jueves, 2 de octubre de 2014

Raúl, no se olvida
Adolfo Sánchez Rebolledo
 
Alos significados históricos y morales del 2 de octubre se incorpora hoy el homenaje terso, pleno, a la memoria de Raúl Álvarez Garín. No imagino otra manera más simbólica y actual de recordar su trayectoria como dirigente estudiantil, sus aportaciones a la transformación de México, la coherencia de un pensamiento y una actitud hacia la vida que se confirma vigente con sólo mirar a nuestro alrededor la permanencia de tanta irracionalidad y violencia, la injusticia protegida por la impunidad.
Las cualidades de Raúl han sido recordadas por quienes lo amaron y respetaron, sus familiares y amigos, y en primer lugar por esa estela de hombres y mujeres que adquirieron conciencia a partir de las movilizaciones de 1968 y sus secuelas en la vida pública mexicana. Son la parte medular de la que Raúl llamaba la generación del 68, la cual, con sus múltiples matices y señas de identidad, ayudó a cambiar al país, no obstante la represión y la ilegalidad que permanece como un rasgo definitorio de un sistema esencialmente injusto.
El moviendo estudiantil cambió al país y condujo a los jóvenes a vivir, actuar, pensar de otra manera, distinta y distante de la tradición dominante. Esa será su marca en la historia. Esa voluntad de ser otra cosa teniendo como faro la justicia y la igualdad, el respeto a la diversidad como expresión de la libertad, le daría a dicha generación la fuerza para permanecer, más allá de las coincidencias de orden ideológico que el tiempo y la vida fueron ajustando.
Raúl, el revolucionario, es consciente de que el 68 era, por así decirlo, la fuente moral de ese deseo renovador surgido de la entraña misma de la sociedad, como un reflejo espontáneo pero clarificador de que era posible y viable sepultar las lacras acumuladas sobre nuestra sociedad. Sin embargo, no oponía la supuesta o real pureza de los jóvenes a la maldad intrínseca de los adultos, pues el motor no era el choque entre generaciones, sino la urgencia de superar el abismo entre la mayoría sin futuro y el grupo oligárquico que obstaculiza el desarrollo del país. Cree en las ideas y en la organización, en el trabajo político y el esfuerzo colectivo. La juventud estudiantil sí podía deslindarse, optar éticamente por otros valores de justicia y, en ese sentido, construir una opción, un camino para disolver la fuerza del autoritarismo que impide ejercer los derechos fundamentales a la ciudadanía, a las organizaciones de masas, que por el intento de recuperar sus funciones originales, es decir, descorporativizarse, sus líderes son acusados por el delito de disolución social a capricho del presidente de la Republica.
El 2 de octubre confirma paradójicamente la crisis del Estado, pero deja al descubierto las estructuras represivas y los reflejos autoritarios del poder que el movimiento, con su pliego petitorio, buscaba cambiar. Raúl asume la necesidad de esclarecer los hechos de la matanza de Tlatelolco en octubre como un compromiso moral, desde luego. Denuncia sin concesiones y a la vez lección histórica, demostración de las formas que adopta la maquinaria represiva para acallar la protesta popular pese a los formulismos legales consagrados en leyes que no se cumplen. Quiere el castigo de los responsables estableciendo la verdad de lo ocurrido paso a paso, y para ello, como lo ha señalado con claridad Carolina Verduzco, reta al Estado con sus propias reglas, pues Raúl estudió, consultó, analizó y decidió emprender una lucha jurídica que permitiera concretar el clamor de justicia. Dicho de otro modo, invita a derrumbar el mito del estado de derecho que sustenta la versión oficial, colocando en el centro la cuestión de los derechos humanos, tal y como éstos se habían definido al término de la guerra contra el nacifascismo. Y consiguió avances extraordinarios que no suelen destacarse, como bien resume Verduzco en el artículo publicado aquí el lunes.
Las denuncias encabezadas por Raúl ayudaron a crear nuevos contextos de exigencia hasta hacer cuestionables los mecanismos represivos como fórmula para resolver los conflictos, no obstante el clamor a favor de la mano dura, que periódicamente se exige como prueba de normalidad democrática. Muchos decían que había que enterrar el pasado y no incurrir en el victimismo, pero la actualidad revive situaciones que nada tienen de fantasmagóricas. La impunidad –esto es la no aplicación de la ley a los responsables de cometer delitos– selectiva, condicionada por la corrupción y un orden de sumisiones burocráticas a los poderes reales, las violaciones a los derechos humanos en un país sometido a la violencia (con su cauda de muertes y desaparecidos), no permiten hacerse ilusiones en cuanto a una mejora sustantiva de la convivencia nacional, pues por cada avance tenemos hechos brutales que los desmienten.
