AMLO: la gente, prioridad de gobierno
▲ Andrés Manuel López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, en Palacio Nacional.
Foto Carlos Ramos Mamahua
Sería imposible resumir en
este espacio todos los asuntos abordados por el presidente Andrés Manuel
López Obrador en el discurso de toma de posesión que pronunció ayer,
frente a una clase política reconfigurada y decenas de representantes
internacionales, en el Palacio Legislativo de San Lázaro y en su
alocución, horas más tarde, en el Zócalo capitalino, ante el pueblo
llano.
Si algo sintético puede destacarse de ambos mensajes presidenciales
es la determinación de cambiar drásticamente la orientación de un poder
político que por más de tres décadas ha estado dedicada a beneficiar a
los intereses corporativos privados –y de paso, por medio de la
corrupción y el dispendio, a los funcionarios públicos– para ponerlo al
servicio de la población y particularmente de sus sectores más
vulnerables, desatendidos y agraviados por los gobiernos del ciclo
neoliberal: campesinos, asalariados, pueblos indígenas, mujeres,
jóvenes, adultos de la tercera edad y personas con discapacidad, pero
también profesionistas, pequeños empresarios, comerciantes e informales
que han pagado los saldos catastróficos del modelo neoliberal.
En el recinto legislativo el nuevo mandatario formuló una crítica del
viejo régimen oligárquico tan implacable como irrebatible para, a
continuación, exponer los lineamientos de su nuevo gobierno, los cuales
han sido ya dados a conocer. Si algo tuvieron la crítica y la propuesta
de novedoso es que fueron pronunciadas no por el luchador social, el
dirigente opositor o el candidato en campaña, sino por el titular del
Ejecutivo federal, lo que las convierte en un parteaguas de la vida
económica, política y social del país.
Horas más tarde, en la Plaza de la Constitución, López Obrador
participó en un ceremonial distinto al de la toma de protesta y la
recepción de la banda presidencial: una representación de los pueblos
indígenas lo ungió como líder en un ritual en el que participaron los
cientos de miles de asistentes al encuentro. Debe hacerse notar que
ayer, por primera vez en la historia del México independiente, un jefe
de Estado se somete al mandato de los pueblos originarios en un acto
público tan relevante como el que tuvo lugar ayer en la plaza principal
del país. Así, si por la mañana el nuevo presidente prometió cumplir y
hacer cumplir la Constitución, por la tarde se comprometió a mandar
obedeciendo; si la institucionalidad política obtiene de los símbolos
buena parte de su fuerza, esta integración inédita de formulismos
debiera marcar el inicio histórico de una nueva praxis gubernamental en
materia de derechos de los pueblos indígenas.
Posteriormente el mandatario formuló una larga lista de objetivos y
metas gubernamentales, en lo que constituye una apuesta audaz y
arriesgada no para atemperar las expectativas de la sociedad en torno a
su gobierno sino, por el contrario, para elevarlas. A lo que puede
comprenderse, López Obrador está dispuesto a adoptar la presión social
como viento impulsor de su gobierno, y cabe esperar que el desafío
funcione.
Para terminar, al poniente de esos dos epicentros de la toma de
posesión, San Lázaro y el Zócalo, los actos inaugurales del nuevo
gobierno tuvieron un tercer escenario: la antigua residencia oficial de
Los Pinos, que ayer mismo fue abierta a la población y que recibió en su
primer día a decenas de miles de visitantes.
Aunque el nuevo Presidente no acudió, esa apertura tuvo también el
carácter de un deslinde inequívoco ante la frivolidad, el derroche y el
lujo en el que se acostumbraron a vivir sus antecesores, y cuya
exhibición dio lugar, ayer mismo, a una avalancha de memes en
las redes sociales que dieron cuenta del divorcio entre los gobernantes y
el resto de la sociedad, ilustrativo de la insensibilidad, la sordera y
la arrogancia del grupo en el poder que fue derrotado el pasado primero
de julio. Ojalá que esa exposición sirva para impedir que ese divorcio
se presente de nuevo en el país y que la ciudadanía no vuelva a aceptar
nunca a gobernantes ricos en un pueblo pobre.
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