práctica ilegal fueron dejados sin atención mientras que la Legión Afgana-Árabe fue ganando terreno.



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