El año 2014 se muere de viejo y el Año Nuevo asoma entre las páginas del calendario. ¿Qué va a traer 2015 a la comunidad latinoamericana?
Echando un rápido vistazo a la agenda se aprecian varias consultas electorales de primer orden y una cumbre regional extremadamente interesante.
Argentina acudirá a las urnas el 25 de octubre. El país parece abocado a elegir un gobierno más moderado y pragmático, después de lustros de ejecutivos populistas. Tres son los candidatos con más posibilidades de ocupar el poder en la Casa Rosada. Por un lado, están los peronistas Sergio Massa y Daniel Scioli. Frente a ellos, Mauricio Macri, el conservador alcalde de Buenos Aires.
Massa fue jefe de Gabinete con Cristina Fernández entre 2008 y 2009 pero renunció al kirchnerismo hace dos años.
Scioli, por su parte, fue vicepresidente con Néstor Kirchner y actualmente es el gobernador de la provincia de Buenos Aires. La presidenta podría potenciar su candidatura pero las relaciones entre ambos basculan entre el amor y el odio; es una "relación enfermiza", apuntaba recientemente un analista del diario argentino La Nación. También tendría opciones el actual ministro de Interior, Florencio Randazzo, aunque goza de menos simpatías ciudadanas.
La jefe del Estado tiene aún tiempo para decidir a quién ofrece su inestimable apoyo. Puede optar por esperar hasta el verano, cuando se celebrarán las primarias preceptivas, y ver cómo se pelean las distintas facciones del oficialismo o dar un paso al frente y zanjar la incógnita. En cualquier caso, su objetivo será mantener una buena cuota de poder mediante la imposición de la gran mayoría de los diputados nacionales.
En el otro lado ideológico se encuentra Macri, un político curtido que ya tuvo aspiraciones presidenciales en 2011.
La segunda vuelta o ballotage se presenta inevitable. Las últimas encuestas auguran un triunfo de Macri frente a Massa o Scioli, consecuencia del desgaste del kirchnerismo. Pero nada está decidido.
Gane quien gane tendrá que mover ficha para alcanzar un acuerdo en el largo contencioso judicial con un fondo de inversión de alto riesgo —popularmente conocido como "fondo buitre"- en Nueva York por la deuda impagada de Argentina. Si se alcanzara un compromiso con los acreedores, eso mejoraría los datos macroeconómicos y abriría además a los argentinos las puertas del mercado financiero internacional que siguen cerradas desde el default de 2001.
Venezuela celebrará elecciones legislativas en septiembre. Al renovarse la Asamblea Nacional, asistiremos de nuevo a los embates entre los candidatos del Gobierno bolivariano, presidido por Nicolás Maduro, y la oposición, dividida entre los radicales que protagonizaron las protestas callejeras a principios de 2014 y los moderados capitaneados por el ex pretendiente presidencial Henrique Capriles.
Si la oposición se uniera, no sería descabellado pensar en que el Palacio de Miraflores perdería el control del órgano legislativo. Pero parece una tarea harto difícil dada la dispersión ideológica y la represión política. El problema es que hasta ahora las fuerzas opositoras venezolanas no han estado a la altura de las circunstancias y en ocasiones han buscado sólo intereses cortoplacistas y personales. De hecho, las divisiones son palpables pues Capriles ya no cuenta con las simpatías de los dirigentes Leopoldo López —preso desde febrero-, María Corina Machado —acusada de conspirar contra el presidente-, quienes cuestionan su liderazgo.
El país está al borde del colapso, pero Maduro sigue haciendo juegos de palabras y achaca la situación a factores exógenos. Aunque tiene razón en cuanto al precio artificialmente bajo del petróleo, no quiere reconocer los graves problemas estructurales —fuerte dependencia en la producción de crudo, entre otros- que atraviesa la debilitada economía venezolana, lastrada por la fuerte inflación y la escasez de productos de primera necesidad.
Los datos resultan abrumadores. Venezuela cierra 2014 con un tipo de cambio de unos 175 bolívares por dólar en el mercado negro —frente a la tasa oficial de 6,3 bolívares por cada billete verde-, una inflación por encima del 100% y un desabastecimiento de alimentos esenciales que se sitúa en el 70% en las redes de distribución oficiales.
Normalmente en año electoral, el Ejecutivo venezolano gasta más para asegurarse así los votos necesarios, pero esta vez será muy distinto, porque las arcas públicas están exhaustas. El Estado debe al sector privado nacional e internacional 20.000 millones de dólares, y para salir del paso se prevén más ajustes fiscales y una nueva devaluación del bolívar.
La situación es tan alarmante que los analistas financieros no descartan la posibilidad de que Maduro, para conseguir efectivo, tenga que vender activos como CITGO, la compañía refinera y distribuidora de hidrocarburos en Estados Unidos que controla la petrolera estatal venezolana PDVSA.
