sábado, 27 de julio de 2013

Mercenarios turcomanos participan en la guerra de Siria

Mercenarios turcomanos participan en la guerra de Siria
© AFP/ Bulent Kilic16:34 22/07/2013Arkadi Dubnov, RIA Novosti.

Recientemente se supo que entre los nueve combatientes islámicos abatidos en uno de los ataques de aviones no tripulados de EEUU en la región pakistaní de Waziristán, dos eran nacionales de Turkmenistán.
Las autoridades paquistaníes no han podido todavía establecer su identidad. Waziristán se encuentra en la frontera con Afganistán y está habitada por población de la etnia pastún.
Una de las páginas web creadas hace poco por las autoridades turcomanas para contrarrestar las informaciones que tratan de empañar la imagen del país en el exterior se apresuró a descalificar estas informaciones, tachándolas de amarillistas. Y las comparaba con la “imparcialidad con la que había tratado este tema hace dos o tres semanas el canal estatal ruso ORT”.
Lo curioso no sólo es que los contrapropagandistas turcomanos parecen no haberse enterado de que la mencionada cadena rusa ha cambiado de nombre hace bastante tiempo ya y que hay otras televisiones rusas que también han tratado el asunto de los combatientes turcomanos en las filas de la oposición siria…
El problema no es este. Los intentos de las autoridades turcomanas de tapar lo evidente son inútiles y altamente perjudiciales: mercenarios procedentes de Turkmenistán y de otros países de Asia Central participan en los combates en Siria; del mismo modo que antes participaron en la guerra de Afganistán.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Turkmenistán emitió los últimos días de junio un comunicado en el que calificaba de inexacta la información incluida en el reportaje de los canales Rusia 1 y Rusia 24. En el reportaje, bajo el título de ‘La yihad islámica radicaliza a la oposición’, se muestra el interrogatorio por parte de las fuerzas gubernamentales sirias, a un combatiente de la oposición de nombre Rovshán Gazzákov. Los diplomáticos turcomanos se refieren a él como a un “supuesto ciudadano” de Turkmenistán. Y reprochan a Moscú que ese tipo de reportajes no ayudan a desarrollar las buenas relaciones entre los dos países.
La actuación de Asjabad parecía especialmente fuera de lugar dado que las autoridades turcomanas ya estaban al tanto, gracias a Ankara, de la participación de sus nacionales en el conflicto sirio.
Fueron informados del tema por primera vez en el curso de una visita a Turkmenistán realizada por el presidente de Turquía, Abdullah Gül, a finales de mayo y principios de junio de este año. Dos semanas antes de la emisión del programa en las televisiones rusas, un grupo de representantes de los servicios secretos turcomanos fue enviado urgentemente a Turquía con objeto de trazar las huellas de los ciudadanos turcomanos que habían cruzado la frontera turca para unirse a las fuerzas de la oposición siria. Dos semanas después, partió para Turquía otro grupo de los servicios de inteligencia y de vigilancia de los flujos migratorios.
Según los periodistas que cubren la información del conflicto sirio, la agencia de noticias estatal Anna News dispone de un gran archivo de vídeos con los interrogatorios a combatientes de la oposición hechos prisioneros. En esos interrogatorios no es raro que participen como testigos periodistas internacionales. De hecho, en el vídeo del interrogatorio de Rovshán Gazzákov, se pueden escuchar voces en turco, turkmeno, inglés y árabe. Es posible que las televisiones rusas lograran el vídeo precisamente gracias a la agencia Anna.
Al parecer, Rovshán Gazzákov y otro combatiente son turkmenos, nacidos en los alrededores de Asjabad. Allí mismo recibió una primera formación militar en uno de los grupos terroristas. Después fue enviado primero a Estambul y luego a la frontera siria.
Según parece, en el ordenador de Gazzákov hay un vídeo en el que se muestra cómo envía a uno de sus subordinados a autoinmolarse con un automóvil cargado de explosivos ante la cárcel de Alepo. También habría un vídeo en el que se puede ver a su hijo de cinco años aprendiendo a fabricar una bomba.
Las autoridades turcas empezaron a mostrar su preocupación cuando se hizo notorio que volvían de Siria a Turquía combatientes turcomanos para descansar o reponerse de sus heridas. Algunos de ellos habían sido reclutados en la propia Turquía, donde se habían desplazado de forma organizada por motivos de trabajo.
Otra parte habría sido reclutada directamente en Turkmenistán. De modo que las autoridades turcas no están sólo preocupadas por el importante número de “turcomanos turkmenos” (en Turquía hay turcomanos que no son nacionales de Turkmenistán), que viven en el país gracias a las facilidades otorgadas a los nacionales de las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, a los que no se les exige visado para entrar en Turquía.
Fuentes bien informadas del interior de Turkmenistán aseguran que recientemente fue arrestado en la parte occidental del país, el líder de un grupo salafista, un joven de 30 años que había estudiado en Siria y Egipto. Tenía un blog en Internet, formaba grupos y hablaba de la yihad.
Por extraño que parezca, la influencia más importante de la propaganda salafista se da en las ciudades de los alrededores de Asjabad: al oeste de la ciudad y al norte de ésta. En esos lugares, prácticamente toda la vida social está definida por los mandamientos de la sharia: el alcohol está prohibido, se quitan manu militari las antenas de televisión por satélite y todo el mundo respeta unos determinados códigos en el vestir. Estas comunidades viven de los ingresos derivados del transporte de mercancías.
Además, la sharia rige también en el distrito de Majtumkuli, en la frontera con Irán.
Vivir de acuerdo con los mandamientos del Islam está de moda en Turkmenistán. “Pronto llegará un tiempo en el que todo el mundo vivirá de acuerdo con las leyes de Alá”: esta frase la pudo oír un conocido mío de forma casual en una comisaría de Asjabad mientras hablaban por radio dos policías.
Dentro de la policía de la capital hay varias células de “auténticos musulmanes”, que gustan de exhibir que no beben, no fuman, rezan las veces que son necesarias y son muy celosos en la lucha contra la bebida y la degeneración moral. Acusan a las mujeres vestidas a la occidental de “conductas indebidas”, sobre todo si se les ocurre mostrarse al caer la tarde.
Lo que ocurre en Turkmenistán es en realidad muy parecido a lo que sucede en otras regiones del mundo islámico, en las que la radicalización de las opiniones está ligada a Internet, a una cierta propaganda bien modulada y al desprestigio de las autoridades laicas, a las que se asocia con la corrupción, el nepotismo y la injusticia.
El peligro de la situación en Turkmenistán está en que el Gobierno de Asjabad esconde la cabeza en la arena, haciendo como si la amenaza de una deriva hacia la lucha armada del islamismo radical no fuera con él.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA

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