Mensaje al Norte: Bien… hablemos de terrorismo
Escrito por Nicanor León Cotayo
El brutal golpe terrorista contra la Airline Brokers, situada en una céntrica zona del condado Miami-Dade.
Al estilo del famoso perro del cuento tropezaron de nuevo con la misma piedra, y se adentran con ligereza en un terreno donde los cubre un techo de finísimo cristal.
El pasado jueves 30 de mayo, el Departamento de Estado volvió a divulgar su lista sobre los países que, a su juicio, son patrocinadores de terrorismo.
Una vez más incluyó a Cuba entre sus crucificados por tal denominación, al igual que a otras naciones, como Venezuela, renuentes a seguir los dictados de Washington.
Pero al estilo del famoso perro del cuento tropezaron de nuevo con la misma piedra, y se adentran con ligereza en un terreno donde los cubre un techo de finísimo cristal.
Como las múltiples acciones terroristas hacia Cuba conforman ya una muy extensa cadena, baste citar algunos ejemplos –entre mil- para ofrecer una pálida visión del todo.
Apenas un mes después del triunfo de la Revolución, el dos de febrero de 1959, fue arrestado a bordo de una avioneta el estadounidense Allen Robert Mallen, el cual tenía la misión de asesinar a Fidel Castro.
El 21 de octubre del mismo año, aviones procedentes del Norte bombardearon La Habana con un saldo de dos muertos y 45 heridos recogidos en calles de la sorprendida población capitalina.
Algunos meses después, el cuatro de marzo de 1960, resultó destrozado en el Puerto de La Habana el barco francés La Coubre cuando de sus bodegas descargaban, entre otras cosas, cajas con granadas de fusil para las fuerzas armadas del país.
Una segunda explosión golpeó a quienes auxiliaban a las primeras victimas y completó el balance inicial de unos 100 muertos, más de 200 heridos y edificios colindantes afectados.
Después se comprobó, tanto en Bélgica, de donde salió el cargamento, como a través de rigurosos análisis hechos en Cuba, que la CIA no fue ajena a lo ocurrido.
A mediados de abril de 1961, la Casa Blanca lanzó una invasión militar contra Cuba en Playa Girón (o Bahía de Cochinos), con el empleo de unos 1 500 mercenarios de origen cubano.
Quienes los enfrentaron y vencieron sobre el terreno sufrieron más de 150 muertos y unos 800 heridos, y antes, entre otros actos de terrorismo, bombardearon aeropuertos del país e incendiaron La Época, famosa tienda capitalina donde murió combatiendo el incendio la trabajadora Fe del Valle.
El entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, de manera pública asumió la responsabilidad de su gobierno por la agresión contra Cuba. ¿Y la ONU? ¿y la OEA? Silencio.
Pero las acciones terroristas no se detuvieron ahí, aunque se tornaron pálidas cuando el 6 de octubre de 1976 agentes de la CIA de origen cubano destruyeron en pleno vuelo un avión civil de la isla donde viajaban 73 personas, todas muertas.
Los autores intelectuales, que operaron desde Caracas, fueron ampliamente descritos –y existen pruebas concretas- por los cuerpos policiales de Venezuela, Trinidad Tobago y Barbados.
Sus nombres: Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Avila (ya fallecido), valorados por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos como los más peligrosos terroristas de la región.
El gobierno de Washington impidió que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas examinara lo acontecido en el acto terrorista de Barbados, que según divulgaron en Washington fue “un accidente”.
Estimulados desde el Norte los desmanes terroristas, el 28 de abril de 1979 fue asesinado en una calle de San Juan, Puerto Rico, el joven cubano de 26 años de edad, Carlos Muñiz Varela, a quien le destrozaron el cráneo con el disparo de una pistola calibre 45.
¿Delito de Muñiz Varela? Administrar la empresa de viajes Varadero, que realizaba vuelos de reunificación familiar a Cuba y formar parte de una brigada juvenil que propugnaba nobles intercambios con su nación de origen.
Según opinó el diario The Miami Herald el tres de mayo de aquel año, el asesinato de ese joven cubano “podría ser el inicio de otra oleada terrorista en el sur de la Florida si las autoridades federales no intervienen rápidamente”. La vida dio en esto la razón al Herald.
En 1976, la explosión de un coche-bomba le cortó las piernas al director del noticiero de una emisora de Miami, la WQBA-AM, Emilio Milián. ¿Pecado de este último? Llamó a cesar la violencia cuando la ultraderecha de origen cubano hacía constante uso de esta.
También la emplearon contra relevantes artistas cubanos invitados a presentarse en aquella ciudad, al estilo de Rosita Fornés y Luis Carbonell, así como destrozaron públicamente copias de discos de cantantes latinoamericanos porque actuaron en La Habana.
En Miami se han movido sin dificultades gente como Rodolfo Frómeta y Eduardo Arocena, jefes respectivamente de las pandillas terroristas Comandos F-4 y Omega 7.
Con la presencia de esos malhechores en Miami, junto a Posada Carriles, nunca investigados y mucho menos reprimidos, tuvo lugar el brutal golpe terrorista contra la Airline Brokers, situada en una céntrica zona del condado Miami-Dade.
Se trata de una agencia de vuelos charters que tomó parte en la organización de viajes hacia Cuba, durante la visita del papa Benedicto XVI en marzo de 2012, con el objetivo de trasladar a creyentes religiosos asentados en Miami.
Todo el mundo recuerda la rígida oposición a esa visita y a esos traslados de creyentes a La Habana por parte de los congresistas republicanos Ileana Ros-Lehtinen y Marco Rubio.
Observadores han estimado que tales pronunciamientos de Lehtinen y Rubio en parte sirvieron de justificación a quienes incendiaron y casi destruyeron a la Airline Brokers.
De ahí que la nueva inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, fabricada en solitario por Washington, semeje, como mínimo un monumento al sarcasmo.

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