El aeropuerto de Peña se hunde
Pedro Miguel
En el encuentro de
dirigentes empresariales con López Obrador de la semana pasada, los
primeros cuestionaron al segundo su intención de suspender el proyecto
del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM) en Texcoco, urdido e
iniciado a principios del sexenio de Peña Nieto, a lo que el candidato
presidencial de Morena respondió con una propuesta que fue bien
recibida: someter el asunto al examen de un grupo de 15 técnicos, cinco
propuestos por el actual gobierno, cinco por los propios empresarios y
otros cinco por Morena. Se alzó de inmediato un revuelo en las filas del
régimen, de sus fórmulas electorales (la de Meade, la de Anaya y la de
Zavala) y de los beneficiarios de contratos y concesiones que ya daban
por seguro un enriquecimiento astronómico a costillas del erario y de la
población. El abanderado priísta perdió el control y se retrató de
cuerpo entero al emitir un terminante
En los días transcurridos desde entonces el bando oficialista ha
esgrimido toda clase de argumentos nuevos y reciclados en contra de la
propuesta alternativa que López Obrador presentó desde 2015: ampliar la
actual base aérea de Santa Lucía, en el Edomex, para darle un uso mixto
civil y militar, y conservar el actual Aeropuerto Internacional Benito
Juárez (AIBJ), cuya demolición está prevista en el plan del NAICM. Se ha
dicho, por ejemplo, que de poner fin al elefante blanco de Peña Nieto
habría que anular contratos vigentes, lo que implicaría un alto costo en
multas; que la operación de Santa Lucía es incompatible con la del
AIBJ; que está muy lejos; que se perderían cientos de miles de millones
de pesos y decenas de miles de empleos; que la economía del país
experimentaría un gravísimo retroceso; que la imagen internacional de
México se vería empañada (eso dijo uno de los más activos empañadores de
la imagen nacional, el secretario de Comunicaciones y Transportes,
Gerardo Ruiz Esparza); que la obra ya va muy avanzada y que suspenderla
sería un dispendio; que es un ese asunto no está a discusión, el panredista descalificó la propuesta de los 15 expertos y se comprometió a terminar el aeropuerto en caso de llegar a la Presidencia y la panista disidente Margarita Zavala asumió idéntica postura.
proyecto de Estado, y cosas por el estilo.
Ninguno de los alegatos del régimen resiste el análisis. López Obrador no propuso anular un solo contrato en forma discrecional, sino impugnar los que resulten irregulares ante las autoridades judiciales correspondientes; el funcionamiento de Santa Lucía es tan compatible con el AIBJ que el avión de Peña Nieto ha aterrizado allí en numerosas ocasiones sin que ello implique la suspensión de operaciones en el aeropuerto de la ciudad; la distancia entre la actual base aérea y la mancha urbana puede compensarse sin problema con la construcción de vías rápidas y un tren rápido; el habilitarla como aeropuerto, lejos de significar una pérdida de dinero y empleos, representaría un ahorro sustancial y no dejaría sin trabajo a nadie porque reorientaría los contratos de obra ya existentes hacia el nuevo proyecto; la imagen internacional de México no va a afectarse por la suspensión de una obra que apesta a corrupción (como ocurrió ya con el tren rápido México-Querétaro, al que el actual gobierno hubo de decir adiós porque en él estaban involucrados empresarios que le facilitaron a Peña su mansión de Las Lomas); por el contrario, se beneficiaría con una rectificación orientada a la transparencia; el grado de avance de la obra en Texcoco es ínfimo; lo que va muy adelantado es el amarre de contratos turbios.
El episodio ha dejado claras algunas cosas. Por ejemplo, que
por muy peleados que se presenten los candidatos del régimen, Meade y
Anaya, están dispuestos a deponer sus diferencias cuando se trata de
defender con uñas y dientes la piedra de toque de la corrupción sexenal y
que hay muchos empresarios honestos a los que les interesa esclarecer
las cuentas oscuras del NAICM, y que hay otros, directa e indirectamente
beneficiados, que se resisten a perder semejante oportunidad de
negocio.
Pero, por encima de todo, lo que se ha evidenciado con la furibunda
reacción oficialista a una propuesta sensata y constructiva, como lo es
una revisión multilateral y profesional del proyecto del NAICM, es lo
que se juega un pequeño grupo de empresarios y políticos en ese
desarrollo: la perspectiva de recibir utilidades multimillonarias y casi
ilimitadas durante varias décadas por emprender y mantener una obra
virtualmente interminable, como lo sería un aeropuerto encima de un
lago.
Antes de que se hundan las pistas (y con ellas, los ahorros de
millones de mexicanos, y cantidades ingentes de dinero público), más
vale poner fin al proyecto.
Twitter: @Navegaciones
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