
Cómo EEUU utiliza el bloqueo para provocar hambre en Venezuela (o al menos lo intenta)
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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
Un
diluvio caribeño empapó a la marcha chavista que salió el sábado 8 a
gritar por los Comités Locales de Abastecimiento Popular (CLAP), el
programa del Gobierno para garantizar la alimentación en tiempos de
escasez. Pero el agua no apagó las voces que apoyaban a Nicolás Maduro
en la guerra económica impuesta a Venezuela desde el exterior.
El
miliciano que bailaba salsa frente a la tarima de la plaza Lina Ron
estalló de risa, al son del casino. Le dijo a la señora que había venido
del Estado Carabobo que no se fuera y siguiera bailando, que Chávez
también se mojó en aquel famoso cierre de campaña en 2012.
En ese momento, la lluvia torrencial no perdonó su presencia sobre la
emblemática avenida Bolívar y todas las cámaras retrataron para siempre
al presidente más poderoso. Fue la antesala de su propia historia
permanente, que ya había comenzado a escribirse mucho antes de aquel
fervor.
La señora del Estado Carabobo no se fue. Bailó con su remera y su gorra rojas junto al miliciano y junto a los compañeros con los que había venido en autobús a Caracas, cuatro horas de viaje de madrugada, para participar en esta marcha convocada por el Gobierno de Nicolás Maduro.
El motivo: defender algo que consideran muy suyo y una insignia de fortaleza de la Revolución Bolivariana en su peor momento de crisis y asedio. Los CLAP, que son varias cosas. Por un lado, cajas de comida subsidiadas por el gobierno que comenzaron a repartirse por el país en el año 2016.
En aquel año se repartieron, según datos oficiales, 26.567.786 cajas. En 2019 ya se han repartido —a pesar del bloqueo de EEUU— 42.086.449 unidades. Actualmente, llegan a seis millones de familias que viven y sobreviven gracias a 'la caja'. No van a permitir que desaparezca.
Los CLAP también son sinónimo de organización popular frente a una
guerra no convencional que lleva años atacando a un pueblo que se
proclama aguerrido y valiente.
Cualquier eventualidad es un ataque extranjero. Una invasión. Una
guerra convencional. Maryuri mide 1,50 pero cuenta que han comenzado a
prepararse militarmente con entrenamientos de todo tipo, no solo con el
uso de la fuerza y armas. También aprenden primeros auxilios médicos
"para cualquier desastre que pueda suceder en nuestra patria". Termina
de hablar y continúa bailando salsa con el miliciano de la sonrisa
casino. Ha dejado de llover.
Desde agosto de 2017, cuando Donald Trump impuso sus primeras medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, EEUU ha dictado seis órdenes ejecutivas contra el país caribeño. Las últimas sanciones más relevantes, las del pasado 28 de Enero, fueron directamente contra Citgo, la filial de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) en el país norteamericano.
Unos 30.000 millones de dólares han quedado bloqueados y las
consecuencias están comenzando a notarse. El 98% de las divisas que
entran a Venezuela lo hacen a través de PDVSA. Con esas divisas,
Venezuela importa alimentos como los que llegan en las cajas CLAP, que
provenían en un principio de México y ahora están comenzando a ser
sustituidos por productos de la industria nacional o de países aliados
como Turquía o China.
Las sanciones a Citgo no han sido la última batalla de la arremetida estadounidense contra Venezuela. El pasado mes de Mayo, el Gobierno de Donald Trump sancionó a diez de las 12 navieras que trasladaban alimentos a Venezuela. Recientemente, el magnate presidente ha amenazado con acabar directamente con los CLAP.
El bloqueo a los alimentos se maneja en cifras complejas, porque es difícil entender con números qué significa dejar sin comer a seis millones de familias. En estos momentos, debido a las medidas coercitivas de EEUU hay 1.200 millones de dólares venezolanos destinados al pago de facturas de alimentos retenidos.
Otra de las medidas que están causando más impacto del bloqueo económico a Venezuela es la prohibición de todas las transferencias internacionales con provisión de financiamiento que salgan del país caribeño o que vayan dirigidas a él. De esta manera, las transferencias internacionales para la compra de alimentos han pasado de realizarse en apenas 48 horas a entre 10 y 20 días. Eso, cuando logran hacerse, que no suele ser lo habitual.
Por su parte, las sanciones a los navieros que traían comida a
Venezuela ha sido otra de las afectaciones más importantes hasta el
momento. El promedio de espera de los buques desde que salían de su
puerto de origen hasta que llegaban a Venezuela era de 45 días en 2017.
