
La increíble historia del magnate argentino que defiende la memoria de los excombatientes de Malvinas
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Foto: Facundo Sánchez
Eduardo
Eurnekián, es uno de los hombres más ricos de la Argentina. El amor por
su país lo llevó a financiar la reconstrucción del Cementerio de
Darwin, el sitio de Malvinas donde yacen los caídos argentinos en la
Guerra de 1982. Además, pagó el viaje de las familias de los 90 soldados
muertos recientemente identificados.
Eurnekián
es uno de los miembros más prominentes de la diáspora armenia en
Argentina. Nacido en 1932, en Buenos Aires, de padres escapados del
genocidio contra su pueblo, forjó su fortuna a partir de negocios en el
ámbito de las telecomunicaciones y los medios impresos, radiales y
televisivos.
Hoy,
sus grupos empresariales poseen decenas de aeropuertos, la mayoría en
Argentina, pero también en Armenia. Zvarnots, la terminal aérea de
Ereván, está bajo su concesión. Sus operaciones en le han permitido
amasar una fortuna de más de 2.700 millones de dólares, cifra que lo
ubica como el segundo hombre más rico de Argentina.
Pero este hombre de 85 años ha devuelto parte de sus ganancias para
causas filantrópicas de manera silenciosa. La más reciente, según ha
informado el portal argentino Infobae,
es la financiación del viaje a Malvinas para las familias de los 90
soldados argentinos que murieron en combate y cuya identidad se ha
esclarecido recientemente, tras permanecer 35 años "solo conocidos por
Dios".
Fue el magnate del sector aeroportuario el que brindó los recursos
para costear los dos aviones que llevaron a hermanos y madres de
combatientes a ver aquel sitio remoto, en el que hasta hace poco no
sabían en qué tumba llorar a sus muertos.
Ahora,
las placas de mármol negro del cementerio de Darwin —el camposanto
donde yacen 237 de los 649 argentinos caídos en la guerra— rezan un
nombre y un apellido que hasta el momento, para los creyentes solo una
fuerza divina conocía. Esas piedras identificatorias relucientes también
fueron pagadas por Eurnekián.
En realidad, lo fue toda la reconstrucción el Cementerio de Darwin,
según detalla la nota del periodista Alfredo Serra para Infobae. A pesar
de las repetidas promesas dirigidas a los excombatientes y las familias
de los caídos de construir un monumento en memoria de los argentinos
fallecidos en ese rincón de su patria, los gobiernos no lo consideraron
una prioridad.
Fueron las gestiones ante Eurnekián las que dieron resultado: en 2003, el argentino de origen armenio se comprometió a encargarse del cenotafio. Durante poco más de dos décadas, el cementerio consistía en 237 cruces de madera rodeadas de un cerco. Hoy, aún lo sigue distinguiendo la sobriedad, pero también la monumentalidad para honrar la memoria de los familiares.
El constructor fue Hermenegildo Ocampo Chaparro, quien ejecutó un proyecto del arquitecto Carlos Daprile. Partes prefabricadas en la provincia de Buenos Aires partieron primero por camión, y luego por barco de bandera noruega, hasta el archipiélago del Atlántico Sur. El sitio fue montado por siete isleños —entre ellos, una mujer— además de Chaparro y Daprile. Con poca ceremoniosidad y lejos de los reflectores, fue transferido a las familias de los caídos. Además de una gigantesca cruz frente a las hileras con las tumbas, paneles de granito negro tienen los nombres de todos los soldados que murieron en combate.
Eurnekián continuó su vínculo con los caídos en Malvinas y sus familiares, pero no viajó con la comitiva que arribó a las islas el lunes 26 de marzo. En su lugar, para acompañarlos, fue Roberto Curilovic, excombatiente y piloto de uno de los aviones que hundió en 1982 al buque Atlantic Conveyor.
Cuenta Serra en su artículo que muchas personas se preguntaban por qué Eurnekián no fue en esta ocasión. A lo que uno de los viajeros respondió: "Yo sé por qué no vino. Dijo que los únicos protagonistas de este día son aquellos que perdieron a su gente amada".

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REUTERS/ Argentine Presidency

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Foto: Facundo Sánchez
Cementerio de Darwin en Malvinas

Fueron las gestiones ante Eurnekián las que dieron resultado: en 2003, el argentino de origen armenio se comprometió a encargarse del cenotafio. Durante poco más de dos décadas, el cementerio consistía en 237 cruces de madera rodeadas de un cerco. Hoy, aún lo sigue distinguiendo la sobriedad, pero también la monumentalidad para honrar la memoria de los familiares.
El constructor fue Hermenegildo Ocampo Chaparro, quien ejecutó un proyecto del arquitecto Carlos Daprile. Partes prefabricadas en la provincia de Buenos Aires partieron primero por camión, y luego por barco de bandera noruega, hasta el archipiélago del Atlántico Sur. El sitio fue montado por siete isleños —entre ellos, una mujer— además de Chaparro y Daprile. Con poca ceremoniosidad y lejos de los reflectores, fue transferido a las familias de los caídos. Además de una gigantesca cruz frente a las hileras con las tumbas, paneles de granito negro tienen los nombres de todos los soldados que murieron en combate.
Eurnekián continuó su vínculo con los caídos en Malvinas y sus familiares, pero no viajó con la comitiva que arribó a las islas el lunes 26 de marzo. En su lugar, para acompañarlos, fue Roberto Curilovic, excombatiente y piloto de uno de los aviones que hundió en 1982 al buque Atlantic Conveyor.
Cuenta Serra en su artículo que muchas personas se preguntaban por qué Eurnekián no fue en esta ocasión. A lo que uno de los viajeros respondió: "Yo sé por qué no vino. Dijo que los únicos protagonistas de este día son aquellos que perdieron a su gente amada".


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