Las cartas de Frida
Bruce Swansey
Gracias al nepotismo* disfruté mucho anoche tanto el
Pero el papel es también una superficie sobre la que proyectar trazos
que en blanco y negro crean una atmósfera fantasmagórica, custodiada
por seres y objetos que escapan la realidad cotidiana y que, sin
embargo, pertenecen al ámbito de una cultura reconocible inmediatamente,
como el maravilloso Judas, juguete, fetiche y monstruo a la vez. Sobre
esa superficie que puede ser tan lisa como se quiera, pero que también
se amolda a cualquier fantasía, se proyectan las imágenes de la grafía
–¡tan reveladora!– y de la obra, vinculando dos niveles de la creación
de la artista, manteniendo suspensa la mirada del espectador. No hay un
minuto que desperdiciar.espectáculocomo la muy grata compañía. Habrás notado que entrecomillo el término
espectáculo, porque Las cartas de Frida escapa al despliegue epidérmico que tal sustantivo implica. ¿Por dónde empezar a contarte la experiencia? Quizá por el uso del papel ** que ya te había comentado. Creas un macrotexto porque es el medio para trazar o imprimir y el que Frida eligió para expresarse en la intimidad jocosa, crítica, irreverente y encubiertamente desesperada que en la intimidad nada tenía que ver con lo que se hecho de su
personapública, deformándola. Lo que abres a través del papel es el mundo de la intimidad, que por comparación con esa violencia de género que se ejerce sobre la
personapública de Kahlo, es poco conocido. Lo que esas cartas revelan es una mujer que deslumbra por su agudeza y que nada tiene que ver con el estereotipo que satura el mercado.
Las cartas de Frida se estrenó el 6 de febrero; se presenta
en el teatro Helénico (Revolución 1500), los martes y miércoles a las
20:30 horas hasta el 14 de marzoFoto cortesía de Jesusa Rodríguez
El otro aspecto del ritual es por supuesto la música. Todo lo
que puedo decir es que como las cartas unen un discurso perfectamente
articulado con uno de festiva vulgaridad, la música de Marcela une los
dos aspectos: por un lado la experimentación, el adentrarse en el
misterio de la inminencia, y por el otro lado la canción popular que
evita todo riesgo de solemnidad abstrusa, hecha sólo para los iniciados,
y todo esto expresado por Catalina, a quien no tenía el gusto de
conocer y que quiero que me hagas favor de felicitar. Todo el trabajo
une, articula lo
altocon lo
bajo, la cultura
cultacon la popular, y creo que en buena medida a este maridaje sabroso se debe la fuerza y la eficacia del trabajo: nadie queda fuera del círculo de una cultura que se abre para alimentarnos.
*Marcela Rodríguez compuso esta ópera para su hija Catalina Pereda,
quien la interpreta y está dirigida por Jesusa Rodríguez, su hermana.
** Agradecemos a La Jornada la donación del papel con el que se construye y se destruye diariamente toda la escenografía de esta ópera.
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