Lamentablemente, los sucesos de Tlataya e Iguala confirman trágicamente que el 2 de octubre es algo más que el recuerdo de un episodio trágico que no se debe olvidar, como no olvidaremos a Raúl Álvarez Garín. Un abrazo para Manuela y Tania. Para Maria Emilia. Con cariño para Raúl, Manuela, Santiago. Mi solidaridad con Alejandro; con sus compañeros de lucha; con la generación del 68.
Incógnitas sobre los movimientos sociales
Octavio Rodríguez Araujo
 
Si algo he aprendido de los movimientos sociales en que he participado o que he tratado de analizar a lo largo de muchos años es que, en buena medida, son provocados desde el poder o facciones de éste, o bien como reac­ción al ejercicio del poder en su contra. En menos ocasiones han obedecido u obedecen a grupos ajenos a los principales protagonistas de dichos movimientos y, en los tiempos actuales, incluso a organizaciones criminales que quieren dominar una región o un municipio, o que le disputan la plaza a otro del cual se escindieron.
Lo anterior, que suena a una suscripción de las teorías conspirativas (que ciertamente no suscribo), no quiere decir que los movimientos sociales no sean auténticos ni que sus razones sean ilegítimas. Lo que quiero decir –y espero conseguirlo– es que en general los auténticos movimientos sociales suben de grado, en demandas y en tiempo de acción, por desinterés o impericia de quienes tuvieron o tienen en sus manos la posibilidad de negociación para atender, y en su caso resolver, las demandas de un movimiento. Y en otros casos porque gente interesada ve en algunas manifestaciones sociales –desde protestas hasta celebraciones o conmemoraciones– la oportunidad para provocar un movimiento que no estaba planeado por quienes organizaron tal o cual inconformidad social.
Piénsese, por ejemplo, en el movimiento estudiantil popular que hoy conmemora su 46 aniversario. ¿Por qué razón los granaderos de la policía del DF balearon la vocacional del Poli después de su pleito con la preparatoria privada Isaac Ochoterena? ¿Por qué los estudiantes de la oficialista FNET (Federación Nacional de Estudiantes Técnicos), y más concretamente los porros conocidos como Los Chóforos, desviaron la manifestación de los estudiantes del Poli (que protestaban por la invasión policiaca a las vocacionales tres días antes) hacia el Zócalo para hacerlos caer en una ratonera en la calle Madero, donde fueron reprimidos por granaderos? ¿Por qué esa misma noche otros contingentes de granaderos agredieron a los estudiantes de dos preparatorias de la UNAM en el centro de la ciudad y, al mismo tiempo, policías de la Dirección Federal de Seguridad irrumpieron en las oficinas del Comité Central del Partido Comunista Mexicano y destruyeron la imprenta de su periódico, La Voz de México? Los estudiantes de la UNAM y algunos del Politécnico, entonces convocados por la CNED (Central Nacional de Estudiantes Democráticos), estaban realizando una marcha autorizada con motivo del aniversario del asalto al Cuartel Moncada. Esta manifestación fue igualmente desviada al Zócalo y sus integrantes cayeron también en la trampa policiaca. Y así siguió la escalada de violencia hasta la matanza del 2 de octubre. ¿Sólo por el anticomunismo del gobierno, que quería dar un castigo ejemplar a las izquierdas de México y a los jóvenes revoltosos de esos años? ¡Vaya mentalidades tan retorcidas!
¿Y el 10 de junio de 1971? ¿Los halcones descendieron del cielo para agredir y matar estudiantes pacíficos y, obviamente, desarmados? ¿Fue una táctica de Echeverría para terminar la obra de Díaz Ordaz al intentar descabezar a los jóvenes revoltosos, llamados palomas por la policía y los halcones? ¿Quiénes entrenaron a los halcones y dónde? Ahora todo mundo lo sabe y los culpables nunca fueron detenidos y juzgados. Echeverría tampoco cumplió su palabra de que iba a investigar los hechos. Fue, al parecer, una manifestación de apoyo extemporáneo a los estudiantes y profesores democráticos de la Universidad de Nuevo León, cuyas demandas principales ya habían sido resueltas. Pero también fue un intento de mantener en alto al movimiento estudiantil que había sido brutalmente reprimido casi tres años antes.
De esas represiones, injustificadas racional y legalmente, surgirían otros movimientos, pero esa vez armados: guerrillas, sobre todo de jóvenes que habían comprobado que las instituciones y la carabina de Ambrosio eran lo mismo. ¿Ellos quisieron ser guerrilleros y arriesgar la vida enfrentando al Estado mexicano y su monopolio de la violencia legítima? ¿O simplemente este Estado y los partidos políticos, incluso de oposición, no les dieron opciones? Cierto es que a veces los jóvenes son voluntaristas y se crean sus propias estrategias de acción, pero cuando el sistema los quiere frenar como papá injusto y regañón, es lógica su rebelión (cuando no se trata de provocadores pretendidamente anarquistas, como los infiltrados el 2 de octubre del año pasado).
