Las trampas de la fe
Gustavo Gordillo
Desde luego tengo
en mente el luminoso ensayo de Octavio Paz sobre Sor Juana Inés de la
Cruz. Aunque aquí me concentraré en temas más terrenales, partiendo de
lo central: hoy es un día histórico.
La paradoja del momento actual es entre quienes tienen toda su fe en
que el nuevo gobierno triunfará resolviendo los graves problemas
nacionales, y quienes tienen su fe puesta en que resolver los grandes
problemas nacionales significará que el nuevo gobierno fracase. Esta
paradoja es consecuencia de las restricciones reales que enfrentará.
El gobierno de AMLO enfrenta una cancha marcada por cuatro
restricciones. La primera es lo que llaman en neolingua los mercados, es
decir, el capital financiero. La segunda son los factores externos, que
en nuestro caso quiere decir Trump. En tercer lugar un amplio espacio
integrado por ONG, intelectuales públicos, expertos y centros de
análisis e investigación. Es un conjunto abigarrado y enormemente
disímbolo que sólo por exigencias de un comentario periodístico puede
ser en-globado. En cuarto lugar, los aparatos del Estado incluyendo los
órganos autónomos, fragmentado y capturado en distintas franjas por
poderes fácticos.
La restricción que impone el capital financiero se refiere a la
estrategia de desarrollo y la política económica en específico. Tres han
sido sus actos de fe. Control de la inflación, de las finanzas públicas
y, en términos más amplios, participación discreta del Estado en la
vida económica. Existen en su visión dos anatemas: los impuestos y las
expropiaciones. El constreñimiento clave se impone a través del manejo
gubernamental de las expectativas y, es decir, de la incertidumbre. Para
sus amenazas creíbles tienen a las agencias calificadoras enlazadas con
la capacidad de afectar los mercados financieros.
La restricción que conlleva el contexto internacional debe verse desde dos perspectivas. Por una parte, el zeitgeist –el
espíritu del tiempo– contemporáneo marcado por la confrontación contra
la democracia liberal en medio de la emergencia de una internacional de
gobiernos autoritarios. Trump en Estados Unidos es su producto más
acabado. No sólo es la instalación en el centro del poder imperial de
una coalición racista, misógina y profundamente antiliberal. Es,
también, el personaje que expresa lo más decadente de ese capitalismo de
cuates, corrupto hasta la médula y sin más propósito que ejercer el
poder para sí mismo. El efecto ha sido la propagación de la cultura del
más fuerte, del engaño, la mentira y el uso de cualquier método para
prevalecer.
Por otra parte, la agenda de México con Estados Unidos estará marcada
por el efecto de la resistencia de las instituciones de la democracia
liberal al abuso del poder de Trump. Para los temas claves de seguridad,
combate al crimen, migración y relaciones comerciales se requiere un
profundo diálogo trilateral –Canadá es jugador estratégico– que vaya más
allá de las groseras impertinencias de Trump.
La tercera restricción es más compleja. Es la sociedad civil
organizada, muy activa y muy pequeña, aunque con gran influencia en el
espacio público. Es heterogénea, pero ha logrado cuajar coaliciones
específicas en temas de relevancia nacional, como las campañas de tres
de tres, en contra del fiscal carnal, la solidaridad con Ayotzinapa y,
en general, en luchas por los derechos humanos. Su común denominador es
una profunda desconfianza hacia las credenciales democráticas de AMLO.
Importa que la coalición obradorista no subestime esta coalición
opositora variopinta. Puede ser aliada del nuevo régimen a condición de
asumir que deben desarrollarse auténticos interlocutores del Estado que
oigan y escuchen.
El Estado y sus diversas fracturas y capturas será objeto de mi
próxima entrega. Una izquierda a la altura de los retos contemporáneos
debe enfrentar un reto central: ¿cómo reconstruir el Estado garantizando
pluralismo y participación ciudadana?
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