sábado, 28 de abril de 2018

La humillación es la mayor lacra
José M. Murià
 
Al oír que Andrés Manuel López Obrador nos va a llevar a una venezolanización, pienso que, a cambio, no preocupa que Felipe Calderón nos haya sumergido en una criminal colombianización… Pero la situación actual de Venezuela y hasta la peculiaridad de sus recientes dos gobernantes son más bien el resultado de su historia inmediata anterior, manejada por gente de un talante similar a nuestro C. Ricardo Anaya. Quiero decir que Nicolás Maduro es más la consecuencia que la causa.
Del mismo modo que nuestra actual carencia de seguridad, como la que los colombianos padecieron en el pasado, es el resultado directo de los desaseos de nuestra docena trágica y de sus secuelas.
No perdamos de vista que las cosas suceden porque pueden suceder, lo imposible nunca ocurre. Ello parece que se olvida con mucha frecuencia.
Si ahora presentimos el peligro de que un señor nos arrastre al abismo, pensemos que ello se debe a que estamos en el mero borde, por obra y gracia de lo que hemos venido haciendo mal hasta ahora.
No cabe duda de que el gobierno de Enrique Peña Nieto tiene una cauda de aciertos que no se le contabilizan, pero también la gran falla de no haberse sacudido lo mucho que sobrevive del gobierno de 2000 a 2012 e, incluso, de más atrás.
En suma: aunque López Obrador no sea nuestro candidato preferido, debemos reconocer que existe, y si lleva la delantera es por algo. Precisamente ese algo es lo que deberíamos tener presente y asimilar, en vez de andar con diatribas estériles y tratando de asustar al electorado con el petate del muerto.
Como dice L. M. Oliveira, lúcido filósofo de la Universidad Nacional Autónoma de México, la humillación, con todas sus muchas variantes, constituye el daño mayor que puede sufrir el ser humano, y es el nuestro un país humillado sistemáticamente y de mil maneras. Creo que deberíamos revisar su texto Árboles de largo invierno (Almadía, 2016) y no perder el meollo de lo que está sucediendo en una sociedad tan individualista y desequilibrada, que constriñe a los libros de historia patria aquello de que el respeto al derecho ajeno es la paz.
Lo grave del proceso electoral en el que estamos es que parece dominado precisamente por la humillación, y quien la sepa manejar tendrá una gran ventaja, aunque tal vez no sea la mejor consejera para escoger al que administrará mejor los destinos del país. Sin embargo, es quizá el mejor antídoto contra los soberbios que tanto humillan a quienes no son como ellos.
En Jalisco, por caso, está sucediendo un fenómeno que avala lo dicho: desde hace tiempo surgió un líder que parecía arrasarlo todo. Siendo el hombre presidente municipal durante los años recientes, su enorme prestigió se empezó a cuartear precisamente por el exceso de soberbia y de humillaciones a quienes no le decían amén. Varias veces manejó el precepto de que nomás sus chicharrones truenan. Pues bien, la supuesta aplanadora está en peligro por obra de un candidato, postulado por el Partido Revolucionario Institucional, cuya dulzura, humildad y respeto al derecho ajeno está ganando cada día más electores. El hombre vive consciente de las humillaciones que ha sufrido la gente y sabe compartirlo con su explícito amor al prójimo…

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