Podría continuar con muchos más ejemplos, algunos francamente cuestionables, como el de 1966 contra el rector Chávez de la UNAM, quien no merecía, a pesar de haber querido suprimir el pase automático de preparatoria a licenciatura (que así debería ser), las vejaciones que sufrió de un reducido grupo de estudiantes (algunos de ellos priístas). En aquella ocasión había anticomunistas en y fuera del gobierno y también en la UNAM (la Federación Estudiantil Universitaria, por ejemplo), que calificaron a Chávez de apoyar la revolución cubana y de estar cerca de izquierdistas, como lo comprobaba el hecho de que su secretario particular fuera Luis Villoro, según el ultracatólico Capistrán Garza uno de los comunistas más connotados entre el intelectualismo sovietizante de México. Para mí fue y es claro que Díaz Ordaz movió a algunos incondicionales para tumbar a Chávez; sin embargo, algunos ingenuos han llegado a decir que ese movimiento fue antecedente del de 1968. A Díaz Ordaz, como puede apreciarse, le sobraba malicia pero le faltaba inteligencia, y quitó a Chávez pero quedó en su lugar Javier Barros Sierra, que no sólo apoyó en 68 a los estudiantes, sino que enfrentó valientemente al presidente de la República.
Hay, desde luego, otros movimientos como el actual de la Normal Rural de Ayotzinapa. Ahí es más que evidente que fueron las autoridades locales (con quién sabe qué complicidades) las que han creado las condiciones, sanguinarias, salvajes y estremecedoras, para generar un movimiento que, por lógica y por los antecedentes en esa escuela, tendrá que darse.
El del Instituto Politécnico, confieso que no lo entiendo todavía. Desde fuera, los movimientos requieren más tiempo y más información para ser analizados.
Álvarez Garín, el IPN y el 68
Hermann Bellinghausen
 
Raúl Álvarez Garín (1941-2014), uno de los egresados más admirables en la historia del noble de por sí Instituto Politécnico Nacional, fue uno de los precursores del movimiento estudiantil de 1968. Y, claro, dirigente clave del 68 mismo. En un recuento de su experiencia rebelde, de vocación pacífica pero revolucionaria, retrataba así a su alma mater, de donde hoy salen a la calle otra vez sus jóvenes para defender las esencias de la institución:
Jóvenes que han tomado decisiones toda su vida eran y siguen siendo la regla en Chapingo, el Politécnico, las normales y muchas universidades de provincia. Como siempre, en aquella época (los años 60) existían diferencias entre la vida universitaria y la del Politécnico, precisamente por esa necesidad de resolver problemas de la vida diaria de manera independiente; para ellos, los problemas de solidaridad humana estaban desarrollados incluso compulsivamente. Por ejemplo, en alguna ocasión llegó una comisión y le quitó los relojes a todo el mundo, para después repartir las boletas de empeño, pues resultaba que había que operar a un compañero y, como estaba solo, una comisión se hacía cargo.
Testimonios así iluminan el sentido de la vida de Raúl, fallecido hace unos días. En la pena de perderlo, podemos ver una feliz coincidencia y una suerte de homenaje (involuntario si se quiere) en la constatación de que los chavos del Poli todavía se mueven, con la madurez que siempre los ha caracterizado. También los de las normales rurales, tan apreciadas por Álvarez Garín; los de Ayotzinapa hoy, los de Ayotzinapa siempre. Precursor de todos ellos, con claridad de objetivos, una generosidad extraordinaria y una honestidad comprometida e inquebrantable, su honda experiencia inicia hacia 1958, siendo muy joven. Bueno, había tenido el privilegio de una cuna rebelde, la que meció Manuela, su madre, exilada del naufragio español y primera maestra del futuro luchador. Así le había nacido a Raúl la conciencia.
Él no quiso verse como eterno dirigente del 68 y no lo fue, aunque muchos crean que sí y lo encasillen sin remedio. Él lo entendió, y decidió usarlo, sin ningún oportunismo, como arma política y de agitación en distintas épocas de su vida. La última sería cuando participó en el asedio jurídico al ex presidente Luis Echeverría, que llevó a la condena popular y el encierro domiciliario para el artífice mayor de la masacre de Tlatelolco.
