Tres horripilantes casos de femicidio que muestran cómo prospera el machismo tóxico en México
Publicado: 28 ago 2017 16:27 GMT
Datos alarmantes apuntan que aproximadamente
tres mujeres son asesinadas al mes solo en el estado de México.

Imagen ilustrativa
Jose Luis Gonzalez / Reuters
Desde afuera, es muy difícil entender que en México mujeres y niñas son asesinadas y no pasa nada. No hay detenidos, poca condena social y, a veces, ni siquiera reconocimiento de lo sucedido.
"Se
lo buscaron" por cómo iban vestidas, por salir solas, es una expresión
que justifica la normalización de la violencia contra las mujeres. "Se
ha de haber ido con el novio", es la explicación que las autoridades dan
a familiares para solapar la indiferencia y ausencia de protocolos de
búsqueda inmediata de las desaparecidas.
En 2004, cuando
las artistas Eve Ensler, Jane Fonda y Sally Field trataron de hacer un
llamado a la atención internacional sobre los asesinatos de mujeres en
Ciudad Juárez, se contaban cerca de 380 asesinatos en once años. Se
creía que no podía ser peor la situación horrible de indiferencia,
impunidad y menosprecio a la vida de las víctimas.
Claramente puede serlo: sólo en el 2016, en el estado de México, ocurrieron 263 feminicidios,
39 de ellos en el municipio de Ecatepec, según las cifras del
Observatorio Ciudadano en contra de la Violencia de Género, Desaparición
y Feminicidio en el Estado de México (Mexfem). Aproximadamente, tres
mujeres asesinadas al mes en esta entidad.
Cuando creemos que ya nada nos puede horrorizar, aparecen
más casos de mujeres víctimas de crímenes más complejos, que evidencian
los alcances y profundidad del machismo misógino y el desprecio hacia
las mujeres que está escalando en la sociedad mexicana.
Tres casos son una muestra. El pasado 23 de agosto, en Jalisco, Margarita Domínguez,
de 24 años, madre de dos menores, fue asesinada con cinco balazos
calibre 32. En abril, había acudido al Centro de Justicia para la
Mujer y presentado denuncias contra su expareja Sabino "N", de 48 años,
por violencia psicológica y por amenazas de muerte. Le dieron cita unas
semanas más tarde para realizar los exámenes. Intentaron localizarla
cuando no se presentó al examen.
El problema es que la violencia machista solo se toma en serio cuando hay muertas.
No es inusual que mujeres denuncien a sus asesinos futuros por
violencia previa, lesiones que no ponen en peligro la vida y sin
consecuencias médico-legales, pero después aparecen muertas. Es sabido
que, en el círculo de la violencia, muchas víctimas se arrepienten de
denunciar, regresan a casa porque no tienen los medios para irse, se quedan por sus hijos o porque les creen a sus victimarios.
La
prevención debe ser inmediata, el acompañamiento integral y
multidisciplinario, la intervención debe incluir al agresor y no solo a
la víctima. La violencia masculina no se atiende porque es "normal" que los hombres sean violentos y se pasa por alto que puede ser la expresión de otro tipo de problemas.
Otro caso que ha llegado a la prensa internacional es el de Mariana Joselyn,
de 18 años, encontrada sin vida en una carnicería en julio de 2017,
violada y con el abdomen abierto. El presunto asesino, de 28 años,
trabajaba y vivía en la carnicería; la obligó a entrar, abusó de ella y
la mató. La hermana del sospechoso ya lo había denunciado por intentar
matar a su madre.
Aunque existen imágenes de las cámaras de seguridad de Juan
"N" en el lugar del crimen, los medios se han centrado en la víctima, su
vestimenta y el porqué estaba en la calle, aunque en este caso no la
culpabilizan de su propio asesinato.
Mariana merece justicia porque sólo iba a la tienda y eran las 9 de la mañana. La atención mediática frecuentemente se centra en las víctimas y no en los asesinos.
¿No habría que avisar a las víctimas potenciales que un depredador está
suelto en una entidad donde se considera que las mujeres son
desechables?
Resulta increíble que ante los incrementos
de homicidios no haya una revisión exhaustiva de antecedentes penales de
delitos graves para conseguir un trabajo. Igual que no se tomaron en
cuenta en la carnicería, tampoco fueron relevantes para que José Octavio
"N" fuera chofer del transporte público en el que fue violada y
asesinada en junio pasado Valeria, la pequeña de 11 años que su padre subió a una unidad para que no se mojara con la lluvia solo siete calles de su destino.
Se enlazan las negligencias de distintas autoridades en esta historia de terror: el chofer de la unidad se contrató con documentación falsa que nadie corroboró;
después le fue posible acelerar el vehículo y perder al padre que lo
seguía en bicicleta; más tarde, la falta de atención de las autoridades
al momento de la denuncia cuando Valeria no aparecía. La alerta Amber se
emitió más de 15 horas después.
Tres casos de los
últimos tres meses que demuestran que el análisis de la dimensión de
género de los crímenes o la ausencia de este en las investigaciones
penales, conlleva a una errónea calificación jurídica de los delitos y a
que no haya claridad sobre los riesgos a los que están expuestas las
niñas y las mujeres.
Mientras no se asuma que hay
territorios misóginos donde existe desprecio por la vida de las mujeres y
una cultura donde impera un machismo tóxico, las mujeres pueden ser
violentadas, abusadas sexualmente y asesinadas porque no tiene
consecuencias y porque persiste una cultura que apunta a que los
hombres deben demostrar su virilidad a través del sexo, el poder, la
fuerza y la violencia, y a que las mujeres somos culpables de
lo que nos pasa por salir a la calle, por trabajar, por incursionar en
espacios tradicionalmente masculinos, por "quitarles lugares" y salir
del ámbito doméstico y la tutela de un hombre que algunos todavía creen
que nos corresponde.
Magda Coss
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