La cifra pasó a 60 días en el 2018 y actualmente se encuentra en 147 días. Según datos oficiales que maneja el Ministerio de Alimentación, la distribución ha disminuido un 29% en comparación al mes de febrero.
La bajada en el nivel de distribución la corrobora José Rivero, jefe
de la almacenadora Caracas, una de las tres entidades de su tipo que hay
en la ciudad y hasta donde llegan diariamente unas 15.000 cajas CLAP
provenientes del puerto venezolano de La Guaira, donde se realiza todo
el proceso de embalaje.
"De este punto salen diariamente unas 12.000 cajas que repartimos por los diferentes municipios de la ciudad", asegura Rivero. "El CLAP es una herramienta fundamental de la Revolución porque es un muro de contención ante esta guerra económica que estamos afrontando".
El jefe de ese recinto escondido para la mayoría pero que trabaja
sin descanso las 24 horas del día, los siete días de la semana, enseña
lo que viene en una de las famosas cajas con diseño propio.
Empieza a sacar uno a uno los rubros: cinco paquetes de pasta, tres
latas de atún, un kilo de azúcar, un kilo de leche en polvo, medio kilo
de caraotas (frijoles negros), un litro de aceite, un kilo de lentejas,
un kilo de arroz, medio kilo de harina de maíz y un bote de salsa de
tomate.
El costo total por todo son 6.000 bolívares soberanos. Menos de un dólar al cambio. En cualquier supermercado de la ciudad, todo eso costaría unos 100.000 bolívares, 20 dólares aproximadamente.
Imposible o demasiado costoso para la mayoría, en un país donde el
salario mínimo mensual apenas alcanza los 7 dólares. Llama la atención
que la mayoría de los productos que enseña Rivero son de producción
nacional.
El funcionario asegura creer en una Venezuela completamente autónoma
en el futuro: "Para ello hemos puesto en marcha también el Plan Proteína
Nacional y aspiramos a que en unos seis meses podamos ser completamente
autosustentables", afirma.
Es un augurio atrevido porque no hay cifras oficiales al respecto, aunque la lucha sobre este punto es más que necesaria: la proteína es la gran ausente de la caja por motivos obvios.
Producirla intramuros ha comenzado a ser obligatorio para los venezolanos que desean acompañar la pasta con algo más que caraotas en su menú diario. La producción nacional agrícola y ganadera es hacia donde miran las comunidades que reciben el CLAP.
Estos colectivos han comenzado a organizarse bajo los parámetros de una economía de guerra, cada vez más insistentes. Cada vez más conscientes de lo que puede llegar y seguramente llegará. Más bloqueo, más sanciones, menos importaciones, más aislamiento internacional salvo por los aliados tradicionales que ayudan en lo que pueden y no es poco.
Hasta la almacenadora llegan los voceros comunitarios del CLAP que
recogen sus cajas en un camión, en un carro o en varios, y las llevan
hasta su urbanismo. Carmen Mora hace las veces del suyo, ubicado en la
Parroquia Santa Teresa, en pleno centro de Caracas.
Hasta el momento, "puntualmente" llegan —dice— "92 cajas CLAP para 92 familias". La suya es una de las beneficiadas. Tiene 39 años y vive con su esposo y sus cuatro hijos. Ella trabaja en la alcaldía de la ciudad pero —como a casi todos— el salario no le alcanza.
Carmen y sus vecinas son chavistas, pero no lo son todos los que recogen la caja porque la necesidad de comer y ahorrar lo que se pueda no distingue de colores políticos, aunque las apariencias obliguen a esconder determinadas cosas.
En el este de la capital, zona de clase media alta y eminentemente
opositora se ven cajas vacías tiradas en la calle o en las puertas de
sus condominios y los camiones llegan discretos a ese reparto.
Recientemente, el portugués Novo Banco ha rechazado operaciones por el orden de 40 millones de dólares destinados a la importación de semillas y agroinsumos. El banco emiratí Noor Capital ha rechazado la transferencia de 90 millones de dólares provenientes del Plan Nacional de Siembra destinados a los mismos rubros.
Bailando salsa casino al son del miliciano como si no importara nada más que contar los pasos calientes. ¿Acaso no es así?, parecía preguntar el 'milico' con su mirada chillona. Lo que parece es que todo está controlado, a pesar de los pesares, como cantaba el poeta de la esquina.
