jueves, 30 de julio de 2015


Presidente de Brasil, Dilma Rousseff, y expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva

EEUU persigue a Lula y Dilma por defender el BRICS

© AP Photo/ Eraldo Peres
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Vicky Peláez
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"Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña"
— Adolf Hitler, 1889-1945
Los países sudamericanos Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil que se atrevieron a socavar la hegemonía norteamericana en la región, se han sumergido de repente, como por magia, en una crisis caracterizada por el caos sistémico de diferente intensidad en cada uno de estos países, y que por supuesto está promovida por los medios de comunicación, banqueros, latifundistas, empresarios, tecnócratas, narcotraficantes y sectas religiosas.
En el Brasil, apenas fue reelegida Dilma Rousseff empezó la campaña para destituirla por una supuesta participación en la corrupción, después por el encubrimiento del gigante petrolero nacional Petrobras. Pero la acusación contra Dilma no era suficiente para la oposición consciente de que destruir el actual gobierno sería imposible sin socavar el prestigio del ex presidente de Brasil, Luiz Inácio "Lula" da Silva, el único mandatario nacional que terminó su presidencia (2003-2010) con un 80 por ciento de la aprobación de su gestión por la opinión pública nacional.
La derecha brasileña orientada tradicionalmente hacia Norteamérica y que apoyó la dictadura militar (1964-1985), promovió el neoliberalismo y envuelta históricamente en la corrupción soltó su poder mediático representado especialmente por las revistas O Globo y Veja para acusar a "Lula" da Silva de tráfico de influencias para favorecer a la constructora Odebrecht que es parte sustancial del complejo militar-industrial del Brasil. La revista Veja que se proclamó desde su creación como la "brújula ética" de Brasil, publicó recientemente un artículo "revelador" sobre los viajes que realizó "Lula" en el 2011 después de dejar la presidencia a Venezuela, República Dominicana, Panamá y Ghana costeados por Odebrecht. Por supuesto, en la acusación se veía la mano de Washington, pues se basaba en un cruce de informes del Departamento de Estado.
El título del artículo fue "Es su Turno", aunque desde 1989 el ascenso del Partido de Trabajadores (PT) de Lula no dejaba en paz a la junta directiva de Veja, en especial su líder Luiz Inácio "Lula" da Silva a quien calificaban de "barbón", "sindicalista", "sin ningún grado universitario que proponía un programa de unidad popular". En 2002 en vísperas de las elecciones que llevaron a Lula al poder, la revista publicó una caricatura, como lo recuerda la periodista de Le Monde Diplomatique, Luciana Silva Carla, que mostraba al candidato del PT sujetando con correa a un perro con tres cabezas: las de Vladimir Lenin, Karl Marx y León Trotsky que lo jalaban de un lado a otro.
En aquel entonces, "Lula" para calmar a su electorado de la clase media publicó "Carta a los Brasileños". En la misiva el candidato del PT se comprometió a llevar adelante una política de "responsabilidad fiscal", mantener el vínculo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), honrar los compromisos financieros y no declarar la moratoria de la deuda externa. Como compañero de fórmula postuló al empresario José de Alencar. Así logró convencer al electorado moderado. "Lula" continuó la política económica neoliberal pero logró convencer a los ricos y poderosos que era conveniente para sus intereses en la época del auge del sector extractivo aportar algo para el desarrollo social.
Su gobierno hizo énfasis en una política del rescate social y de una moderada redistribución de la riqueza. Promovió, siguiendo consejos del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, una fuerte política de inversiones, de crédito al desarrollo, fomento a la exportación llevados a cabo por el Banco de Desarrollo de Brasil, Petrobras, Electrobras, Banco de Brasil, Caixa Económica. El gobierno creó varias obras de infraestructura, como financiamiento a la industria, a la investigación y el desarrollo científico, la construcción de nuevos gaseoductos y de líneas de transmisión de energía.
En los ocho años de su gobierno "Lula" logró bajar la pobreza relativa de 36,4 por ciento a 18,6 por ciento y la pobreza extrema se disminuyó del 15 a 5,29 por ciento sacando a unos 40 millones de brasileños de la pobreza. Para el teólogo de la liberación, Leonardo Boff, tanto el gobierno de "Lula" como el de Dilma Rousseff promovieron un proyecto que "a pesar de ser capitalista encontró la forma de aplicar políticas públicas con inclusión social. Mientras en la zona euro la crisis neoliberal dejaba 102 millones en la calle y los salarios a la baja, aquí, en Brasil, los salarios aumentaron el 70 por ciento más que la inflación desde 2005".
En la política internacional, "Lula" da Silva trató de mantener un cierto equilibrio con EEUU y al mismo tiempo con los países del grupo ALBA, China y Rusia. Fue uno de los promotores del grupo BRICS que se está convirtiendo, aunque a paso lento, en una potencia con aspiraciones de liderazgo entre los países en desarrollo y que abiertamente muestras posiciones distintas a las de Washington y Bruselas. Brasil ya es parte sustancial de este grupo lo que produce una permanente irritación en Estados Unidos que busca formas de alejar este país del BRICS.
