Paso de Obama por México: Dorando la píldora
Escrito por Arnaldo Musa
Agentes de la DEA en México La ofensiva obamística incluyó contactos en Centroamérica, la mayor parte dependiente de la economía norteamericana, pero fue México la razón central de su viaje
El primer periplo del presidente norteamericano por Latinoamérica después de su reelección, tuvo como punto lógico a México, por ser una nación atada a Estados Unidos por un Tratado de Libre Comercio, integrado también por Canadá; con amplios límites fronterizos en eterna lucha por la constante emigración, ser zona de narcotráfico y tráfico de armas procedente del Norte; y representar un punto para la aún mayor expansión económica de las transnacionales.
La ofensiva obamística incluyó contactos en Centroamérica, la mayor parte dependiente de la economía norteamericana, pero fue México la razón central de su viaje, en el que buscó una aún más apertura del libre comercio e inversiones, con intentos de penetración en empresas públicas del vecino.
El periplo de Obama había sido precedido por afirmaciones del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, de que Petróleos Mexicanos (PEMEX) no sería privatizado, aunque si aceptaría alguna inversión en aras de su desarrollo, así como en otros proyectos en los que participarían tanto el capital público como el privado.
Asimismo, se eliminó la preocupación norteamericana acerca de un nuevo programa mexicano en relación a la seguridad (léase combate al narcotráfico, trasiego de armas procedentes del EE.UU. para entes mafiosos y flujo de la emigración fronteriza), donde México no halló toda la flexibilidad necesaria al importante problema y Obama solo puede prometer una reforma sujeta a los vaivenes parlamentarios, en general adversos.
Lo más increíble fue la seguridad dada a los agentes antinarcóticos norteamericanos para que sigan el combate al tráfico de drogas, cuando hacen y deshacen desde hace años en México.
Al respecto, afirma el escritor mexicano Jesús Esquivel que “la gente de la DEA se ríe del tema de la soberanía mexicana (…) Todos los agentes van armados incluso a reuniones de alto nivel, ni los policías ni los militares los revisan (…) Investigan con plena libertad en territorio mexicano en operaciones encubiertas (…) Algunos agentes al regresar a su país aprovechan lo que han aprendido en este lado para ayudar a los criminales de allá”.
A partir de varias entrevistas, el escritor cuenta cómo los 54 agentes que la DEA tiene en México, trabajan mediante entre 15 y 30 informantes –policías o narcotraficantes- a los que pagan de 500 a 7 000 dólares. En sus dos Oficinas Binacionales de Inteligencia (una en Ciudad de México y otra en la norteña entidad de Nuevo León), cuentan con “la tecnología de espionaje más avanzada de Estados Unidos”.
“No les interesan los mexicanos y no están aquí para descubrir a narcos o funcionarios corruptos, sino para eliminar rutas o cargamentos de droga que van a Estados Unidos. Ellos, de acuerdo al periodista, se rigen por reglas no escritas, como aquella que les permite portar armas en los hechos aunque en las palabras ambas naciones lo nieguen.
LO QUE INTERESA A EE.UU.
En todo esto, repito, esta el interés estadounidense en reservarse las ganancias de las principales riquezas de una nación en las que las cifras del crecimiento son engañosas, en un ambiente neoliberal donde once millonarios contrastan con los 52 millones de pobres, lo que no puede jugar con la promesa oficial de convertir a México en un Estado desarrollado emergente.
Del cuestionado Peña Nieto, realmente con una popularidad gracias a un buen discurso, carisma y una campaña mediática encabezada por Televisa, se puede decir que está tratando de abrirse paso en circunstancias difíciles.
Y es porque hereda a gobiernos que no han mostrado el interés necesario por la redistribución de las riquezas y enfrentar la enorme desigualdad y su apéndice el hambre, caldo de cultivo para tantos males que se multiplican y convierten a la hermana nación en territorio obligado del narcotráfico y la criminal guerra que deriva de ello; el tráfico de armas y la dependencia a un vecino que no la quiere y la desprecia, por mucho que diga Obama.
Sus declaraciones iniciales fueron un buen comienzo, como eso de emprender la Cruzada Nacional contra el Hambre como una de sus 13 acciones iniciales, en la que también descuella la Reforma Educativa, todo enmarcado en intentos loables para alcanzar la seguridad alimentaria que hoy no se tiene.
El mandatario inició este año un ambicioso plan de apoyo tanto a los productores de autoconsumo como a quienes ya producen excedentes, de manera especial a los ejidos y comunidades agrarias.
Con un tema nada agotado, hay que subrayar que Enrique Peña Nieto, quien inteligentemente ha evitado que lo relacionaran con los antiguos “camajanes” de la política mexicana, quienes sentaron “cátedra” en su Partido Revolucionario Institucional, tiene enfrente una dura realidad, con un neoliberalismo galopante que ha convertido a México en un país importador de rubros en los que fuera exportador.
Solo si algún día se eche abajo esta estructura de poder, se podrá intentar un honesto intento de democracia, pero con el llamado pragmatismo eufórico, al que solo le interesan los resultados, como admite el Presidente, no es difícil, sino imposible lograrlo.

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