Físico matemático, politécnico y universitario, maestro y trabajador, fallido comunista (por más que trató de joven, el partido nunca aceptó sus empujes de libertad), organizador y agitador, preso político, exilado en Sudamérica, retornado y apestado un tiempo (pero en mi experiencia el exilio es peor que la cárcel, dijo alguna vez), empleado de la Comisión Federal de Electricidad, fundador del Frente Democrático Nacional en apoyo a Cuauhtémoc Cárdenas en 1987-1988 y de los sucesivos partidos de estirpe cardenista (aunque ajeno al actual perredismo cómplice del poder), alguna vez diputado opositor, y toda su vida analista insobornable del devenir nacional. En 1987, cuando se avecinaba el vigésimo aniversario del 68, Hugo Hiriart concibió el proyecto Pensar el 68, que devino un número monográfico del Nexos de entonces, y un libro con ese título (Cal y Arena, 1988). La columna vertebral de aquella reconstrucción memoriosa (en estado virgen todavía, quién hubiera dicho) fueron los testimonios, reveladores y admirables, de Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla y los ex dirigentes politécnicos. En ese momento aún no sucedía la desgracia nacional llamada Carlos Salinas de Gortari. Estaba a punto de suceder.
Con el robo priísta en las elecciones de 1988, la generación del 68 toma el poder, y en mala hora. Salinas mismo pertenece a ella. Numerosos ex dirigentes y militantes del movimiento estudiantil que fue parteaguas y toda la cosa se suman al nuevo régimen priísta, endosando al neoliberalismo rampante sus ideales e idearios de nacionalismo revolucionario, maoísmo rural, comunismo moderno o trotskismo. Otros más se entregan a un cinismo trágico y cómico que los condena a la irrelevancia. Todos juntos inauguran la anulación del país que hoy es ya motivo de alarma. Raúl la vio venir. Obstinado y fuerte como lo fuera en la cárcel, o en los trascendentales debates en la revista Punto Crítico durante la década de 1970, nunca se dobló. Él, eso, nunca.
Los estudiante de 2014 tienen la fortuna de contarlo entre sus precursores. Harían bien en conocer el camino de este universitario y politécnico de excepción, quien recordaba: En 1968 tuvimos una experiencia considerable en materia de difusión Llegábamos a tirar un millón de ejemplares o más de un volante. Eran mensajes sencillos que qué le piden al tuit: solamente hay violencia cuando llega la policía. Teníamos mucho papel, y nada más en el taller del Politécnico trabajaban 70 compañeros en dos o tres turnos.

Dejar atrás los sucesos del 2 de octubre, “¡una sirvengüenzada!”: Óscar Chávez

jue, 02 oct 2014 07:55
México, DF. “Hay quienes pretenden dejar atrás los sucesos del 2 de octubre porque según ellos ya pasaron muchos años, ¡lo cual es una sirvengüenzada!, por lo menos una omisión; otros meten miedo para que la gente de hoy no se movilice”, expresó el cantante y compositor Óscar Chávez en entrevista sobre su participación en los días del despertar de los estudiantes en la década de los años 60.
“El miedo –precisó– es lo que se difunde, con el país militarizado y el futuro que pinta negro. Nunca como ahora pinta negro.”
En la objetividad histórica no existe el hubiera. Sólo lo que es y ha sido, lo que está respaldado en documentos, en la historiografia. Pero Chávez y algunos compañeros iban esa tarde del 2 de octubre a la Plaza de las Tres Culturas. No les permitieron el paso, retenes atrás. La libraron. Eso es suerte, buena fortuna. Más tarde, tan sólo unas horas, se enteró del asesinato, de los militares y paramilitares que dispararon a gente indefensa, estudiantes o no.
 
 
Los primeros escenarios
Como escribió Gabriel García Márquez: vivir para contarla. “Yo estudié en el Politécnico... nada más hasta la vocacional. Ya no pude seguir adelante, por muchas razones de economía, y después de andar del tingo al tango me puse a trabajar en Radio Universidad, lo cual para mí fue una universidad, realmente, porque ahí aprendí muchísimo. Trabajé de locutor, actor, productor de programas... de todo lo que tiene que ver con la radio. Me tocó una generación muy importante en todos los sentidos. Estuve desde el 60 hasta que vinieron los fregadazos del 68, que entre otras cosas trajeron como consecuencia que le hayan dado en la torre a la estación. Le redujeron la frecuencia. Fue el gobierno.
“En esos días Javier Barros Sierra, el rector (de la Universidad Nacional Autónoma de México), se portó ejemplar. También a principios de los años 60 comencé a cantar, con Pepe González Márquez, en las facultades de la UNAM, ¡en todas! Me presenté en la explanada, a un lado de la Torre de Rectoría. De esto hay fotos de Héctor García. También cantaba en el Politécnico, en la Normal, etcétera. Ya había grabado tres discos antes de hacer la película Los Caifanes. Esta película nos dio un enorme impulso a los que actuamos, sobre todo a los cuatro caifanes.