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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La señora del Estado Carabobo no se fue. Bailó con su remera y su gorra rojas junto al miliciano y junto a los compañeros con los que había venido en autobús a Caracas, cuatro horas de viaje de madrugada, para participar en esta marcha convocada por el Gobierno de Nicolás Maduro.
El motivo: defender algo que consideran muy suyo y una insignia de fortaleza de la Revolución Bolivariana en su peor momento de crisis y asedio. Los CLAP, que son varias cosas. Por un lado, cajas de comida subsidiadas por el gobierno que comenzaron a repartirse por el país en el año 2016.
En aquel año se repartieron, según datos oficiales, 26.567.786 cajas. En 2019 ya se han repartido —a pesar del bloqueo de EEUU— 42.086.449 unidades. Actualmente, llegan a seis millones de familias que viven y sobreviven gracias a 'la caja'. No van a permitir que desaparezca.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio: el diluvio se desplomó sobre los manifestantes
"En nuestra comunidad nos hemos organizado en
Unidades Populares de Defensa Integral", dice la señora de Carabobo. Se
llama Maryuri, tiene 57 años y ha venido junto a su familia y vecinos y
vecinas. "Todos los jefes de comunidad que repartimos el CLAP nos hemos
comprometido con la resistencia revolucionaria en caso de cualquier
eventualidad".

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio
Desde agosto de 2017, cuando Donald Trump impuso sus primeras medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, EEUU ha dictado seis órdenes ejecutivas contra el país caribeño. Las últimas sanciones más relevantes, las del pasado 28 de Enero, fueron directamente contra Citgo, la filial de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) en el país norteamericano.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio
Las sanciones a Citgo no han sido la última batalla de la arremetida estadounidense contra Venezuela. El pasado mes de Mayo, el Gobierno de Donald Trump sancionó a diez de las 12 navieras que trasladaban alimentos a Venezuela. Recientemente, el magnate presidente ha amenazado con acabar directamente con los CLAP.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio
"Si se concretan las sanciones a los CLAP
podríamos ver casi una disminución total al cero por ciento de la
importación de las cajas que todavía están en tránsito", asegura Yomar
España, Director General de Comunicaciones del Ministerio de
Alimentación. "La solución es hacer una caja netamente nacional, de
hecho, ya lo estamos haciendo en algunos estados como Guárico. La
llamamos la caja CLAP 'soberana', completamente autónoma", agrega.
El bloqueo a los alimentos se maneja en cifras complejas, porque es difícil entender con números qué significa dejar sin comer a seis millones de familias. En estos momentos, debido a las medidas coercitivas de EEUU hay 1.200 millones de dólares venezolanos destinados al pago de facturas de alimentos retenidos.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio
"Con ese dinero podríamos importar materia
prima para la producción de alimentos o cajas CLAP completamente
embaladas por más de dos meses", asegura España.
Otra de las medidas que están causando más impacto del bloqueo económico a Venezuela es la prohibición de todas las transferencias internacionales con provisión de financiamiento que salgan del país caribeño o que vayan dirigidas a él. De esta manera, las transferencias internacionales para la compra de alimentos han pasado de realizarse en apenas 48 horas a entre 10 y 20 días. Eso, cuando logran hacerse, que no suele ser lo habitual.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
La marcha a favor de los CLAPs en Caracas, este 8 de junio
La cifra pasó a 60 días en el 2018 y actualmente se encuentra en 147 días. Según datos oficiales que maneja el Ministerio de Alimentación, la distribución ha disminuido un 29% en comparación al mes de febrero.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
Venezuela
es un país que depende de la importación de muchos bienes de primera
necesidad, incluidos los alimentos, pero últimamente cada vez más se ven
componentes nacionales en las cajas de los CLAP
"Antes de las sanciones a los buques de carga
estábamos consiguiendo el objetivo de repartir la caja cada 15 días
entre las comunidades. Logramos una media de 17 días aproximadamente.
Ahora las estamos repartiendo una vez al mes o un poco más, dependiendo
de la zona", apunta.
Es primera hora de la mañana y la actividad es frenética en la
almacenadora. Hay miles de cajas apiladas y decenas de trabajadores
ordenando sus destinos."De este punto salen diariamente unas 12.000 cajas que repartimos por los diferentes municipios de la ciudad", asegura Rivero. "El CLAP es una herramienta fundamental de la Revolución porque es un muro de contención ante esta guerra económica que estamos afrontando".

