Agricultura campesina de ladera y Miaf
Antonio Turrent Fernández*
Catorce millones de hectáreas,
de las 31 que hay de tierra de labor en México, se cultivan en laderas
con pendientes moderadas a fuertes (8 a 30 por ciento) hasta abruptas
(mayores a 30 por ciento); todas, sin protección contra la erosión
hídrica, lo que las degrada progresiva e inexorablemente. Estas tierras
son manejadas en pequeñas unidades familiares de producción (Pufp) con
menos de cinco hectáreas. Hay más de 2.7 millones de éstas. El sector
agrícola campesino realiza, por lo menos, cuatro funciones esenciales
para el país: 1) ser la mayor fuente de empleo del sector rural, 2)
producir más de 30 por ciento de los alimentos que se consumen en el
país, 3) ser el principal mayordomo de la agrobiodiversidad domesticada
en Mesoamérica y del recurso suelo en laderas, y 4) proporcionar los
maíces nativos que son insustituibles en la cocina pluricultural
nacional y para el cultivo de tierras marginales.
De manera errónea, a partir del sexenio de Carlos Salinas de Gortari,
ha considerado un sector marginal, inviable económica y ecológicamente e
incapaz de competir en el TLCAN. Por lo tanto, el apoyo que ha recibido
del gobierno ha sido sólo asistencialista. La ciencia, el
extensionismo, el financiamiento, el seguro agrícola, la
comercialización, etcétera, le han sido prácticamente negados. Este
tratamiento oficial de los pasados 30 años ha empujado al sector de las
Pufp hacia la crisis económica y ecológica que ya es evidente. Éstas
sólo pueden empeorar con el cambio climático inminente. Los eventos de
sequías, altas temperaturas y lluvias torrenciales –todas de desastre–
serán más frecuentes y causarán la migración, el debilitamiento de sus
funciones esenciales para el país y el cambio a cultivos ilegales.El gobierno debe hacer un gran esfuerzo para rescatar este sector clave. Así como su crisis es multidimensional, de la misma manera el esfuerzo corrector ha de ser multiobjetivo e integral. Ya no es suficiente, como fin, incrementar el rendimiento de sus cultivos. Debe, además, atender por lo menos: 1) aumentar radicalmente el ingreso familiar, 2) proteger al suelo contra la erosión, 3) restaurar y estimular la agrobiodiversidad y el cultivo de sus semillas nativas, 4) incrementar la infiltración del agua de lluvia, y 5) incrementar la fijación de carbón atmosférico.
No hay en México, y probablemente en el mundo, mejor tecnología para corregir la crisis del sector que el de la milpa intercalada en árboles frutales (Miaf). Ésta es una tecnología agroecológica multiobjetivo desarrollada por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) y del Colegio de Posgraduados (CP) durante más de 30 años de colaboración. La Miaf es un desarrollo a partir de la agricultura tradicional del área de Huejotzingo, Puebla, y de avances científicos internacionales para el manejo agrícola sustentable de laderas. Consiste en hileras de árboles frutales plantados en contorno bajo manejo moderno intensivo, que alternan con tiras dedicadas a la milpa. Se logra mayor infiltración del agua de lluvia y protección contra la erosión hídrica como producto de la interacción entre un laboreo ligero, el agua de lluvia, la pendiente y un filtro de escurrimientos que se apoya sobre la hilera de árboles frutales. El filtro es un camellón de residuos de cosecha y poda de este tipo de árboles que se instala cada año antes del inicio de las lluvias. Los frutales contribuyen al incremento radical del ingreso familiar, de la biodiversidad, a la captura del carbono atmosférico y a su ubicación más profunda en el perfil del suelo.
La milpa intercalada con árboles frutales es compatible con el
paradigma de la agricultura tradicional campesina y con el de la
convencional. Sin embargo, es intenso en conocimiento debido
principalmente al manejo de los árboles frutales. Su dominio tecnológico
actual incluye a la fracción mayoritaria de los 14 millones de
hectáreas de laderas que cuentan con temporal benigno. Por razones
obvias, presupuestales y de apremio, la Miaf debería ser aplicada de
manera prioritaria a las pequeñas unidades familiares de producción que
aún tienen tierras no degradadas y en pendientes fuertes, que avanzan
hacia las más degradadas y que están menos inclinadas.
El número de investigadores del Inifap y del CP que ha intervenido
directamente en el diseño y aplicación de la Miaf es muy reducido, en
contraste con la magnitud del dominio tecnológico de esa técnica. Por
eso, es preciso que el sistema universitario que atiende al campo
incluya la Miaf en sus planes de estudios. El programa de gobierno
Sembrando Vida incluye la Miaf entre sus objetivos y será el primer paso
hacia su escalamiento.
* Investigador del Inifap y del CP; UCCS. Investigador Nacional Emérito del SNI.
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