“Cantar temas tradicionales fue un acierto, algo afortunado. Les llamaban de protesta y cambiaron mucho mis horizontes. Había piezas de la Reforma, de la Revolución y el canto popular, con su lírica y contenido político. Eso me dio un espectro amplio de repertorio, inacabable. En pleno movimiento del 68 hubo muchas canciones adecuadas. De eso tengo dos discos. Empecé a cantar temas tradicionales de Guerrero, que eran desconocidos todavía, más La Llorona, corridos. Eso gustaba y lo cantábamos entre los universitarios. Luego fue el encuentro con las melodías de la revolución cubana. Esto más lo que se hacía en Sudamérica. Se fortaleció la canción contestaria.”
En los días anteriores al 2 de octubre de 68, Chávez estudiaba teatro en Bellas Artes. “La postura crítica nunca hay que dejarla. Olvidarse de hechos como el del 68 es algo bastante cobarde. Es peor que la estupidez. Si algo nos puede formar como personas es no olvidar. Si olvidas no sabes quién eres. La bronca de los gobiernos mexicanos es que les importa mucho que no sepas quién eres. Mientras más ignorante y bruto seas, eres más manipulable. El gobierno sigue la táctica del agotamiento. Busca cansar... ¡se hacen pendejos!, para decirlo claramente.
En el 68 yo andaba cantando por todos lados y participé dando mi voz. Yo andaba cantando cuando nos corrieron del Zócalo con tanques. Te ibas o te ibas. Nunca esperamos que el gobierno fuera a reaccionar como lo hizo en Tlatelolco. Nos daba miedo eso de la intimidación. No pensabas en eso del miedo, no se te ocurría.
Pasaron los años y un día le llegó a Óscar una misiva, que hoy se llama Carta de Margarita, en la que esta persona le agradece haber podido salir de un shock que la alejó de este mundo. Ella estuvo en Tlatelolco con su novio, quien cayó muerto por un disparo en el pecho, que Margarita describe como una flor roja. Familiares de ella se dieron cuenta de que reaccionaba al oír a Óscar. La llevaron a un concierto y salió de ese trance. En la carta agradece al músico el beneficio de su voz.
Chávez escribió una canción que llama Una flor roja y una parte de la misma es la siguiente: Una flor roja se detuvo en mi alma; una flor roja que me impide la calma. Una flor roja fue la primera sangre; una flor roja, una flor roja de tu bendita carne fue para mí tu amor.     

miércoles, 1 de octubre de 2014

Tiempo de Blues
A propósito del 2 de octubre
Raúl de la Rosa
Primera llamada
 
Han pasado tantos años que los recuerdos frágiles parecen cuadros congelados de una película de mi primera experiencia con la represión. Tenía tan sólo 11 años de edad y obviamente desconocía su significado, pero lo que vi y viví quedó marcado en la memoria. Por diversas causas esa experiencia se iba a repetir a lo largo de toda mi vida, misma que ha transcurrido en la ciudad de México.
En esa época era costumbre ir al Centro para comprarnos ropa, ahí estaban los grandes almacenes: el Palacio de Hierro, La Francia Marítima, el Puerto de Veracruz, el Centro Mercantil y varios más. No podría haber escogido peor día mi madre para comprarme unos choclos en una zapatería que se encontraba frente a la Alameda Central, en avenida Juárez. Al llegar se respiraba un ambiente extraño y siento cuando mi madre me toma la mano con firmeza y apresura el paso. Al llegar a la avenida Juárez vimos frente a Bellas Artes y San Juan de Letrán (hoy eje Lázaro Cárdenas) granaderos y a la policía montada.
Presurosos entramos a la zapatería y el dueño, lo recuerdo bien, canoso y con tirantes le dice: Pase, pase señora. Ella dice rápido que necesitaba unos choclos para mí, y entre platicar con él y la empleada en buscar número y color en la bodega, afuera se escuchaba un rumor extraño que va creciendo en volumen. La empleada llega con el calzado y me prueba uno a ver cómo me quedaba, mientras tanto el alboroto aumentaba y con el zapato nuevo me pide caminar para ver cómo lo siento y aprovecho para ver qué pasaba.
A la izquierda, a la altura del Hemiciclo a Juárez, estaba una multitud gritando y con mantas pintadas alzaban el puño coreando frases al unísono, cuando de repente se oye una corneta que los montados a caballo obedecen, parecía una escena de película y no de algo real. Mi madre me jala del brazo y me mete en la zapatería mientras el dueño y las empleadas bajan la cortina de metal, pero que permite ver hacia afuera por los barrotes transversales. En ese momento la policía montada carga a galope y blandiendo sables atacan a los manifestantes.
