Concentración económica, poder político y desigualdad
Alejandro Nadal
Desde hace años se sabe
que la tendencia hacia una mayor concentración industrial y
centralización del poder económico es una característica sobresaliente
de la economía de Estados Unidos. Los datos económicos lo han confirmado
periódicamente, por ejemplo con información sobre control de parcelas
de mercado o sobre el valor de mercado de los activos de una empresa. Y
el crecimiento del sector financiero y sus oportunidades de espacios
especulativos agravó esta tendencia.
Recientemente Luis Zingales (economista de la Universidad de Chicago)
publicó un estudio sobre la dinámica de este proceso en Estados Unidos.
Una de sus principales conclusiones es que el vínculo entre poder de
mercado y la influencia política forma un círculo vicioso. El mayor
poder económico es utilizado para incrementar el dominio político
mediante actividades que van desde el cabildeo más o menos ilegal, hasta
lo que se ha llamado la captura regulatoria. Este último fenómeno consiste en debilitar y controlar las agencias regulatorias encargadas de aplicar la normatividad vigente. Para Zingales este proceso es comparable al que existía en la dinastía de los Medici en el siglo XV en Italia: el dinero era usado para obtener poder político y el poder político era empleado para ganar más dinero. Así de sencillo era el círculo vicioso de los Medici.
Para apreciar la importancia de este análisis hay que recordar que la teoría económica dominante considera a las empresas como entidades que bien pueden tener poder económico, pero no pueden afectar las reglas del juego político. Sin embargo, en el mundo real las grandes corporaciones contratan intermediarios que se aseguran de introducir nuevas leyes, modifican las vigentes y adecuar los reglamentos existentes para reducir los costos de las empresas dominantes o para abrir el paso a todo tipo de prácticas monopólicas en detrimento de consumidores y del medio ambiente. Los ejemplos de todo lo anterior abundan, ya sea en el ámbito de la salud humana, sanidad vegetal, seguridad internacional o estabilidad financiera. El despliegue de actividades de los grupos de cabildeo o lobby de la industria farmacéutica, agro-alimentaria, militar o del sector financiero en Washington son un testimonio elocuente de cómo opera la cadena de transmisión del círculo vicioso identificado por Zingales.
La importancia de este fenómeno en Estados Unidos ha sido estudiada por muchos investigadores. La concentración industrial y la falta de competencia que conlleva ha sido vinculada con varios problemas graves que aquejan a la economía estadunidense. Entre ellos destaca la falta de competividad internacional, la menguante participación del trabajo en el ingreso nacional y la creciente desigualdad. En realidad, la deformación de las estructuras económicas en Estados Unidos en las últimas décadas es producto de este proceso de concentración de poder económico y político.
Pero el problema no es privativo de ese país. El último
informe anual de UNCTAD sobre comercio y desarrollo (publicado el pasado
septiembre) muestra que este tipo de círculo vicioso es un rasgo
prominente de la economía mundial. Las tres décadas de neoliberalismo y
de globalización condujeron a un fuerte incremento en la concentración
de mercado y a la proliferación de lo que Keynes llamaba capitalismo
rentista (se refería a una clase social que obtiene ganancias por la
simple propiedad de activos en lugar de hacerlo a través de una
inversión productiva). El estudio de UNCTAD cubrió 56 países de
distintos grados de desarrollo durante el periodo 1995-2015. O sea que
bajo el neoliberalismo la tendencia a una mayor concentración industrial
corta todas las diferencias entre países.
Hay otra consideración por la que este tema no puede quedar en un
segundo plano. La concentración industrial es casi siempre vista como un
problema sectorial cuyos efectos se circunscriben al ámbito de cada
rama de actividad. Así, el problema es considerado limitado a la
cuestión de cuántas empresas grandes coexisten en cada rama (jabones o
automóviles, por ejemplo) y las implicaciones sobre el bienestar de los
consumidores de esos bienes. En realidad, el problema tiene una
dimensión macroeconómica y la misma idea del círculo vicioso nos permite
ver ese aspecto del problema con mayor claridad.
Varios estudios confirman hoy que la creciente concentración
industrial promueve mayor desigualdad porque cuando las estructuras
competitivas se ven distorsionadas, existe mayor probabilidad de
aumentos de precios anti-competitivos con efectos regresivos. La
generación de poder de mercado busca incrementar la recompensa al
capital y contribuye a perpetuar la desigualdad.
Hoy hasta el Fondo Monetario Internacional está preocupado por el
tema de la desigualdad. Pero las fuerzas que han generado este problema
no se podrán resolver con algunas medidas cosméticas. Los complejos
vínculos entre la concentración industrial y el poder político más bien
indican que se trata de uno de los aspectos más profundos de la
evolución del capitalismo mundial.
Twitter: @anadaloficial
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