RÍO
DE JANEIRO (Sputnik) — Cuando faltan poco más de cinco meses para las
elecciones generales de Brasil, los votantes no saben a ciencia cierta
con qué candidatos se encontrarán en las urnas, un panorama electoral
que es el más incierto de los últimos años, dijo a Sputnik el analista
político de la Universidad de Sao Paulo, Rafael Moreira.
El
elevado número de precandidaturas tanto de derecha como de izquierda,
recuerda a las elecciones de 1994, pero "no vemos todavía cuáles de esas
opciones será realmente candidaturas y cuáles son globos sonda; muchos
van a ir desistiendo o buscando alianzas con otros en función de lo que
digan las encuestas", comentó Moreira.
De
momento las encuestas indican que el favorito sigue siendo el
expresidente Luiz Inácio Lula da Silva del Partido de los Trabajadores
(PT), a pesar de que cumple una pena de 12 años y un mes de prisión por corrupción.
31% de los brasileños están dispuestos a votarlo, según la encuesta Datafolha divulgada el pasado 16 de abril.
Sin embargo, es poco probable que Lula esté en las elecciones; la decisión final la tomará la justicia electoral a partir de agosto, cuando se registren de forma oficial las candidaturas.
Dado que la legislación prohíbe candidaturas de condenados en segunda instancia todo apunta a que Lula, a pesar de los recursos que previsiblemente presentará su defensa, será apartado de la carrera electoral.
El PT sigue manifestando que Lula es su único candidato y que no
cuenta con plan B, aunque poco a poco empieza a haber movimientos: el
propio expresidente difundió el 23 de abril una carta a su partido
pidiendo a sus correligionarios que se sintieran libres para decidir
sobre su candidatura.
Así
pues es "difícil" prever hacia dónde migrará el voto por Lula si el
exmandatario no está en las elecciones; parte de sus votantes podrían
inclinarse por el nombre que postule el PT, pero la transferencia de
votos no es automática, alertó Moreira.
La exsenadora y exministra de Ambiente de Lula, Marina Silva (del
partido Red Sustentabilidad) podría ser una de las principales
beneficiadas, puesto que ahora tiene alrededor del 15% de las
intenciones de voto y margen para recoger apoyos de derecha y de
izquierda.
Pero la mayoría de los analistas apuntan hacia otro nombre: el juez Joaquim Barbosa, expresidente del Supremo Tribunal Federal, que nunca actuó en política y que se hizo famoso por su lucha contra la corrupción.
Barbosa ni siquiera ha dicho oficialmente que va a presentarse, pero la intención de voto que recoge su figura sube con cada encuesta y ya está en 10%; si llega al Palacio del Planalto (sede del Gobierno) sería el primer presidente negro de Brasil.
El magistrado, recién afiliado al Partido Socialista Brasileño (PSB), podría ser la sorpresa de las elecciones.
Barbosa
se muestra nuevo, pero pocos conocen su ideología; la prensa local lo
define como progresista en lo social y liberal en lo económico, cosa que
no sucede con otros nombres de la izquierda con una trayectoria
política, como Ciro Gomes (del Partido Democrático Laborista), que tiene
9% de las intenciones de voto.
En el campo de la derecha también hay división: lidera la carrera el
líder ultraderechista Jair Bolsonaro (del Partido Social Liberal), con
17% de la intención de voto y solo superado por Lula.
Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que la ideología extremadamente conservadora de Bolsonaro, quien no oculta su nostalgia por la dictadura militar (1964-1985), su homofobia ni su racismo, tendrá poco recorrido si no modera su discurso.
Además,
su partido es pequeño, por lo que tendrá pocos minutos de publicidad
gratuita en televisión, factor clave en las campañas de Brasil, lo que
no sucede con el postulante de centroderecha Geraldo Alckmin (Partido de
la Socialdemocracia Brasileña).
De perfil moderado, el exgobernador de Sao Paulo es un viejo conocido
de los brasileños (cayó derrotado ante Lula en las elecciones de 2006),
pero cuenta apenas con 7% de intención de votos, casi tan pocas como
una eventual candidatura del actual presidente Michel Temer, que ronda
el 2% de preferencias.
Para Moreira, si Temer sigue adelante sería al frente de un proyecto de ambición personal más que de su fuerza política, puesto que el derechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño no tiene tradición de aspirar a la presidencia, sino que suele ir en coalición con el partido que más le convenga, ya sea de derecha o de izquierda.

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AFP 2018 / Miguel Schincariol
Sin embargo, es poco probable que Lula esté en las elecciones; la decisión final la tomará la justicia electoral a partir de agosto, cuando se registren de forma oficial las candidaturas.
Dado que la legislación prohíbe candidaturas de condenados en segunda instancia todo apunta a que Lula, a pesar de los recursos que previsiblemente presentará su defensa, será apartado de la carrera electoral.
"El PT sigue siendo el partido con el que las
personas más se identifican, pero hay una cierta distancia entre lo que
es Lula y lo que es el PT; la izquierda tiene ciclos y tal vez hemos
llegado al momento en que el PT ha dejado de ser hegemónico en el campo
de la izquierda", apuntó Moreira.
Jóvenes aspirantes como Manuela D'Ávila (Partido Comunista de Brasil)
y Guilherme Boulos (Partido Socialismo y Libertad) hacen pensar en una
incipiente renovación, pero sus posibilidades reales son limitadas: gran
parte del electorado puede considerarlos demasiado radicales o incluso
"más de lo mismo", observó el analista.
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AP Photo / Eraldo Peres
Pero la mayoría de los analistas apuntan hacia otro nombre: el juez Joaquim Barbosa, expresidente del Supremo Tribunal Federal, que nunca actuó en política y que se hizo famoso por su lucha contra la corrupción.
Barbosa ni siquiera ha dicho oficialmente que va a presentarse, pero la intención de voto que recoge su figura sube con cada encuesta y ya está en 10%; si llega al Palacio del Planalto (sede del Gobierno) sería el primer presidente negro de Brasil.
El magistrado, recién afiliado al Partido Socialista Brasileño (PSB), podría ser la sorpresa de las elecciones.
"Puede ser el "outsider" en este momento actual
de crisis del sistema político, creo que se presenta como un candidato
competitivo que puede cumplir ese papel de diferenciarse de lo ya
conocido", opinó Moreira.

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REUTERS / Pilar Olivares
Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que la ideología extremadamente conservadora de Bolsonaro, quien no oculta su nostalgia por la dictadura militar (1964-1985), su homofobia ni su racismo, tendrá poco recorrido si no modera su discurso.

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REUTERS / Ueslei Marcelino
Para Moreira, si Temer sigue adelante sería al frente de un proyecto de ambición personal más que de su fuerza política, puesto que el derechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño no tiene tradición de aspirar a la presidencia, sino que suele ir en coalición con el partido que más le convenga, ya sea de derecha o de izquierda.

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