Venezuela es América Latina
Sergio González Gálvez *
No cabe duda de que el llamado
Grupo de Lima, al que México aún pertenece, ha llevado a cabo un
legítimo esfuerzo en la búsqueda de una solución a los conflictos
internos entre diferentes grupos políticos en Venezuela, hasta que
sorpresivamente, o impulsado por algún país, decidió tratar de aplicar
medidas coercitivas sin base jurídica alguna, pues bien sabemos que a
escala internacional, el único órgano autorizado a hacerlo, conforme a
la Carta de la ONU, es el Consejo de Seguridad de ese organismo, y en
casos excepcionales, su Asamblea General, sobre todo cuando enfrentamos
el veto de un miembro permanente del citado consejo.
En segundo lugar, el que un grupo de países de la región califique la
legalidad de lo que acontece en una nación, distorsionando el objetivo
de la Carta Democrática, y desconozca a un gobierno va más allá de
cualquier norma en vigor, y si esa decisión es una respuesta a
violaciones masivas de derechos humanos, lo que conduce hacer conforme a
derecho y convenciones vigentes no es aplicar sanciones, sino denunciar
esos hechos al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y a
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, para que
evalúen y tomen las medidas del caso, sin adjudicarse facultades que
nadie les ha conferido en materia tan importante.
Y por último, un comentario sobre el tan llevado y traído concepto de
no intervención en los asuntos internos y externos de los estados, que
al contrario de lo que algunos afirman, continúa vigente a todos los
niveles, al grado de que nadie en la comunidad de naciones lo pone en
duda como se define en la Carta de las Naciones Unidas, de la OEA y en
su mejor definición en la resolución de la Asamblea General de la ONU
2625 (XXV), sin olvidar que ese precepto ha ido evolucionando conforme
los países aceptan, repito, aceptan más compromisos internacionales y
del cual un importante corolario lo constituye la llamada Doctrina
Estrada, enunciada por primera vez el 27 de septiembre de 1930 por el
entonces canciller de México, Genaro Estrada, en el que se señala que
nuestro país no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos a
otros gobiernos porque considera que es una práctica denigrante que,
además de herir la soberanía de otras naciones, las coloca en la
situación de que sus asuntos internos puedan ser calificados en
cualquier sentido por otros gobiernos, que de hecho asumen una actitud
favorable o desfavorable sobre la capacidad legal de regímenes
extranjeros.
En consecuencia –sigue diciendo la tesis señalada–, el gobierno
mexicano se limita a mantener o retirar, cuando lo crea pertinente, a
sus agentes diplomáticos y a continuar aceptando, cuando también lo
considere pertinente, a los similares agentes diplomáticos que las
naciones respectivas tengan acreditados en México. Cuando hemos tomado
otras acciones, como en los casos de Pinochet y Franco, fue para
proteger a su población, no para calificar lo que en esos queridos
países acontece.
Por otra parte, recordemos que desde el siglo pasado hasta los años
20, el reconocimiento de gobiernos mexicanos se condicionó, en la
mayoría de los casos, siempre a la satisfacción de intereses
extranjeros. Baste recordar que el reconocimiento al gobierno del
presidente Obregón llevó tres años de negociaciones y culminó con un
alto costo para el país, y el rechazo a declarar el desconocimiento de
un gobierno fue considerado de tal importancia por nuestra nación que
inclusive lo invocamos en la Liga de las Naciones en casos como el
conflicto de Leticia entre Perú y Colombia, en 1932; en la guerra del
Chaco entre Bolivia y Paraguay, y ante la invasión de Japón a Manchuria,
así como la de Italia a Abisinia y la de Alemania a Checoslovaquia y
Polonia.
Por último, el gobierno de Washington, cuyas acciones en nuestro
continente al parecer siguen influenciadas por la llamada Doctrina
Monroe, es decir, ‘las Américas para los norteamericanos’, ha
reaccionado a la presencia de armamento ruso en Venezuela y
financiamientos chinos vinculados a exportaciones petroleras, con
amenazas de una intervención armada, sea directamente o por medio de
otros países, lo que afortunadamente ya provocó un rechazo inclusive del
Grupo de Lima y estamos seguros, en breve, directamente de nuestro
país.
* Embajador emérito. Escribe a título personal
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