Y a esta crisis sistémica hay que sumar la sempiterna inseguridad ciudadana y el serio desplante diplomático que ha supuesto para Caracas la normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. A Maduro no le ha debido sentar nada bien que las negociaciones se llevaran tan en secreto que ni su amigo y valedor Raúl Castro se las contara. ¿O lo hizo y se calla?
México también tendrá una cita con las urnas, pero ésta será antes, en julio. El presidente Enrique Peña Nieto medirá entonces su popularidad después de varios escándalos de corrupción y sobre todo después de la desaparición de 43 estudiantes de Magisterio en el estado de Guerrero. Esta crisis de seguridad mermará sin duda los resultados del gobernante PRI, que en 2015 abrirá el sector de la energía a la inversión privada, con lo que Pemex se enfrentará por primera vez en la historia a la competencia por el petróleo mexicano, símbolo del orgullo nacional.
El repaso al año que viene quedaría incompleto si no se citaran las negociaciones de paz que se están manteniendo en La Habana entre el Gobierno de Colombia y el grupo guerrillero de las FARC. 2015 debería ser el año del acuerdo que a grandes rasgos contemplaría la celebración de un referéndum para la segunda mitad del año, aceptando la formación de una asamblea constituyente a cambio de que el grupo armado desaparezca como tal y sus líderes —muchos de ellos manchados por el narcotráfico- paguen de alguna forma por sus exacciones. Si se firma el pacto, algo todavía no seguro, Colombia se vería libre de un conflicto que ya ha cumplido más de medio siglo de vida. Y la gestión del presidente Juan Manuel Santos pasaría la historia.
El último reto reseñable de 2015 vendrá de la mano de Raúl Castro y Barack Obama quienes se verán cara a cara —salvo imprevistos- en la VII Cumbre de las Américas, fijada para el 11 y 12 de abril en Panamá. Antes del sorpresivo fin del bloqueo a Cuba, se estaba especulando que a la reunión acudiría el vicepresidente estadounidense Joe Biden. Ahora ese dilema ha quedado sobrepasado por la realidad, que plantea otros mucho más interesantes. Porque es bien probable que Castro y Obama hablen de la posibilidad de una visita oficial del dirigente cubano a la Casa Blanca, visita histórica que podría producirse antes de acabar el año y que transformaría por completo todo el tablero político de Latinoamérica.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
Argentina acudirá a las urnas el 25 de octubre. El país parece abocado a elegir un gobierno más moderado y pragmático, después de lustros de ejecutivos populistas. Tres son los candidatos con más posibilidades de ocupar el poder en la Casa Rosada. Por un lado, están los peronistas Sergio Massa y Daniel Scioli. Frente a ellos, Mauricio Macri, el conservador alcalde de Buenos Aires.
Massa fue jefe de Gabinete con Cristina Fernández entre 2008 y 2009 pero renunció al kirchnerismo hace dos años.
Scioli, por su parte, fue vicepresidente con Néstor Kirchner y actualmente es el gobernador de la provincia de Buenos Aires. La presidenta podría potenciar su candidatura pero las relaciones entre ambos basculan entre el amor y el odio; es una "relación enfermiza", apuntaba recientemente un analista del diario argentino La Nación. También tendría opciones el actual ministro de Interior, Florencio Randazzo, aunque goza de menos simpatías ciudadanas.
La jefe del Estado tiene aún tiempo para decidir a quién ofrece su inestimable apoyo. Puede optar por esperar hasta el verano, cuando se celebrarán las primarias preceptivas, y ver cómo se pelean las distintas facciones del oficialismo o dar un paso al frente y zanjar la incógnita. En cualquier caso, su objetivo será mantener una buena cuota de poder mediante la imposición de la gran mayoría de los diputados nacionales.
En el otro lado ideológico se encuentra Macri, un político curtido que ya tuvo aspiraciones presidenciales en 2011.
La segunda vuelta o ballotage se presenta inevitable. Las últimas encuestas auguran un triunfo de Macri frente a Massa o Scioli, consecuencia del desgaste del kirchnerismo. Pero nada está decidido.
Gane quien gane tendrá que mover ficha para alcanzar un acuerdo en el largo contencioso judicial con un fondo de inversión de alto riesgo —popularmente conocido como "fondo buitre"- en Nueva York por la deuda impagada de Argentina. Si se alcanzara un compromiso con los acreedores, eso mejoraría los datos macroeconómicos y abriría además a los argentinos las puertas del mercado financiero internacional que siguen cerradas desde el default de 2001.