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
Antes
del recrudecimiento de las sanciones económicas a Venezuela, la caja se
entregaba en una media de 17 días; en condiciones actuales, los comités
logran hacerlo con frecuencia mensual
El costo total por todo son 6.000 bolívares soberanos. Menos de un dólar al cambio. En cualquier supermercado de la ciudad, todo eso costaría unos 100.000 bolívares, 20 dólares aproximadamente.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
El
contenido de las cajas CLAP costaría unos 20 dólares en el mercado,
pero la subvención gubernamental las deja disponibles al pueblo por
menos de un dólar
"Desde que Maduro lanzó el Programa de
Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica en 2017, hemos puesto
en marcha 79 industrias para producir alimentos de la cesta básica". Es
un dato al que se refiere en su entrevista con Sputnik, Yomar España, el
Director General de Comunicaciones del Ministerio de Alimentación.
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REUTERS / Ivan Alvarado
Es un augurio atrevido porque no hay cifras oficiales al respecto, aunque la lucha sobre este punto es más que necesaria: la proteína es la gran ausente de la caja por motivos obvios.
Producirla intramuros ha comenzado a ser obligatorio para los venezolanos que desean acompañar la pasta con algo más que caraotas en su menú diario. La producción nacional agrícola y ganadera es hacia donde miran las comunidades que reciben el CLAP.
Estos colectivos han comenzado a organizarse bajo los parámetros de una economía de guerra, cada vez más insistentes. Cada vez más conscientes de lo que puede llegar y seguramente llegará. Más bloqueo, más sanciones, menos importaciones, más aislamiento internacional salvo por los aliados tradicionales que ayudan en lo que pueden y no es poco.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
"El
CLAP es una herramienta fundamental de la Revolución porque es un muro
de contención ante esta guerra económica que estamos afrontando", dice
José Rivero, a cargo de una de las almacenadoras del programa
Hasta el momento, "puntualmente" llegan —dice— "92 cajas CLAP para 92 familias". La suya es una de las beneficiadas. Tiene 39 años y vive con su esposo y sus cuatro hijos. Ella trabaja en la alcaldía de la ciudad pero —como a casi todos— el salario no le alcanza.
"La caja para mí es un beneficio muy grande,
porque si solo contase con mi sueldo o el de mi marido no podría comprar
todo lo que necesito. Si compro pollo no podría comprar arroz, o si no,
la harina. Es un gran beneficio para el bolsillo y por eso la gente
tiene que saber que hay que apoyar a nuestro presidente Nicolás Maduro",
afirmó.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
El apoyo popular es fundamental para la implementación de los CLAP
"Si se va él, se va la caja. Con la oposición
no tendríamos nada”, termina de hablar antes de volver al trabajo
comunitario. En el edificio dejan clara su ideología revolucionaria. En
la entrada hay posters de Chávez, Bolívar y Maduro encima de la mesita
del café.
Carmen y sus vecinas son chavistas, pero no lo son todos los que recogen la caja porque la necesidad de comer y ahorrar lo que se pueda no distingue de colores políticos, aunque las apariencias obliguen a esconder determinadas cosas.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
En
2019 los CLAPs han repartido —a pesar del bloqueo de EEUU— 42.086.449
cajas de alimentos a unos 6 millones de familias en toda Venezuela
Recientemente, el portugués Novo Banco ha rechazado operaciones por el orden de 40 millones de dólares destinados a la importación de semillas y agroinsumos. El banco emiratí Noor Capital ha rechazado la transferencia de 90 millones de dólares provenientes del Plan Nacional de Siembra destinados a los mismos rubros.

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Sputnik / Esther Yáñez Illescas
Carmen
Mora vive en Caracas con su marido y sus dos hijos: considera que si la
oposición llegara al Gobierno en Venezuela, la caja de los CLAP
desaparecería
"Pero los CLAP no van a desaparecer. Son una
fortaleza indestructible de la Revolución". Es una frase manida, dicha
de una u otra forma por todos los que están convencidos de este
proyecto. A ellos se les cuestiona por el futuro de la caja. Que es
mucho más que una caja de alimentos, porque también es un símbolo de
lucha y organización popular.
En esta ocasión, la frase la dice casi sin darse cuenta, una de las
vecinas que acompaña a Carmen mientras suben piso por piso las 92 cajas
para sus 92 familias. Pero también se escuchó mucho en aquella marcha en
apoyo a los CLAP que terminó en diluvio y con la que esta reportera
comenzaba este reportaje.Bailando salsa casino al son del miliciano como si no importara nada más que contar los pasos calientes. ¿Acaso no es así?, parecía preguntar el 'milico' con su mirada chillona. Lo que parece es que todo está controlado, a pesar de los pesares, como cantaba el poeta de la esquina.
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