#132: asomarse al futuro de una nación
Alejandro Nadal
El movimiento de los jóvenes estudiantes y no estudiantes tiene una
lucidez envidiable. A través de su fuerza y rebeldía genuina expresa el rechazo
de los tres candidatos que proponen la continuación y profundización del
neoliberalismo. Y que, dicho sea de paso, han sugerido también el
fortalecimiento de los sistemas represivos del Estado mexicano. El movimiento
estudiantil tiene razón porque ese modelo y el paquete de políticas que lo
sustenta está basado en la desigualdad, la precarización del trabajo y la
explotación.
El neoliberalismo ha dejado un legado de pobreza y destrucción que llevará
décadas superar. En materia educativa tenemos un rezago del que será difícil
salir. Mucho han dicho los candidatos del neoliberalismo sobre la necesidad de
impulsar un proyecto educativo, pero no han hablado sobre el daño que el PRI y
el PAN le han causado al país al restringir la inversión en educación.
La gráfica muestra la evolución del gasto en educación media y superior
durante los últimos 35 años. Los datos provienen de un análisis del economista
Marcos Chávez y están en pesos reales de 2010. El gasto ha sido dividido entre
la población estudiantil media y superior para reflejar de manera realista lo
que los gobiernos federales han ido invirtiendo en este segmento de la
educación.
Se puede observar en la gráfica que las dos curvas muestran claramente el
desplome de la década de los años 80. En el ciclo 77-78 el gasto por estudiante
en el segmento de educación media era de mil 400 pesos (todas las medidas son en
pesos de 2010) y 10 años después el gasto era de sólo 616 pesos. Hacia finales
del sexenio de Salinas el gasto parece irse recuperando, pero como el modelo
neoliberal se nutre de ciclos de expansión insustentables, eso no era
sustentable. El terrible ajuste impuesto sobre la población a raíz de la crisis
de 1994-95 nuevamente reduce el gasto hasta mil 105 pesos por estudiante en
1999. A partir de esa fecha, los recursos invertidos por estudiante se mantienen
estancados y hoy, al concluir el ciclo 2011-2012 el gasto por estudiante en el
nivel de enseñanza media se sitúa al mismo nivel que el gasto de hace 35 años,
unos cuatro pesos diarios.
La serie de datos sobre el gasto en la educción superior arranca con 4 mil
110 pesos por estudiante en la matrícula de educación superior para el ciclo
1977-78. Al igual que el caso anterior, se observa un desplome en los años 80
superior, de tal modo que el gasto se reduce en más de 50 por ciento hasta
quedar en mil 866 pesos en el ciclo 85-86. Después sobreviene la engañosa
recuperación en el gobierno de Salinas. La crisis de 1994-95 tuvo un efecto
destructivo sobre el gasto en educación superior. Y como muestra la gráfica, hoy
estamos por debajo del nivel que tenía México en 1977-78.
¿No había recursos? Claro que los hubo, pero el dúo PRI-PAN escogió
canalizarlos para pagar el servicio de la deuda pública, en buena medida
engordada por fraudes como el Fobaproa.
En síntesis, México tiene un atraso de 30 años en lo que concierne al gasto
en educación media y superior. Los programas que ya ofrece el gobierno de
créditos para la educación no son la respuesta. Aún en países como Estados
Unidos esos créditos son hoy un pesado componente del endeudamiento de los
hogares y contribuyen a la crisis financiera. En México el gobierno insiste en
llamarles
becas crédito, pero en realidad se quiere esconder el hecho de que el derecho a la educación se convierte en una mercancía que hay que pagar a plazos.
Detrás de estos datos se esconde un terrible proceso de precarización del
trabajo y de castigo salarial. Datos oficiales (de la Encuesta Nacional de
Ocupación y Empleo) revelan que 57 por ciento de la población ocupada con un
ingreso reciben hasta tres salarios mínimos (5 mil 400 pesos). Ese monto no
alcanza para sobrevivir: el modelo neoliberal no puede proporcionar empleo ni
prestaciones y niveles decentes de ingreso para la gran mayoría de la población.
Hoy en México, 34 por ciento de los desempleados tienen niveles de educación
media y superior. Eso significa que la educación no es un factor de movilidad
social.
La demagogia neoliberal, que todo distorsiona, repite a los jóvenes que son
el futuro de México. Pero no les dice que les ha hipotecado el porvenir y que
pretende coartar su libertad al condenarles a pasar la vida en un régimen de
trabajos forzados por las condiciones de precariedad e inestabilidad. Y con todo
eso, los candidatos del neoliberalismo todavía reclaman para que se introduzcan
las reformas estructurales entre las que destaca la completa desregulación de
las relaciones laborales para que el capital pueda disponer del trabajador como
material gastable. Como si la reforma laboral no se hubiera ya impuesto bajo el
neoliberalismo por la vía de los hechos. Al asomarse al futuro de la Nación, la
rebelión estudiantil tiene razón en cuestionar a los candidatos del modelo
neoliberal.
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