Segunda llamada
La imagen se me grabó: por la derecha la carga de caballería y a mi izquierda una mujer humilde con un niño en brazos, veo aterrorizado cómo ante el golpe del sable, la señora con todo y niño cae al suelo, todo es confusión, gritos, más órdenes y los granaderos corriendo y golpeando a los manifestantes; empieza a entrar un olor desagradable e irritante y dice el señor de tirantes que son gases lacrimógenos, en ese momento el dueño nos pasa a la bodega de la zapatería y cierra la puerta, adentro estábamos las empleadas, mi madre y yo.
Yo tan sólo miraba a las mujeres llorando, temblando y rezando y al mismo tiempo estaba fascinado dentro de la bodega llena de anaqueles y cientos de cajas. No sé cuánto tiempo permanecimos en la bodega con mi madre abrazándome. Una de las empleadas moja un trapo y nos lo da para cubrirnos la cara. El dueño abre la puerta y nos dice casi gritando que saliéramos rápido. Afuera todo es confusión y gritos, las corretizas de los granaderos empujan a la multitud hacia Reforma. Corriendo para el otro lado nos fuimos a tomar el tranvía, de ésos que hace décadas desaparecieron del paisaje urbano de la ciudad, corriendo llegamos para abordarlo agotados y con los ojos irritados.
Ya sentados en el tranvía mi madre exclama: ¡Ay hijo, tu zapato! Hasta entonces me di cuenta que traía el zapato nuevo que me estaba probando y el viejo con el que llegué. Hasta aquí podría ser una crónica en cualquier ciudad de este mundo, pero no, fue aquí, en estas calles por las que hemos pisado, caminando y corriendo, cientos, miles, millones de personas en un enorme y prolongado grito inútil, pues lo que se ha logrado con esas marchas y manifestaciones ha sido poco, no hemos derrocado a ningún Presidente ni a ningún secretario de Estado, vamos, ni a un jefe de Policía o a un director o jefe de Departamento alguno, a nadie pues.
Tercera llamada
Muchos años después le pregunté a mi madre sobre ese suceso y sorprendida me contestó: ¿Te acuerdas todavía? Decidí entonces buscar lo que aconteció en esa fecha y mi sorpresa fue mayúscula. Por tanto no escribo más, tan sólo transcribo lo poco que encontré en la prensa (para la que fue casi inexistente lo que aconteció ese lunes 8 de julio de 1952.) Los hechos arri- ba narrados sucedieron en las elecciones presidenciales cuando compitieron Adolfo Ruiz Cortines, candidato del PRI; Miguel Henríquez Guzmán, por la Federación de Partidos del Pueblo (FPP); Vicente Lombardo Toledano, por el Partido Popular, y Efraín González Luna, por el PAN.
La única nota que encontré fue la de José Agustín publicada en su libro Tragicomedia mexicana, Editorial Planeta (1990), página 114:
“Como de costumbre, todo estaba preparado para que Ruiz Cortines y el PRI resultaran ganadores ‘en cualquier circunstancia’. Al final de la jornada el PRI proclamo su victoria casi absoluta. La FPP denunció que había tenido lugar un gran fraude electoral.
Al día siguiente los henriquistas llevaron a cabo un gran mitin en la Alameda Central para festejar su victoria. A éste concurrieron cívicamente la policía y el ejército que reprimieron con brutalidad a los opositores. Golpearon a todos, hubo varios muertos, decenas de heridos y se arrestó a 500 manifestantes. La prensa como era usual, no informó nada de esto.
Todo aconteció en el sexenio de Miguel Alemán, considerado como uno de los más corruptos.
Nota: El PRI ganó con el 74.31 por ciento de los votos.
Querido tocayo, donde quiera que te encuentres: ¿Una vez más aparecerán (de no sé dónde) los auto llamados anarquistas para infiltrarse en la manifestación (una más) del 2 de octubre?
In memoriam de Raúl Álvarez Garín
IPN: protestas con fundamento
Decenas de miles de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, acompañados por contingentes de otros centros públicos de educación superior, maestros y padres de familia, marcharon ayer hacia la Secretaría de Gobernación para entregar un pliego petitorio al titular de esa dependencia, Miguel Ángel Osorio Chong, quien lo leyó ante los manifestantes y ofreció una respuesta para el viernes próximo.
Por principio de cuentas es pertinente saludar tanto el civismo, la disciplina y el espíritu pacífico de la marcha como la disposición de las autoridades a dialogar con los estudiantes inconformes.
Cabe señalar, asimismo, que el malestar de los politécnicos tiene raíces más hondas y extendidas que las razones circunstanciales que hicieron estallar el actual movimiento estudiantil: la aprobación al vapor de un plan de estudios y un reglamento restrictivos que minimizan el alcance de la formación académica en el IPN.
