miércoles, 30 de agosto de 2017

México SA
TLCAN: se acabó el cuento
Videgaray: isla de la fantasía
Gasolina: coletazo de Harvey
Carlos Fernández-Vega
 
Parece que al aprendiz de canciller ya no le alcanza aquello de la serenidad y cabeza fría en la relación con Donald Trump, y –lento que es– como que comienza a darse cuenta de que su cuento nadie lo cree, en el sentido de que el salvaje de la Casa Blanca es socio y amigo de México y del gobierno peñanietista. La isla de la fantasía, pues.
A escasos días de que (se supone) arranque la segunda ronda de negociaciones tripartitas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), a desarrollarse del primero al 5 de septiembre en la Ciudad de México, Trump metió el acelerador y se fue directo y a toda velocidad en contra de México, del gobierno peñanietista y, desde luego, el acuerdo trilateral.
La respuesta –por llamarle así– oficial fue en el sentido de que (Videgaray dixit) los ácidos señalamientos de Trump sobre el TLCAN (sólo) son una estrategia de negociación; no hay sorpresas, porque está negociando con su muy particular estilo. Tenemos que reaccionar con serenidad, cabeza fría, entender que este es un proceso de negociación. Lo pudo haber hecho (salir del tratado) desde el primer día de su administración; sin embargo, lo que está ocurriendo es que estamos negociando de manera formal, en un proceso ambicioso que durará meses.
Bien, pero la serenidad no le alcanzó al aprendiz y ayer –dos días antes del inicio formal de la citada negociación tripartita– Videgaray agarró el avión con rumbo a Washington para –versión oficial– cumplir con la agenda periódica de encuentros de alto nivel con funcionarios del gobierno de Estados Unidos. Así, se reunirá con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y con el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, H.R. McMaster, para repasar diversos temas de la agenda bilateral y los desarrollos recientes en torno a la misma.
Causalmente, lo acompaña el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo (el del supuesto plan B y la serenidad de constatar que los inversionistas ya están acostumbrados a sus declaraciones (de Trump) y los que saben invertir no tomarán decisiones drásticas, dijo apenas unos días atrás) y ambos sostendrán una reunión con Wilbur Ross, secretario de Comercio; Robert Lighthizer, representante comercial de Estados Unidos, y Jared Kushner, asesor especial de la Casa Blanca, con el propósito de revisar temas específicos de la relación comercial entre ambos países.
Se supone –así lo vendieron– que con estos últimos personajes de la farándula política trumpista de Videgaray y Guajardo se reunirían en la Ciudad de México, a partir del próximo viernes, de tal suerte que por mucho cariño que se tengan resultaba más que pertinente esperar esa fecha para revisar la relación comercial (de hecho, ese es el propósito de la segunda ronda de negociaciones) con los vecinos del norte, siempre en el ánimo de mantener las tan cacareadas serenidad y cabeza fría.
El mismo Guajardo dijo ayer ante senadores tricolores que México está sentado en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con una visión constructiva y propositiva. Queremos llegar a una mejora, pero tampoco vamos a estar sentados a cualquier precio. ¿En serio? Y dicho eso, junto con Videgaray, agarró el avión a Washington.
El próximo jueves 31 se cumple un año de la invitación y visita, como candidato, de Donald Trump a Los Pinos, las cuales provocaron una reacción de profundo rechazo e indignación no sólo entre los mexicanos, sino en el círculo mismo de Enrique Peña Nieto. De hecho, una semana después de tales acontecimientos y en medio de severos cuestionamientos por su actuación, Luis Videgaray oficialmente dejó de ser el ministro del (d) año y –también oficialmente– causó baja del gabinetazo (lo cual resultó falso, porque si bien ya no apareció como titular de Hacienda, en los hechos se mantuvo de presidente adjunto de Peña Nieto, o al revés).
Como en días pasados se comentó en este espacio, los integrantes del equipo mexicano se mantenían correctos, decentes, con cabeza fría, en perfecto inglés y sin gritos ni susurros en contra del inquilino de la Casa Blanca y su bombardeo contra México, pero –agregábamos– todo indica que ninguno de ellos ha medido en su exacta dimensión (en el gobierno y la cúpula de la iniciativa privada) que desquiciados como Donald Trump no entienden, ni les importa, lo políticamente correcto, lo respetuoso, lo prudente y lo civilizado, y que, por lo mismo, pueden cometer cualquier pendejada sin más y carente de aviso previo, de tal suerte que a los negociadores nacionales el plan B, la serenidad, la paciencia, la sobriedad y todo lo demás no le servirá para absolutamente nada.
Dicho y hecho. Lejos de reconsiderar su postura, Trump apretó, reforzó el tiroteo y ahora no habla de condicionar el tratado a mejores resultados y más beneficios para Estados Unidos, sino –simplemente– de abandonar el mecanismo trilateral, tal cual lo planteó reiteradamente durante su campaña electoral y ya durante su estancia en la Casa Blanca.
Y aquí confiaron, pero los serenos representantes mexicanos de nueva cuenta han tenido que viajar a Washington para implorar a los güeros que, por favorcito, se mantengan como socios y amigos de México, porque desde hace 23 años los gobiernos sucesivos tomaron la sabia decisión de poner todos los huevos en la misma canasta y hacer de esta promesa de país industrializado en mera república bananera y maquiladora.
Como bien informó La Jornada en su edición de ayer, Trump había advertido que si México y Canadá siguen teniendo una posición difícil en la renegociación del acuerdo, tendrá que suspender la participación de Estados Unidos en uno de los peores acuerdos nunca antes firmado por nuestro país. Y de ahí al muro: México pagará el muro en la frontera binacional; de una manera u otra, pagará por el muro, necesario para nuestra seguridad, para luchar contra las drogas; los fondos podrían venir de Estados Unidos, y México se vería luego obligado a rembolsarlos de algún modo; Estados Unidos podría financiarlo, pero últimamente México pagará por el muro.
Las rebanadas del pastel
Preparaos, que el coletazo de Harvey puede alcanzar a nuestro país: si bien Pemex garantiza el abasto de gasolina durante las próximas dos semanas y no ve un problema inminente en tal sentido, los principales proveedores del combustible –que abastecen el mercado mexicano– han sido afectados por el paso del huracán, de tal suerte que el producto se encarecerá aún más… Y el tipo de cambio peso-dólar, a 18.25 por uno.
Twitter: @cafevega

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