lunes, 26 de diciembre de 2011

La USAID, México

Carlos Fazio
D
esde que el 16 de marzo de 1960 la Agencia Central de Inteligencia (CIA) presentó al Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos el Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro, sucesivas administraciones de la Casa Blanca, desde Dwight Eisenhower a Barack Obama, no han cesado en sus planes subversivos y de desestabilización política contra la isla.

Cambiaron los protagonistas y los medios, pero no los afanes imperiales. En ese lapso, un actor principal en el arte de la subversión y la guerra sicológica –en combinación subordinada con el Pentágono y la CIA–, y como arma de penetración vía el dinero, ha sido la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). Instrumento de la guerra fría contra la “amenaza comunista”, bajo la zanahoria de la “cooperación para el desarrollo” la USAID ha sido hasta nuestros días una herramienta clave de la red imperial de injerencia en América Latina.

Bajo su cobertura diplomática “filantrópica” operaron agentes de la comunidad de inteligencia que, como Dan A. Mitrione, enseñaron la tortura científica y propiciaron golpes de Estado en el hemisferio. Pero como usina ideológica de desinformación, la USAID ha servido también para canalizar fondos a organizaciones de derecha, fundaciones fantasmas y siglas vacías que reproducen las acciones de propaganda y agitación de Washington contra países considerados “enemigos”, como Cuba y Venezuela.

A partir de 1960, Estados Unidos utilizó transmisiones radiales clandestinas con fines diversionistas para agredir a Cuba desde el éter (Radio Swan, La Voz de América, Radio y Tv Martí)). Hoy, con el gobierno de Obama, por conducto de empresas “contratistas” como DAI, Washington Software Inc. y la israelí RRSat Global Communications, la CIA y la USAID apuestan a la llamada guerra cibernética, que incluye sofisticadas actividades subversivas en el campo tecnológico.

Entre esas actividades desestabilizadoras figuran la creación de redes ilegales de infocomunicaciones y la siembra de propaganda sucia anticubana en Internet; el bombardeo de mensajes de texto con propaganda negra a los usuarios de teléfonos celulares de Cuba, incluyendo “técnicas de manipulación y sustitución de palabras claves en mensajes individuales”, y la transmisión por satélite a los televisores de los cubanos de propaganda sucia y mensajes encriptados con fines subversivos y de inteligencia, todo ello bajo el control y la supervisión de la Junta de Gobernadores de Radiodifusión (BBG, por sus siglas en inglés), órgano federal encargado de la operación de todas las estaciones de radio y televisión en Estados Unidos.

Instrumento del terrorismo mediático made in USA, la guerra cibernética es complementada con otras actividades desestabilizadoras de menor alcance y visibilidad, como la organización de conferencias y la presentación de libros propagandísticos, financiados con fondos de la USAID y organizaciones “amigas” como las fundaciones derechistas alemanas Konrad Adenauer y Friedrich Neumann. Precisamente, sendas acciones subversivas e injerencistas contra Cuba tuvieron lugar en el hotel Meliá Reforma de la ciudad de México el 5 de diciembre pasado: la conferencia ¿Cambios en el proceso cubano? y la presentación del libro de Gabriel Salvia Diplomacia y derechos humanos en Cuba, editado aquí por la Fundación Konrad Adenauer y el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).
Dirigida por Salvia, CADAL es una ONG “académica” que opera desde Argentina como satélite de la CIA y la USAID en proyectos de desestabilización encubiertos contra Cuba, los países progresistas del Alba (principalmente Venezuela y Bolivia) y el Mercosur. Para sus fines propagandísticos recibe millonario financiamiento de la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia (NED, fachada de la CIA), Fredom House, así como de las fundaciones Adenauer y Neumman, entre otras.

En ambas actividades participaron integrantes de organizaciones de Miami, Florida, adscritas a la “industria de la contrarrevolución”, incluidas algunas corrientes violentas e injerencistas como la Fundación Nacional Cubano Americana, el Directorio Democrático Cubano y la menos conocida Organización de Jóvenes Exiliados Cubanos, subsidiadas todas con fondos de los contribuyentes estadunidenses por medio de la USAID, la NED, el Instituto Republicano Internacional (el famoso IRI) y el Instituto Democrático Nacional, del partido de Obama.

Los esfuerzos conspirativos de Washington desde territorio mexicano para “un cambio de gobierno” en Cuba no son nuevos. Cobraron vigor durante los regímenes priístas de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y se profundizaron durante las administraciones conservadoras de Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero no está de más recordar que ningún país, empezando por Estados Unidos, permite que sus connacionales u organizaciones extranjeras reciban dinero del exterior para orquestar acciones subversivas “a la carta” contra su integridad territorial y política. Tampoco permiten acciones de desobediencia civil sustentadas en mentiras fabricadas vía una ciberguerra.

En México, las leyes prohíben que los partidos políticos reciban financiamiento de gobiernos y empresas extranjeras, aunque Acción Nacional llegó al gobierno en el año 2000 gracias a los aportes ilegales a la organización Amigos de Fox, entre ellos, de algunos grupos del exilio anticastrista en Miami.

Resulta ingenuo pedir al régimen de Calderón y a la canciller Patricia Espinosa que impidan la orquestación de acciones provocadoras y subversivas contra Cuba desde el territorio nacional, cuando han facilitado la actividad clandestina desestabilizadora de la comunidad de inteligencia estadunidense contra el pueblo mexicano. Por lo que para honrar al pensamiento de Benito Juárez y las tradiciones políticas, de amistad y solidaridad con el pueblo y gobierno cubanos, tocaría al Congreso de la Unión investigar las actividades anticubanas de la USAID, la Fundación Adenauer y CADAL desde el territorio nacional.

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