Esas medidas, promovidas por la directora Yoloxóchitl Bustamante –cuya renuncia al cargo se extendió anoche como rumor no confirmado–, son una consecuencia concreta de la cuestionada reforma educativa que fue implantada el año pasado por la administración actual y la presente legislatura, y que generó un vasto movimiento nacional de protesta por parte de los maestros agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
En términos más generales, tanto esa reforma como las impugnadas determinaciones en el IPN son expresión de un largo empeño por disminuir la calidad, la cobertura y el nivel de la educación superior pública, sostenido por los sucesivos gobiernos del ciclo neoliberal. Independientemente de lo que el discurso oficial haya sostenido en las últimas tres décadas, el impacto de la orientación económica aún vigente en los institutos y universidades públicos en su conjunto ha sido devastador: reducción de la matrícula, achicamiento de los niveles educativos y caída en la calidad de la enseñanza, todo ello causado por la congelación o la reducción presupuestal. Los correlatos han sido, por un lado, la descontrolada proliferación de universidades privadas y la normalización de una visión comercial y mercantil de la educación y, por el otro, una aberrante estratificación clasista de la formación universitaria, hasta el punto en que ésta ha dejado de resultar accesible para los jóvenes procedentes de familias obreras y campesinas y ha perdido eficacia como mecanismo de movilidad social.
En esta lógica, los documentos normativos promovidos en el Poli por Bustamante tendrían como consecuencia precisamente, en caso de entrar en vigor, la degradación de la calidad de la formación académica en esa institución para colocarla apenas por encima de una opción técnica terminal.
Por eso, además de desactivar las razones inmediatas del descontento de los alumnos del IPN y de llevar el conflicto a los cauces de la negociación y el diálogo, es necesario revaluar la función de la educación superior pública y devolverla al sitial que no debió perder: el de motor del desarrollo nacional y social. Aunque las mentalidades dominadas por los dogmas de la rentabilidad no sean capaces de entenderlo, el fortalecimiento de la enseñanza gratuita y de calidad en todos sus niveles no sólo responde a un mandato constitucional aún vigente sino que es la mejor inversión que puede hacer el país.
Bajo la lupa
Riesgos de nueva crisis por récord de la deuda global: reporte Ginebra
Alfredo Jalife-Rahme
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Manifestación en las inmediaciones de la sede de gobierno, la madrugada de este miércoles en Hong KongFoto Ap
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l perturbador decimosexto Reporte Ginebra anual sobre la economía global¿Desapalancamiento? ¿Cuál desapalancamiento? ( Deleveraging? What Deleveraging?) (http://goo.gl/x4XMBM )–, sentencia que la perniciosa crisis financiera de 2008 no se ha resuelto después de seis años y, al contrario, ha empeorado debido a la cada vez más creciente deuda global récord de casi 59 millones de millones (trillones, en anglosajón) de dólares, al unísono de un bajo crecimiento económico, lo cual en su conjunto constituye una seria amenaza para una nueva crisis financiera en ciernes.
Sin considerar al sector financiero –que abultaría descomunalmente la impagable deuda debido a la especulación de los derivados financieros que representan 21 veces el PIB global (http://goo.gl/ErlDEL)–, la deuda total global ascendió dramáticamente de 180 por ciento de 2008 a 212 por ciento de 2013, de acuerdo con las apremiantes conclusiones de un panel de connotados economistas que incluye a tres anteriores altos funcionarios de los bancos centrales que redactaron el Reporte Ginebra.
La medición de la proporción de la deuda global con el PIB es clave para entender que el mundo se encuentra otra vez al borde de una crisis global, agudizada por las intensas tensiones geopolíticas en la furiosa contraofensiva planetaria que libra Estados Unidos (EU) contra Rusia (asunto Ucrania), China (financiamiento del NED, del Partido Demócrata, a la protesta estudiantil en Hong Kong con medio millón de dólares: http://goo.gl/bldNX7 ), Brasil (presunto asesinato del accidentado candidato sacrificado Eduardo Campos para impulsar la candidatura de Marina Silva, íntima de los intereses bancarios de la City en Londres de George Soros / Rothschild, en conjunción con los Rockefeller y Kissinger http://goo.gl/LFq10J ), Argentina (asfixia del magistrado buitre de Wall Street, Thomas Griesa, con un artificial desacato judicial http://goo.gl/COHSAK ) y el montaje hollywoodense de los yihadistas del Estado Islámico que China acusa a EU de haber creado para derrocar al régimen de Bashar Assad en Siria (http://goo.gl/dRVR2h ).
Las crisis financierista neoliberal y geopolítica del mundo pos-Crimea convergen seis años después a la quiebra de Lehman Brothers.
El Reporte Ginebra juzga que después de la quiebra de Lehman Brothers, el mundo entró en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de la década de 1930 que afectó principalmente a las economías desarrolladas y “al contrario de las creencias (¡supersic!) ampliamente sostenidas, el mundo aún no ha empezado a desampalancarse ( deleveraging)” –desendeudarse– cuando la proporción de la deuda global con el PIB sigue creciendo, rompiendo récords” cuando la capacidad de deuda en los próximos años dependerá de la futura dinámica del crecimiento de la producción, la inflación y las tasas reales de interés.
Aduce que “el equilibrio real de las tasas de interés –es decir, la tasa de interés compatible con el pleno empleo– está encaminada a permanecer en niveles históricos bajos y la capacidad de deuda se encontrará bajo presión”.
Más allá de los tecnicismos apantallabobos, que desde hace mucho suelen ser grotescamente fallidos y falaces, lo cierto es que un alza de las tasas de interés aniquilaría toda la pirámide de deuda y acribillaría al sistema financiero monetarista global que sigue predominando y perjudicando, en especial, a los mercados emergentes cuando los tres principales motores de la economía occidental se encuentran averiados: EU, la Unión Europea y Japón –tomando en consideración que el artificial crecimiento de EU se basa en dos burbujas especulativas mayúsculas: la explotación del gas shale vía el nefario fracking y su unilateral facilitación monetarista cuantitativa ( quantitative easing: vulgar impresión masiva de billetes verdes).
El Reporte Ginebra señala que en “las principales economías anglosajonas –EU y Gran Bretaña (GB)–, el desapalancamiento del sector financiero y el sector de gasto ha tenido un progreso significativo (sic) debido al creciente endeudamiento del consolidado sector gubernamental”.
Lo de siempre: los pusilánimes gobiernos anglosajones de EU y GB financian el parasitismo financierista de sus bancos privados en detrimento del bien común.
Llama la atención la muy baja deuda de Rusia y el pésimo desempeño del “México neoliberal itamita” de la dupla Peña/Videgaray y resulta interesante la gráfica (4.1) que expone la atroz deuda total en proporción al PIB de EU: casi 350 por ciento superior al 300 por ciento de la década de 1930, cuando la deuda financiera fagocita al restante (publica, hogares, empresas, GSE (Government Sponsored Enterprises: empresas patrocinadas por el gobierno), situación diferente a la década de 1930, cuando la deuda de las empresas era infinitamente superior, lo cual expone el cáncer financierista anglosajón.
Lo grave radica en que la presente capacidad de deuda de EU es mucho menor a la de 2007, cuando la hoja de balance de la Reserva Federal en proporción al PIB (Figura 4.4) se disparó en forma antigravitatoria de 2008 a 2014 en una línea exponencial que ha alcanzado 24 por ciento, en comparación al casi 16 por ciento del PIB de la década de 1930”.
Según el Banco Mundial, el PIB global de 2013 fue casi de 75 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares –en el que el “México neoliberal itamita” de la dupla Peña/Videgaray se desplomó de 11 a 15 lugar con todo y sus reformas mágicas (http://goo.gl/2texHy ).
A juicio del Reporte Ginebra, hasta 2008, el apalancamiento ( leverage: excesivo endeudamiento financierista) había sido conducido por los mercados emergentes – en particular, por China– que consideran serán las más vulnerables en la próxima (sic) crisis.
Con todo y las bendiciones de Ben Shalom Bernanke y de Henry Kissinger a la dupla Peña/Videgaray, el entreguista “México neoliberal itamita” no se escapa a su triste condición de pertenecer a los mercados emergentes, como lo ha demostrado la acelerada devaluación del peso.
La deuda total de la eurozona en proporción al PIB es dramática y opera en 390 por ciento, pero resalta que se encuentra menos endeudado el Banco Central Europeo (14 por ciento) que la Reserva Federal (casi 25 por ciento del PIB), aunque el PIB de EU ha mejorado en comparación de la zona euro.
El Reporte Ginebra es tramposo porque exime el cáncer verdadero del sistema financierista anglosajón que ha desquiciado al planeta entero y que es una forma de conquista subrepticia de los recursos primarios de los países en vías de desarrollo.
Ya en 2008, el BIP (el banco central de los bancos centrales), admitió que los derivados financieros (una bomba que ronda los 1.5 cuatrillones de dólares (mil trillones en anglosajón), representaban 802 por ciento del PIB mundial y 75 por ciento de la liquidez global (http://goo.gl/B2s99a ).
Lo notable del Reporte Ginebra es su pronóstico de la próxima crisis en los mercados emergentes, a diferencia de 2008, de los que forma parte intrínseca el disfuncional “México neoliberal itamita” de la dupla Peña/Videgaray.
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