viernes, 31 de julio de 2015


Alina Rodríguez

Alina Rodríguez, el rostro de Cuba

© Foto: Youtube/ CiberCuba
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Natasha Vázquez

En la cúspide de su carrera, a los 63 años, se ha ido Alina Rodríguez, víctima de cáncer. Catalogada como una de las más relevantes actrices cubanas de todos los tiempos, se metió en la piel de grandes y entrañables personajes del cine, la televisión y el teatro, dejando su propio sello en cada uno.

"Tendremos a Alina Rodríguez para toda la vida", dijo su colega y amigo Enrique Molina, al echar al mar sus cenizas desde el Malecón habanero.
Alina llegó a las pantallas y escenarios por caminos tortuosos, que pasaron por años de magisterio y otros tantos de técnico en anatomía patológica, hasta que en un grupo de teatro aficionado descubrió su gran pasión.
"Mi camino ha estado lleno de obstáculos, pero yo les digo pa'llá, pa´llá, y pa´llá y yo sigo por aquí", confesó recientemente en un programa de televisión.
De la mano de maestros como Abelardo Estorino, Raquel y Vicente Revuelta, marcó pauta en uno de los más importantes grupos teatrales de Cuba, Teatro Estudio.
Su estrella brilló especialmente en obras como Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero o En el parque, del ruso Alexander Gelman.
El cine guardará su imagen para la posteridad en más de diez cintas, entre las que destaca su protagónico en el filme María Antonia, de Sergio Giral, o Lista de Espera, de Juan Carlos Tabío.

La mayor popularidad llegó con Justa Quijano en la novela televisiva Tierra Brava y otras en la pequeña pantalla, personajes que siempre tenían mucho de ella, porque como confesó en una entrevista, se trataba de "darte cuenta de qué sucede en las demás personas, de meterte en la vida de los otros".
El último de sus papeles memorables fue el de la maestra Carmela en la película Conducta, de Ernesto Daranas, con el que consiguió los aplausos de medio mundo y que hasta Nueva York se rindiera a sus pies.

Por esa cinta recibió el premio a la Mejor Actriz en el Havana Filme Festival NY en 2014. Ya en 1991 había ganado semejante galardón en el Festival Latino de New York.
Pero para Alina no hubo mayor premio que el cariño de toda esa gente común que hoy la llora, y que la recordará no solo por su excelente trabajo, sino por esa naturalidad proverbial que la hacían parte de la familia aunque nunca se la hubiese visto de cerca. Su don de gente, su sentido de la amistad y su disposición a tender una mano a quien lo necesitase, le granjearon la admiración y el cariño de sus seguidores y colegas.
Es también que los cubanos se podían reconocer en muchos de sus personajes. "Para mí Carmela simboliza toda la gente que ha trabajado muchísimo, que se ha esforzado, que quiere hacer las cosas bien, que está en contra de dogmatismos, de todo lo que está a su alrededor que pueda entorpecer", dijo de su alter ego en Conducta.
Pero, sobre todo, se podían reconocer en la propia Alina. Era el rostro de esa madre, hermana, abuela, mujer, que a pesar de los sufrimientos y las mil dificultades de cada día no ha perdido la sonrisa, la simpatía y la bondad. Era el más auténtico rostro de Cuba.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK



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