Los muros de AMLO
Jorge Eduardo Navarrete
Manifiesto, de entrada,
que encontré acertados el tono y la tonada –como suele decirse– de la
misiva de Andrés Manuel López Obrador a Donald Trump, entregada el 13 de
junio a su secretario de Estado y divulgada en México días después. Qué
bueno que se evitó el acartonado lenguaje de las notas diplomáticas y
se formuló un escrito comprensible para todo mundo. Señalo, también de
una vez, que me parece muy infortunado haber sugerido, en el último
párrafo, un paralelismo entre remitente y destinatario: a diferencia del
primero, Trump no desplazó establishment alguno; instaló, sin apoyo de la mayoría de los votantes, un estilo personalista, un crony government –gobierno
de favoritos– ajeno a la tradición estadunidense. La misiva es un
excelente planteamiento de conjunto de la más importante relación
bilateral externa de México –la prueba de ácido de nuestra política
exterior– que delimita y aborda cinco ámbitos esenciales y, al hacerlo,
propone prioridades y secuencias. Contrasta así con la práctica de
concentrarse en un solo aspecto, sea el comercio o el narcotráfico o la
migración, en demérito de los demás. Ofrece una visión equilibrada,
ordenada y coherente. Hacía mucha falta.
La carta contiene un formidable alegato sobre la necesidad de evitar
la fatalidad de la emigración hacia el norte, forzada por el atraso
económico y social, la falta de empleo y la pobreza, la violencia, la
inseguridad y la impunidad. Propone, para romper tal fatalidad,
construir muros; sólidos muros de cooperación, desarrollo y bienestar
compartidos y, por supuesto, de respeto mutuo. Responde así, con la
elegancia de lo implícito, a la absurda idea del muro de Trump: los
muros de AMLO.En el documento se mencionan tres áreas específicas para nuevos proyectos compartidos de desarrollo regional, orientados en primera instancia a la generación de puestos de trabajo y a la multiplicación de oportunidades. Señala, con algunos ejemplos, la necesidad de proyectos que se orienten a numerosos y muy diversos sectores y actividades, desde la infraestructura de transporte hasta los servicios turísticos; de proyectos que se conciban desde la realidad que se vive en las distintas comunidades, no desde los escritorios de las tecnocracias; de proyectos con variados periodos de gestación e implementación, tanto inmediatos como de mediano y largo plazos. Invita a un enorme esfuerzo de planificación de un desarrollo regional inclusivo, que abra opciones a todos.
Para Centroamérica, de donde proceden los mayores flujos migratorios hacia Estados Unidos, se propone un enfoque solidario de desarrollo regional, financiado conjuntamente, en función de la magnitud del producto de las naciones involucradas, para
hacer económicamente innecesaria la [e]migración de sus ciudadanos y cuidar las fronteras para evitar el tránsito ilegal de mercancías, armasy drogas. No se olvide que, como señala el Pew Research Center,
la inmensa mayoría de familias y menores no acompañados detenidos en la frontera proviene de México o del triángulo nortecentroamericano. Sería prudente concentrar en El Salvador, Guatemala y Honduras la primera fase del esfuerzo.
El Istmo mexicano constituye el segundo de esos ámbitos. Se
ofrece la versión contemporánea de un corredor transoceánico, detonador
del desarrollo regional, que acorte las rutas marítimas entre el
Pacífico asiático y el litoral este del continente americano. Las
demandas de modernización y ampliación de infraestructura de transporte,
portuaria e industrial son formidables, pero es también importante la
promesa de implantación de actividades productivas y de servicios, a las
que se alude en la carta. Para el sur-sureste se plantea el corredor
turístico olmeca-maya, cuyo detonador es también el transporte
ferroviario de alta velocidad, con ramificaciones en diversas otras
actividades cuyo común denominador es la generación masiva de
oportunidades de ocupación.
[La] última cortina para retener trabajadores en nuestro territorio, dice la comunicación, es la franja fronteriza norte, cuya vastedad se aprecia al recordar la extensión de la línea: 3 mil 185 kilómetros. Se mencionan, como instrumentos de fomento del desarrollo del área –cuyas peculiaridades y vocaciones subregionales habrá que tener presentes– adecuaciones aduaneras, tributarias, salariales y otras propias de las zonas libres o francas. Queda implícita la necesidad de alimentarse de las lecciones de anteriores esfuerzos, como el Programa Nacional Fronterizo, y, sobre todo, de coordinar las múltiples participaciones, gubernativas y privadas, que suponen estos enfoques horizontales.
La posición mexicana sobre emigración ha reconocido la necesidad
primaria de que el país provea suficientes empleos para una fuerza de
trabajo creciente. Si se quiere que realmente actúen como ancla, las
oportunidades laborales que se ofrezcan deben satisfacer el concepto de
trabajo decentede la OIT y, desde luego, no limitarse a la zona fronteriza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario