La UNAM y los riesgos de 2018
Hugo Casanova Cardiel*
La Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM) enfrenta serios problemas de seguridad que,
larvados a lo largo de las décadas recientes, hoy emergen en la
cotidianidad universitaria. El ascenso de la violencia en diversos
espacios de la institución, que ha alcanzado un nivel crítico con el
asesinato de dos personas vinculadas a la compraventa de droga,
constituye sin duda un punto obligado de reflexión y análisis en una
comunidad integrada por casi 400 mil personas.
¿Cómo mantener la histórica posibilidad de los universitarios para
entrar y salir de sus espacios sin impedimento alguno? ¿Cómo mantener el
libre acceso a personas y familias enteras que se acercan al campus
central los fines de semana para disfrutar de un concierto, ver un
partido de futbol o simplemente pasear por sus zonas verdes? ¿Cómo
seguir generando las condiciones básicas de seguridad para los miles de
universitarios y visitantes que diariamente acuden a las aulas,
seminarios, laboratorios y actividades de extensión de la UNAM?Para nadie es un secreto que, desde hace varias décadas, numerosos miembros de la comunidad han enfrentado situaciones de vulnerabilidad en las propias instalaciones universitarias: amenazas, despojo de bienes personales y, en el extremo, asesinatos. Es en este escenario que se inscribe el mercadeo de la droga el cual, amparado en su condición subterránea e indefectiblemente violenta, opera de acuerdo con las reglas y modos que marcan las redes que promueven su producción y tráfico.
Esto quiere decir, en breve, que el trasiego y venta de drogas no puede ser minimizado como un ejercicio meramente local o inofensivo que ocurre ocasionalmente en la
zona de los frontones. Estamos en presencia de un inédito acoso de grupos delincuenciales hacia la comunidad universitaria. Y ello nos lleva a reconocer que el flagelo del narco que azota a nuestro país desde hace varias décadas, ha penetrado amplios espacios sociales, incluido el universitario. La UNAM, ya se ha visto, no está dentro de una burbuja, sino que forma parte de un entramado nacional seriamente lastimado por la violencia y por una serie de decisiones gubernamentales claramente fallidas.
Y debemos recordar que a este país el narco y el delito le han hecho mucho daño y han generado una cifra insólita de muertes: más de 25 mil homicidios dolosos sólo en 2017, de acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Así, sin negar otros graves problemas –como la desigualdad social, el déficit democrático, la corrupción y la injusticia– hoy resulta indispensable reconocer que a la Uinversidad no le hace nada bien lo que está pasando. La pregunta está abierta: ¿qué hacer pues con el problema del narco y la violencia en la UNAM? ¿Qué nos toca hacer de manera individual y, sobre todo, qué podemos hacer como comunidad?
El 2018 nos plantea diversos retos y escenarios cargados de
tensiones: en el plazo inmediato ha de superarse el riesgo de la
impunidad, reclamando el cumplimiento de la justicia en el tema de los
asesinatos; en el mediano plazo debe alejarse el riesgo de que, en el
marco del proceso electoral nacional, fuerzas externas intenten
aprovecharse de la problemática universitaria; y en la dimensión
estructural y de largo plazo resulta crucial trascender el riesgo del
inmovilismo, abriendo una profunda discusión e impulsando políticas
nacionales relativas al consumo de drogas recreativas.
El terreno es por ahora altamente propicio para el lanzamiento de
soluciones milagroo, como dijo un hombre que llegó a ser presidente, para
resolver el asunto en 15 minutos. Y nada más equivocado. En asuntos serios es preciso que los universitarios podamos llevar a cabo análisis profundos y consistentes; que podamos establecer mecanismos de reflexión para trascender las posiciones más radicales –como la entrada de la policía o la dotación de armas a los trabajadores de vigilancia– y que podamos identificar con claridad los riesgos de 2018 para pensar en la construcción de la universidad del futuro.
El gobierno universitario tiene como condición básica el
mantenimiento de un delicado equilibrio entre sus diversas partes y ha
de estar fundado en la razón y la reflexión académicas. Y en la UNAM la
historia nos demuestra que no es con manotazos ni con amenazas como se
resuelven los problemas universitarios y que sólo mediante la sensatez
es posible contender con ellos.
La disyuntiva que hoy enfrentamos estudiantes, académicos y
directivos de las instituciones de educación superior de México –porque
se sabe que la venta de drogas está presente en escuelas públicas y
privadas del país– está muy clara: o mostramos inteligencia y voluntad
para hacer frente a este tema o, tal como ha sucedido en todo el país,
el problema del narco y la violencia terminará por imponerse también en el campus. El futuro, en muchos sentidos, está en nuestras manos.
* Investigador de la UNAM. Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación
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