Por informe de AI constatamos que hay una política de violencia, dice
Critica ONG ineficiencia del Ejército en trabajos de seguridad pública
Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Domingo 25 de febrero de 2018
Domingo 25 de febrero de 2018
Los altos niveles de violencia registrados en
México en 2017, como documentó un informe reciente de Amnistía
Internacional (AI), en gran medida son producto de una estrategia
intencional del gobierno para mantener atemorizada a la gente, pero
también obedecen a la falta de eficiencia del Ejército en tareas de
seguridad pública, indicaron colectivos civiles.
Adrián Ramírez, presidente de la Liga Mexicana en Defensa de los
Derechos Humanos, consideró que el estudio de AI –donde se advierte que
la violencia extremacreció en el país en 2017, con más de 42 mil homicidios dolosos y 12 periodistas asesinados– demuestra la existencia de una política deliberada para inmovilizar a los sectores inconformes con las políticas del actual gobierno.
Constatamos con el informe de Amnistía que existe una política oficial de violencia, que en algunas regiones y casos particulares se constituye en un terrorismo de Estado, en medio de la cortina de humo que los medios comunicación utilizan para minimizar la situación, afirmó.
Estamos viviendo la crisis de derechos humanos más grave de la historia del México posrevolucionario, a pesar del gran despliegue de recursos jurídicos con que contamos, lo cual se agravará con la entrada en vigor de figuras como la Ley de Seguridad Interior.
Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de
Nuevo Laredo, consideró que la violencia ha llegado a los niveles que
tiene hoy debido a que se le dejó crecer excesivamente en estados como
Tamaulipas, Michoacán, Sinaloa y Chihuahua, donde no se implementaron
estrategias para frenarla a tiempo.
Sin embargo, añadió,
esto también evidencia que las fuerzas armadas no lograron su objetivo de garantizar la paz. Los gobiernos estatales dejaron de hacer su trabajo y el Ejército no pudo hacer las labores de seguridad pública.
Dicho escenario se vuelve aún más complicado por el hecho de que las
comisiones estatales de derechos humanos no realizan un trabajo adecuado
de denuncia y documentación, como lo demuestra la de Tamaulipas que
apenas ha emitido una sola recomendación por desaparición forzada en 10
años.
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