Venezuela celebrará elecciones legislativas en septiembre. Al renovarse la Asamblea Nacional, asistiremos de nuevo a los embates entre los candidatos del Gobierno bolivariano, presidido por Nicolás Maduro, y la oposición, dividida entre los radicales que protagonizaron las protestas callejeras a principios de 2014 y los moderados capitaneados por el ex pretendiente presidencial Henrique Capriles.
Si la oposición se uniera, no sería descabellado pensar en que el Palacio de Miraflores perdería el control del órgano legislativo. Pero parece una tarea harto difícil dada la dispersión ideológica y la represión política. El problema es que hasta ahora las fuerzas opositoras venezolanas no han estado a la altura de las circunstancias y en ocasiones han buscado sólo intereses cortoplacistas y personales. De hecho, las divisiones son palpables pues Capriles ya no cuenta con las simpatías de los dirigentes Leopoldo López —preso desde febrero-, María Corina Machado —acusada de conspirar contra el presidente-, quienes cuestionan su liderazgo.
El país está al borde del colapso, pero Maduro sigue haciendo juegos de palabras y achaca la situación a factores exógenos. Aunque tiene razón en cuanto al precio artificialmente bajo del petróleo, no quiere reconocer los graves problemas estructurales —fuerte dependencia en la producción de crudo, entre otros- que atraviesa la debilitada economía venezolana, lastrada por la fuerte inflación y la escasez de productos de primera necesidad.

© REUTERS/ Miraflores Palace/Handout via Reuters
Los datos resultan abrumadores. Venezuela cierra 2014 con un tipo de cambio de unos 175 bolívares por dólar en el mercado negro —frente a la tasa oficial de 6,3 bolívares por cada billete verde-, una inflación por encima del 100% y un desabastecimiento de alimentos esenciales que se sitúa en el 70% en las redes de distribución oficiales.
Normalmente en año electoral, el Ejecutivo venezolano gasta más para asegurarse así los votos necesarios, pero esta vez será muy distinto, porque las arcas públicas están exhaustas. El Estado debe al sector privado nacional e internacional 20.000 millones de dólares, y para salir del paso se prevén más ajustes fiscales y una nueva devaluación del bolívar.
La situación es tan alarmante que los analistas financieros no descartan la posibilidad de que Maduro, para conseguir efectivo, tenga que vender activos como CITGO, la compañía refinera y distribuidora de hidrocarburos en Estados Unidos que controla la petrolera estatal venezolana PDVSA.
Y a esta crisis sistémica hay que sumar la sempiterna inseguridad ciudadana y el serio desplante diplomático que ha supuesto para Caracas la normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. A Maduro no le ha debido sentar nada bien que las negociaciones se llevaran tan en secreto que ni su amigo y valedor Raúl Castro se las contara. ¿O lo hizo y se calla?
México también tendrá una cita con las urnas, pero ésta será antes, en julio. El presidente Enrique Peña Nieto medirá entonces su popularidad después de varios escándalos de corrupción y sobre todo después de la desaparición de 43 estudiantes de Magisterio en el estado de Guerrero. Esta crisis de seguridad mermará sin duda los resultados del gobernante PRI, que en 2015 abrirá el sector de la energía a la inversión privada, con lo que Pemex se enfrentará por primera vez en la historia a la competencia por el petróleo mexicano, símbolo del orgullo nacional.
El repaso al año que viene quedaría incompleto si no se citaran las negociaciones de paz que se están manteniendo en La Habana entre el Gobierno de Colombia y el grupo guerrillero de las FARC. 2015 debería ser el año del acuerdo que a grandes rasgos contemplaría la celebración de un referéndum para la segunda mitad del año, aceptando la formación de una asamblea constituyente a cambio de que el grupo armado desaparezca como tal y sus líderes —muchos de ellos manchados por el narcotráfico- paguen de alguna forma por sus exacciones. Si se firma el pacto, algo todavía no seguro, Colombia se vería libre de un conflicto que ya ha cumplido más de medio siglo de vida. Y la gestión del presidente Juan Manuel Santos pasaría la historia.
El último reto reseñable de 2015 vendrá de la mano de Raúl Castro y Barack Obama quienes se verán cara a cara —salvo imprevistos- en la VII Cumbre de las Américas, fijada para el 11 y 12 de abril en Panamá. Antes del sorpresivo fin del bloqueo a Cuba, se estaba especulando que a la reunión acudiría el vicepresidente estadounidense Joe Biden. Ahora ese dilema ha quedado sobrepasado por la realidad, que plantea otros mucho más interesantes. Porque es bien probable que Castro y Obama hablen de la posibilidad de una visita oficial del dirigente cubano a la Casa Blanca, visita histórica que podría producirse antes de acabar el año y que transformaría por completo todo el tablero político de Latinoamérica.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK






No hay comentarios:
Publicar un comentario