lunes, 4 de agosto de 2014

Una victoria inquietante


Niño sostiene una pancarta en contra de la deportación de inmigrantes indocumentados
11:12 04/08/2014
Julio Valdeón Blanco
Todo el jaleo de las últimas semanas, el aullido patriótico, las banderitas delante los autobuses amarillos, la histeria unánime, para que al fin un viernes de agosto cerrado por vacaciones el partido Republicano hiciera el ridículo.
Gran victoria de los quintacolumnistas del Tea Party, ufanos porque le han doblado el codo y hasta la oratoria al pobre John A. Boehner, líder de la mayoría en el Congreso, a cambio de que los menores no sean recibidos por los jueces, promover la deportación de los dreamers, liquidar una ley de George W. Bush que buscaba proteger a las víctimas del tráfico de seres humanos y asignar calderilla a mejorar las condiciones de vida en los centros de detención de inmigrantes. En definitiva, a base de torpedear hasta el fondo los acuerdos logrados en el Senado por republicanos y demócratas hace apenas un año.
El triunfo del yo, del yo lo cazo, lo guiso y me lo como, de la codicia como emblema y el egoísmo, vuelve una y otra vez porque es una constante de la historia, así en EE.UU. como en Marte. Lo que distingue a quienes agitan la xenofobia contra el latino de sus pares históricos es, acaso, ese creerse más demócratas que nadie, cuando en realidad utilizan los viejos trucos del manual y tiran de cuanto tópico ha servido para inflamar jaurías. Las brujas o sus gatos, los moros o los indios, los judíos, los homosexuales, los negros, los católicos, los protestantes, los griegos o los bárbaros, los poetas y hasta el lobo y las águilas, no hay colectivo o raza, cultura o bicho, filósofo o inmigrante que no haya sufrido alguna vez la caricaturización previa a servir como diana que purgue miedos. Unos se suman a la cruzada por tejemaneje electoral y otros por ignorancia, pero les une la necesidad de prender fuegos que oculten las carencias del país, la crisis de la escuela pública, la brecha creciente y ya inmensa entre las rentas del trabajo y las del capital, el peligro que corre la meritocracia a manos de la lista Forbes y otras menudencias.
50.000 niños a las puertas de la nación más rica de la historia, 50.000 niños que huyen de una Centroamérica en llanto, 50.000 niños perdidos en las cañerías del sistema como cuando la señora de la casa fregaba los platos y el anillo de casada resbaló de su dedo hacia las remotas profundidades de la pila, y hay quién todavía tiene el morro de culparlos del declive de Occidente, las plagas bíblicas, la pertinaz sequía y quién sabe si hasta de la mala temporada de su equipo de béisbol. Nadie dirá que los republicanos marcharon de vacaciones sin actuar antes. Lo han hecho. Han tumbado cualquier principio de acuerdo bipartidista. Han laminado a sus propios líderes a cambio de un panfleto meteórico, condenado antes de nacer, que destroza el discurso de sus elementos más razonables y presenta al Tea Party como señorito plenipotenciario que hace y deshace a su antojo. Pues bien, algunas victorias son tan rotundas, tan estrepitosas, que matan a sus hacedores, y ésta podría serlo. La solución, el próximo noviembre.

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