Norteamérica no puede asimilar que el país que prácticamente era su socio incondicional e intermediario, cuyo destino en los 1960 iba a ser un portavoz norteamericano en la región, se haya alejado de su agenda clamando su derecho a cierta independencia. Precisamente, Luiz Inácio da Silva fue la figura principal de este proceso que consiguió una relativa paz social en el país, una tregua entre pueblo y la burguesía nacional, una solidificación y crecimiento de la clase media y a nivel internacional, un prestigio indiscutible por el apoyo al proceso de integración de América Latina.
Sin embargo, con el comienzo de la crisis en EEUU y la Unión Europea que también afectó a uno de los principales socios comerciales y mayor inversionista en el país, China. Aquella paz social creada por "Lula" empezó a resquebrajarse debido al fin de la bonanza extractiva precisamente cuando otro miembro del PT, Dilma Rousseff fue elegida como presidenta del país en 2010. El sector financiero, la derecha y la iglesia evangélica ansiosos de regresar a los brazos de EEUU decidieron que llegó su momento. Los medios de comunicación que están en manos de seis familias lograron a convencer a la clase media, que estaba descontenta con el estado deficiente de transporte público, de servicios de educación y de salud sobrepasados y un incremento de delincuencia, de sumarse a la oposición.
Los destapes de corrupción en Petrobras y Odebrecht que fueron descubiertos con la "ayuda" de EEUU fueron utilizados hábilmente por la oposición para convencer a la opinión pública que primero, Dilma Rousseff y finalmente, el ex presidente Luiz Inácio "Lula" da Silva eran responsables por estos hechos. Si tomamos en cuenta las revelaciones de Edward Snowden sobre la base de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y de la CIA en Brasilia que están operando conjuntamente bajo el nombre clave "F6" conocido como "Special Collection Service", llegaremos a la conclusión que estas revelaciones de corrupción fueron creadas y facilitadas por Norteamérica para desestabilizar la situación política en el país.
De acuerdo a la información divulgada por Snowden, Brasil fue espiado por la NSA y la CIA desde los años 1990 con la misma intensidad que China y Rusia por ser considerado un país clave en América Latina. El ascenso de Brasil al grupo BRICS gracias a "Lula" alarmó no solamente a la NSA y la CIA sino al Pentágono que trató de instalar infructuosamente su base militar en Brasil o Argentina. Lo logró en Guayana, Colombia, Perú y Paraguay, países que tienen frontera con Brasil. Conociendo la táctica de EEUU de utilizar los servicios de inteligencia locales como lo estaban haciendo en Bolivia, Ecuador, Argentina o lo están haciendo en Alemania no es de extrañar que los miembros de la Oficina de Seguridad Institucional (GSI) sean partícipes del espionaje y de la actual agresiva campaña de desestabilización del país.
La oposición nacional ha camuflado su agenda de poner fin al gobierno del Partido de Trabajadores a través de las supuestas "movilizaciones apolíticas". Para incentivarlas usan los procedimientos, como lo expresó el Instituto Lula, "absolutamente irregulares, intempestivos e injustificados". Primero fue Dilma Rousseff y actualmente, según el Instituto, el ex presidente "Lula" es blanco de un conjunto de manipulaciones y arbitrariedades con el propósito evidente de crear constreñimiento y manchar bajo pretextos falsos la imagen del mayor líder popular en Brasil y en el exterior".
Los medios de comunicación como la Radio Porto Alegre están inculpando permanentemente a Dilma y Lula de todos los problemas del país. Cada hora Porto Alegre da noticias sobre el crecimiento del precio de gasolina, reducción de programas sociales, corrupción en Petrobras y Odebrecht implantando permanentemente información negativa en la mente de la gente tratando de convencerla en la culpabilidad exclusiva de Dilma y "Lula". Como decía el filósofo Voltaire, "calumniad, calumniad que algo quedará".
Recientemente el ex presidente "Lula" denunció la campaña orquestada por la derecha contra el Partido de Trabajadores declarando que "estoy cansado del tipo de persecución y la criminalización que intentan hacer con la izquierda de este país. Parecen los nazis criminalizando al pueblo judío y los romanos criminalizando a los cristianos".
La queja de "Lula" tiene su sustento pero le falta a la vez una autocrítica. En sus ocho años de gobierno nunca prestó la atención a lo que dijo alguna vez Simón Bolívar: "Una imprenta es tan útil como los pertrechos". Jamás se le ocurrió al gobierno del PT crear sus medios de comunicación alternativos como lo hizo Rafael Correa en Ecuador y no buscar apoyo en los medios privados, todos buscando dádivas de su admirado Gran Patrón-Estados Unidos. Tampoco se atrevieron tanto "Lula" como Dilma a poner distancia con el neoliberalismo creyendo en la posibilidad de encontrar su expresión o gestos humanos. Se olvidaron también que el "Hermano Mayor", "El gran Patrón": Estados Unidos de Norteamérica que "lo ve todo" y que actúa bajo la consigna "si no estás conmigo estás contra mí", jamás les perdonará su acercamiento a China y Rusia o su participación en el BRICS.
Se necesita una urgente movilización de la clase popular para no permitir a la derecha el retorno de Brasil al pasado y la destrucción del MERCOSUR, la UNASUR, la CELAC y la relativa unión e integración que se ha logrado en Latinoamérica en la última década.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK



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