sábado, 29 de octubre de 2016

México SA
Empleo sin bienestar social
Crece número, cae ingreso
Deuda trepa a 9.2 billones
Carlos Fernández-Vega

La presunción gubernamental en materia de empleo se topa con la siempre cruel realidad: el mayor número de plazas formales (nuevas o formalizadas) no se refleja en mejores niveles de bienestar para las personas que lograron colarse al mercado laboral, y ello es así, porque la calidad de los puestos de trabajo no es la deseada, pero, dada la urgencia, se toman.

En septiembre pasado la tasa de desocupación nacional fue de 4.1 por ciento en términos anuales, según reporte del Inegi, nivel inferior a 4.5 por ciento registrado en el mismo mes de 2015. No obstante, al revisar la composición del personal desocupado se observa que 47 por ciento del mismo corresponde a individuos que cuentan con al menos un grado de preparación de nivel medio superior, situación que contrasta con apenas 5.1 por ciento de los desocupados que poseen estudios de primaria incompleta. La composición de la desocupación refleja que solamente 10 por ciento del total de personas que se encuentran bajo dicha condición no posee experiencia laboral, prácticamente la misma cifra observada durante septiembre del año pasado.

Como bien lo apunta el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, lo anterior sugiere que las fuentes de empleo creadas en los periodos recientes no requieren de un nivel de especialización muy avanzado, lo cual no sólo se traduce en una remuneración poco atractiva para los trabajadores, sino en una menor generación de valor agregado para la economía de nuestro país. Ello, también, eleva el grado de dificultad para los trabajadores capacitados para conseguir una nueva fuente de trabajo.

A nivel estatal, 19 entidades registraron tasas de desocupación por debajo del promedio nacional, donde Guerrero (1.9 por ciento), Oaxaca (2) y Yucatán (2) exhibieron las proporciones más bajas, aunque el comportamiento de las dos primeras que se mencionan obedecen a problemáticas económicas y políticas propias (la emigración, por ejemplo), más que por una recuperación significativa de su mercado laboral.

En contraste, los estados con mayores tasas de desocupación fueron: Tabasco (8 por ciento, que en buena media se explica por la significativa cancelación de plazas laborales en la entidad por Petróleos Mexicanos), Sonora (5.9 por ciento) y el estado de México (5.8 por ciento, lo que contrasta con el discurso de Eruviel Avila, en el sentido de allá todo funciona de maravilla).

También la Ciudad de México y Nuevo León reportan tasas mayores a la nacional (4.9 y 4.4 por ciento, respectivamente), dos de las entidades con mayor peso específico en la actividad económica del país y el producto interno bruto. Por encima de estas entidades se encuentran Tamaulipas (5.1 por ciento) y Durango (5 por ciento), donde el grueso de los ingresos provienen de actividades igual de informales que de ilegales (léase narcotráfico).

En materia salarial, durante el segundo trimestre del año en curso, 16 estados de la República registraron una caída anualizada en el poder adquisitivo de su ingreso laboral en relación con la canasta alimentaria, esto de acuerdo con el Índice del a Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) que pública el Coneval. De esta forma, aun cuando las personas consiguen emplearse, las remuneraciones que obtienen son insuficientes incluso para adquirir los insumos básicos para la alimentación (sin considerar otro tipo de necesidades básicas, como salud, transporte, vestido y educación).

Ello se ve reflejado en la tasa de subocupación, la cual en el mes de referencia alcanzó un nivel de 6.9 por ciento. Si bien la cifra resultó inferior a 8.6 por ciento obtenido un año atrás, el número de personas ocupadas que se ve en la necesidad y cuenta con la disponibilidad de laborar horas adicionales a las de su fuente de trabajo actual, continúa siendo elevado, señala el CIEN.

Las actividades económicas con mayor cantidad de personas subocupadas fueron los servicios (37.4 por ciento del total), seguidos del comercio (22.3 por ciento). Al analizar el desempeño de éste último se aprecia que durante agosto de 2016 los ingresos de las empresas comerciales al por menor aumentaron a un ritmo anual de 8.9 por ciento, mientras que el desempeño de las empresas comerciales al por mayor creció 9.1.

Adicionalmente, las remuneraciones medias reales para el personal que labora en cada uno de los dos subsectores mencionados se incrementó 3.9 y 3.4 por ciento, respectivamente. De esta forma, aun cuando las actividades terciarias han sido el principal motor de crecimiento de la economía mexicana en los últimos años, las percepciones salariales otorgadas por las mismas han sido insuficientes para impactar de manera significativa en el nivel de vida de la población.

La tendencia de la subocupación continúa mostrando una trayectoria negativa, por lo que es de esperar que la magnitud de la tasa respectiva se contraiga en los próximos meses; sin embargo, en tanto no se presente una mejora importante en la calidad de los empleos, la caída en los niveles de subocupación será solo temporal, advierte el CIEN.

Plantear una estrategia de generación de empleos sin considerar la calidad de los mismos ha contribuido a enfatizar la precarización del mercado laboral que enfrenta nuestro país. Mantener una tasa de desocupación relativamente baja es significativo siempre que ésta se encuentre respaldada por fuentes de trabajo dignas. Lo anterior no sólo compete al otorgamiento de remuneraciones salariales adecuadas o contar con las prestaciones mínimas de ley, sino que también implica la capacitación de los trabajadores en torno a las políticas y procedimientos de la empresa con el fin de incrementar la productividad laboral y con ello aumentar el valor agregado de la producción, lo cual impactará en los niveles de crecimiento económico y en el bienestar de las familias mexicanas, puntualiza el citado centro de investigación.

Las rebanadas del pastel

Y como la deuda pública no es un problema (José Antonio Meade dixit), el gobierno federal no deja de servirse con la cuchara grande: al cierre de septiembre pasado, informa la Secretaría de Hacienda, el saldo del débito nuevamente rompió récord y se ubicó en 9.2 billones de pesos. En siete meses se incrementó en alrededor de 600 mil millones de pesos, y contando, hasta que el destino nos alcance.

Twitter: @cafevega

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